Que la inteligencia artificial (IA) llegó para quedarse ha venido a ser una frase común en los comentarios sobre esta tecnología súper avanzada que ya está presente en todas las actividades humanas principales.
Incluso el papa León XIV, en la primera encíclica de su pontificado presentada en mayo del presente año, Magnifica Humanitas, ha debido referirse a la IA y no de manera tangencial y superficial. Lo hizo a fondo, elogió los beneficios y las oportunidades que ofrece la IA para el desarrollo humano. Pero al mismo tiempo, y en su condición de uno de los grandes referentes morales de la humanidad, advirtió también sobre los peligros que representa la IA, tal como se está manejando. Y pidió «desarmarla» para evitar que alimente y agudice conflictos o domine a la humanidad.
En este orden, León XIV alertó sobre la peligrosa y alarmante concentración del poder de la tecnología moderna en pocas manos privadas, así como acerca de la vulnerabilidad laboral e infantil, y el peligro de un armamento poderoso autónomo, dirigido por los fríos e insensibles algoritmos.
Sin embargo, el papa reconoció que no es suficiente invocar la moral para hacer ver los peligros que entraña un uso irresponsable de la IA. Se requieren, dijo, marcos legales robustos y respetados, vigilancia independiente del desarrollo y utilización de la IA, y responsabilidad activa y verificable de las autoridades gubernamentales y de las personas.
Aunque el papa no los menciona expresamente en su encíclica, el periodismo profesional y los periodistas independientes tienen una gran responsabilidad en la vigilancia y verificación del uso de la IA. Pues, como garante que es del derecho a la información e intermediario crítico entre la realidad y los ciudadanos, el periodismo ocupa un lugar de primer orden en el sistema de las comunicaciones sociales.
Por otra parte, la IA ha llegado a ser en la actualidad una herramienta indispensable para el ejercicio del buen periodismo, del que las grandes empresas tecnológicas se aprovechan sin retribuirlo —o retribuyéndolo muy poco— por el uso de las informaciones de calidad que los periodistas producen.
De allí que los periódicos y los periodistas están luchando intensamente para que las poderosas empresas tecnológicas reconozcan el valor de su trabajo que es ampliamente utilizado por la IA. Pero al mismo tiempo se esfuerzan para que el uso de la IA en la elaboración de las noticias y las informaciones en general no se distorsione profesional y éticamente en perjuicio de las personas y de la sociedad.
Es por eso que LA PRENSA ha adoptado una Política de Uso de la IA, que es de obligatorio cumplimiento en el trabajo de los editores, redactores colaboradores, y en general de todo el personal de planta de este periódico.
Pero las normas establecidas por LA PRENSA para el uso de la IA tienen también una proyección externa de singular importancia, puesto que su objetivo es establecer “reglas claras y prácticas para el uso responsable de herramientas de Inteligencia Artificial (IA) generativa en LA PRENSA… Al mismo tiempo que proteger a las personas, las fuentes, las audiencias y la integridad editorial”.
En el Manual de Estilo-Código de Ética de LA PRENSA se dice que “desde su nacimiento en 1926 se ha regido por un principio indeclinable, estar al servicio de la verdad y la justicia. Hoy, muchos aspectos del Diario han cambiado a tenor de los avances tecnológicos, las transformaciones políticas y humanas, pero el sentido de verdad y justicia que estructuró la columna vertebral de LA PRENSA se mantiene intacto, de ahí que la primera tarea de quienes trabajamos aquí ha de ser siempre: decir la verdad con independencia y ética. Solo así se podrá concebir la realidad con un enfoque pluralista y variado, lo que conduce a que nuestra credibilidad se acreciente ante el público.
El periodismo es una actividad humana que no puede ser sustituida por la IA, porque implica investigar quién se beneficia y quién resulta perjudicado con la información; significa contrastar versiones, revisar documentos, llamar y consultar a las personas señaladas, proteger fuentes y corregir errores; requiere hacer lo que no pueden hacer las máquinas ni los algoritmos de la IA.
También ahora, en los tiempos de la inteligencia artificial, LA PRENSA sigue fiel a sus valores fundacionales; aunque se tenga que producir en el exilio y en medio de una extrema polarización ideológica y política, por causa de la censura y la represión extrema de la dictadura sandinista totalitaria de Daniel Ortega y Rosario Murillo.