El Senado de Estados Unidos confirmó el 30 de septiembre a la diplomática de carrera Natasha Franceschi como la nueva embajadora en Managua. La noticia se conoce en el sitio web de esta institución una semana después de la audiencia de nominación en que ella aseguró que mantendrá la “presión diplomática” sobre el régimen.
Aún está pendiente el beneplácito de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Pero Franceschi es la segunda diplomática propuesta por el gobierno estadounidense para ocupar la vacante en la Embajada de EE. UU. en Nicaragua, tras el cumplimiento de la misión de Kevin Sullivan el 19 de mayo de 2023.
“Natasha Franceschi, de California, miembro de carrera del Servicio Exterior Superior, con rango de Ministra Consejera, será Embajadora Extraordinaria y Plenipotenciaria de los Estados Unidos de América ante la República de Nicaragua”, se lee en el sitio web del Senado estadounidense en el que confirman otros nombramientos de funcionarios ejecutivos civiles.
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El jueves 24 de septiembre, la diplomática compareció ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado y prometió que “la presión diplomática” sería con el objetivo de “alcanzar una solución en Nicaragua”. Explicó que a lo largo de su carrera ha trabajado en los temas que definen su nominación: “Cómo traer a los autoritarios a la mesa de negociación, trabajar con gobiernos comprometidos con la paz y la estabilidad para alejarse de regímenes brutales y dar voz a la voluntad de las personas que sufren bajo la tiranía”.
Régimen aún no se pronuncia
No siempre el régimen ha reaccionado con diplomacia ante las críticas realizadas por embajadores confirmados por el Senado estadounidense. Antes de que Sullivan culminara su misión, habían designado a Hugo Rodríguez, pero el régimen le retiró el beneplácito el 28 de julio de 2022 por haberlos calificado como una dictadura.
Desde que Sullivan dejó Nicaragua en mayo de 2023, tras cumplir su misión diplomática, la sede del gobierno estadounidense en Managua se ha mantenido encabezada por un encargado de negocios, actualmente el diplomático Elias Baumann, quien sucedió en el cargo a Kevin O’Reilly.

De Franceschi se sabe que es una diplomática con 25 años de carrera en el Servicio Exterior de Estados Unidos y con una amplia experiencia en escenarios de conflicto y negociaciones diplomáticas sensibles. De ser admitida por la dictadura, la embajadora viajaría a Nicaragua, un país marcado por el totalitarismo de Ortega y Murillo en los últimos 19 años.
La dictadura ha sido señalada de cometer delitos de lesa humanidad y de perpetuarse en el poder a través de fraudes electorales y represión. En la actualidad mantienen a al menos 68 presos políticos, según el Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas. De estos, 31 están en condición de desaparición forzada y 15 son mujeres, incluidas dos niñas menores de edad, según el último reporte del 24 de septiembre.
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La administración Trump sigue de cerca no solo el deterioro democrático de Nicaragua, sino las alianzas internacionales de la dictadura Ortega-Murillo. Ayer por la tarde, en una audiencia, el Subcomité sobre el Hemisferio Occidental, la Delincuencia Transnacional, la Seguridad Civil, la Democracia, los Derechos Humanos y los Asuntos Mundiales de la Mujer del Senado escuchó a cuatro expertos exponer la gravedad de la situación de Nicaragua y las “serias preocupaciones” que suscita para la región, principalmente por las alianzas de la dictadura con China y Rusia.
El viernes 2 de octubre se tiene previsto que los cancilleres del hemisferio aborden el tema de la situación de Nicaragua en la Organización de los Estados Americanos (OEA). Estados Unidos y sus aliados impulsaron la reunión, luego que Ortega anunció en julio la eliminación de las elecciones. La decisión de convocar a la reunión de ministros de Relaciones Exteriores recibió el respaldo de 29 países, a excepción de México, que se abstuvo, y de Brasil, que votó en contra.