La dictadura y la procesión de San Jerónimo

A última hora, pero no de manera sorpresiva, la procesión de San Jerónimo en la ciudad de Masaya fue autorizada por la dictadura para salir a la calle y hacer su tradicional recorrido “de iglesia a iglesia”.

Según historiadores locales, la procesión de San Jerónimo se ha realizado en Masaya todos los 30 de septiembre desde mediados del siglo 18. Es parte sustantiva de la cultura, tradición y fervor religioso de los masayas, y su recorrido va desde la iglesia de su mismo nombre (San Jerónimo), hasta la iglesia de la Asunción que es la parroquia principal en la ciudad llamada “cuna del folclore nicaragüense».

La procesión de San Jerónimo de este miércoles 30 de septiembre ha sido la primera en Masaya desde 2019, cuando la dictadura la prohibió como parte de la feroz persecución que desató contra la Iglesia católica de Nicaragua, después de masacrar las masivas manifestaciones populares de 2018 por la libertad y la democracia.

Decimos que no fue sorpresiva la autorización esta vez de la procesión de San Jerónimo en las calles de Masaya porque se esperaba debido a la coyuntura política externa del país. La dictadura pretende restarle fuerza a la Reunión Extraordinaria de Cancilleres de la OEA que tendrá lugar este viernes 2 de octubre, en la que se abordará la crisis política de Nicaragua de la que uno de sus ejes principales ha sido la persecución religiosa.

Precisamente, una de las demandas a la dictadura de Nicaragua, según el proyecto de resolución de la reunión extraordinaria de cancilleres de la OEA, titulado “La situación en Nicaragua y su consideración colectiva continua”, es el restablecimiento de la libertad religiosa plena en el país y la devolución de todas las propiedades y bienes confiscados por la dictadura a la Iglesia católica y otras instituciones eclesiales.

De manera que es obvio que la dictadura trata de aparentar que suaviza la represión contra la Iglesia católica, permitiendo en esta ocasión la procesión de San Jerónimo, no como un paso en dirección al restablecimiento de la libertad de religión, sino como una estratagema política de fingimiento para mientras se realiza la reunión de la OEA sobre Nicaragua.

Por supuesto que lo mejor para el país y tranquilidad de la comunidad democrática internacional sería que Ortega y Murillo atendieran las demandas de restablecimiento de la libertad y la democracia en Nicaragua, comenzando por la libertad de religión. Demandas que no son solo de la OEA y EE. UU., sino también de la Unión Europea y de los organismos de las Naciones Unidas que velan por el respeto a los derechos humanos.

Incluso sectores internacionales de la izquierda, a la que los Ortega y Murillo dicen pertenecer, les están demandando que rectifiquen y devuelvan la libertad al pueblo y permitan el retorno de Nicaragua al camino de la democracia. Al respecto, más de 200 políticos, académicos, intelectuales y activistas de izquierda de distintos países suscribieron y divulgaron en estos días un documento titulado “Autodeterminación y soberanía para Nicaragua”, en el cual aseguran que “la persecución de voces disidentes, el exilio de cientos de miles de ciudadanos y la consolidación de un poder familiar y autoritario son incompatibles con los principios de una izquierda democrática”. Y demandan “la liberación de todas las personas encarceladas por razones políticas, el restablecimiento de las libertades públicas y los derechos ciudadanos, así como condiciones para que los nicaragüenses puedan organizarse, expresarse y decidir su futuro”.

Eso es lo que con urgencia necesita Nicaragua. Pero los codictadores no quieren entrar en razón. Refuerzan su dictadura y provocan a la comunidad democrática internacional para que recurra incluso a medidas de fuerza, a fin de ayudar al pueblo de Nicaragua a recuperar su libertad y democracia.

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