El Escudo de las Américas no es simplemente una coalición antidrogas; forma parte de una nueva arquitectura hemisférica de seguridad, economía estratégica y competencia geopolítica, cuya relación con Nicaragua merece especial atención.
Y es que, el Escudo de las Américas, que nació en marzo de 2026 se propagandizó más como una iniciativa de Donald Trump para crear una coalición hemisférica de seguridad contra los cárteles, el narcoterrorismo y determinadas amenazas externas. Posteriormente se ha hecho más claro que se trata de un mecanismo de cooperación económica, de seguridad y de coordinación política entre los gobiernos participantes.
Según InSight Crime el proyecto se elaboró de manera política y militar en reuniones preparatorias en Miami en las que participaron Pete Hegseth, secretario de Defensa; Stephen Miller, uno de los principales estrategas políticos de la Casa Blanca; general Francis Donovan, comandante del Comando Sur de Estados Unidos (Southcom), y ministros de Defensa de países de la región.
Adicionalmente, tuvo el componente doctrinal más profundo en Elbridge A. Colby, subsecretario de Defensa para Política, quien ha sido uno de los principales formuladores intelectuales de la estrategia de defensa de la Administración Trump.
Impedir que potencias externas tengan posiciones estratégicas en el hemisferio
En julio de 2026 Colby expuso: “Estados Unidos debe considerar el hemisferio occidental como un perímetro estratégico propio y negar a potencias adversarias —especialmente China— la posibilidad de establecer posiciones militares o estratégicas amenazantes, vinculando su visión con la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 y la Estrategia de Defensa Nacional de 2026. Es como la formulación de un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, por eso se le conoce como “Doctrina Donroe”.
La National Defense Strategy de 2026 contiene una formulación oficial todavía más contundente: habla de restaurar la dominación militar estadounidense en el hemisferio occidental, proteger el territorio y el acceso a terrenos estratégicos y negar a adversarios la posibilidad de colocar fuerzas o capacidades amenazantes.
Trump es quien convirtió esas ideas en política oficial de Estado. Desde su segundo mandato impulsó una concepción según la cual Estados Unidos debía volver a considerar el hemisferio occidental como su principal espacio estratégico.
La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 estableció como objetivo que Estados Unidos mantuviera la preeminencia en el hemisferio occidental y que impidiera que potencias externas adquirieran posiciones estratégicas allí. Por eso, el Escudo puede entenderse como la estructura operativa de una doctrina hemisférica más amplia.
El “Escudo” une migración, narcotráfico y seguridad nacional
Marco Rubio constituye el principal puente diplomático de esta estrategia. Su política hacia Cuba, Venezuela, Nicaragua y la creciente presencia de China en América Latina converge con el giro hemisférico plasmado en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025.
Christian Science Monitor señala que una de las mayores influencias de Rubio sobre la política exterior de Trump ha sido el giro hacia el hemisferio occidental, plasmado en la Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025. La declaración oficial posterior a las reuniones de Miami estableció como objetivo formar una coalición para combatir el narcoterrorismo y otras amenazas compartidas en esta región.
El general Francis Donovan, comandante de Southcom, aparece en la etapa preparatoria junto a Hegseth y Stephen Miller. La iniciativa, como hemos visto, no fue concebida únicamente desde el Despacho Oval o el Departamento de Estado. También tuvo desde el comienzo una dimensión de planificación militar regional. Southcom es el comando militar estadounidense responsable de América Latina y el Caribe. La participación de Miller refleja la integración de migración, narcotráfico y seguridad nacional en la nueva concepción hemisférica de Washington.
La Administración Trump pasó a considerar determinadas redes criminales, el tráfico de drogas y la migración irregular, no simplemente como problemas policiales o migratorios, sino como componentes de una amenaza de seguridad nacional. Esa transformación conceptual es una de las claves de la nueva política hemisférica.
El “Escudo de las Américas” instrumento operativo de la Doctrina Donroe
El Escudo de las Américas no es una iniciativa aislada contra los cárteles, sino una pieza de una estrategia mucho más amplia de reorganización de la política estadounidense hacia América Latina y el Caribe.
Al inicio la Casa Blanca estableció cuatro objetivos: desmantelar los cárteles criminales y organizaciones terroristas extranjeras que operan en el hemisferio; impedir que esas organizaciones controlen territorios y obtengan financiamiento y recursos; entrenar y movilizar fuerzas militares de los países participantes para combatir y desmantelar esas organizaciones; y contener amenazas e influencias extranjeras consideradas perjudiciales para el hemisferio occidental
Pero se produjo una evolución importante cuando del 22 de septiembre de 2026, los países participantes definieron tres grandes pilares: cooperación económica; protección de minerales críticos y cadenas de suministro; seguridad de infraestructura digital; seguridad: cooperación contra redes narco-terroristas, intercambio de inteligencia, sanciones, acciones financieras, capacitación y tecnologías de seguridad; coordinación multilateral: defensa de la soberanía nacional, coordinación de posiciones en organismos internacionales y acciones colectivas contra organizaciones criminales transnacionales.
El Escudo de las Américas puede entenderse cada vez más como el instrumento operativo del nuevo “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe, cuya génesis está en 1823 cuando Monroe y John Quincy Adams deciden separar el hemisferio de Europa. La Doctrina Monroe fue anunciada el 2 de diciembre de 1823, y su principal arquitecto intelectual fue su secretario de Estado, John Quincy Adams.
Intervenciones militares solo cuando hubiera “desorden”
Su punto de partida era el contexto de las independencias hispanoamericanas y el temor a que las potencias europeas intentaran recuperar territorios o intervenir para restaurar monarquías. Contenía tres ideas principales: No nueva colonización europea en América; no intervención europea en los Estados independientes del hemisferio. Una separación entre las esferas políticas de Europa y América. Hay una precisión histórica importante: la doctrina original no decía que América Latina perteneciera a Estados Unidos.
Más bien, el objetivo original era fundamentalmente defensivo: Europa no debe extender su poder político al hemisferio occidental. Pero con el crecimiento económico y militar estadounidense, esa idea comenzó a adquirir otro significado cuando entre 1840-1890 aparece “El Destino Manifiesto”, es decir, EE. UU. pasa de la defensa a la expansión
Ya no se trataba simplemente de impedir que Europa colonizara América, pues se desarrolló la idea de que Estados Unidos tenía una misión histórica de expansión continental. La propia Oficina del Historiador del Departamento de Estado señala que, hacia mediados del siglo XIX, la combinación de la Doctrina Monroe y “Manifest Destiny” proporcionó un precedente para la expansión estadounidense.
En 1904, Theodore Roosevelt provoca una radicalización cuando formula el llamado “Roosevelt Corollary”: Estados Unidos podía intervenir en países latinoamericanos cuando considerara que existían situaciones de “desorden” suficientemente graves. Hasta llegó a hablar de un “International police power” estadounidense en el hemisferio.
Política del “Buen Vecino” sustituye a la del “Gran Garrote”
El corolario sirvió para justificar intervenciones estadounidenses en Cuba, Nicaragua, Haití y República Dominicana, entre otros casos, así que la seguridad del hemisferio se convirtió en una razón para la intervención estadounidense.
Franklin D. Roosevelt (1933-1945) rompe con la política del gran garrote porque entendió que la política intervencionista estaba deteriorando gravemente las relaciones con América Latina. En 1934, abandonó el intervencionismo militar sistemático y promovió la “Good Neighbor Policy” (La política del buen vecino).
Durante la Guerra Fría (1947-1991), la Doctrina Monroe se transforma en anticomunismo después de la II Guerra Mundial, porque el problema principal pasa a ser la Unión Soviética. Se aplica la idea de que una potencia extracontinental hostil no debe establecer posiciones estratégicas en el hemisferio.
Con la instalación de los misiles en Cuba y su posterior desmantelamiento, queda claramente establecido que una potencia externa no debe adquirir una capacidad militar estratégica en el hemisferio que amenace a Estados Unidos. Esto está muy cerca del lenguaje utilizado hoy por la Administración Trump.
Aparece una nueva variable: China
Con Ronald Reagan, en los años 80, lo central es la seguridad y la ideología. Centroamérica se convierte en un escenario de la Guerra Fría, y Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras, pasan a ser considerados dentro del enfrentamiento global entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La lógica vuelve a ser que los acontecimientos políticos del istmo pueden constituir una amenaza estratégica para Estados Unidos.
Entre 1991 y 2001 desaparece el enemigo soviético, y la política hemisférica estadounidense se desplaza hacia: democracia; libre comercio; lucha contra el narcotráfico; cooperación económica; e instituciones multilaterales. Y aquí comienza a formarse el escenario del siglo XXI.
Entre 2001 y 2020 los temas fundamentales para EE. UU. son: terrorismo, narcotráfico y China. Después del 11 de septiembre, el concepto estadounidense de seguridad vuelve a ampliarse y el terrorismo internacional adquiere prioridad. Luego, el narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales empiezan a ser tratados cada vez más como cuestiones de seguridad nacional.
Aparece una tercera variable: China incrementó su presencia económica y estratégica en América Latina mediante comercio, infraestructura, energía, minería, tecnología y telecomunicaciones.
EE. UU. debe controlar el hemisferio
En el primer gobierno de Donald Trump 2017-2019, aparecen varios elementos que posteriormente convergerán: “America First”; control migratorio; lucha contra el narcotráfico; presión sobre Venezuela y Cuba; preocupación por China; y énfasis en la seguridad de la frontera.
La formulación oficial decía que los estadounidenses, y no potencias extranjeras ni instituciones globales, debían controlar su destino en el hemisferio. Pero la definición más completa apareció en la National Security Strategy de noviembre de 2025, en la que se establecen los siguientes objetivos:
Impedir incursiones extranjeras hostiles; imposibilitar que potencias externas controlen activos estratégicos; asegurar cadenas de suministro; Garantizar acceso a lugares estratégicos; combatir cárteles y narcoterrorismo; controlar la migración; fortalecer gobiernos cooperantes; y, mantener la preeminencia estadounidense en el hemisferio. Esto es mucho más amplio que la Doctrina Monroe original.
La genealogía completa es: 1823: Doctrina Monroe. Monroe / John Quincy Adams: No colonización europea y separación hemisférica; 1840-1890: Destino Manifiesto: Expansión territorial estadounidense; 1904: Theodore Roosevelt: Poder policial internacional e intervención hemisférica; 1934: Franklin D. Roosevelt: política del Buen Vecino; 1947-1991: Guerra Fría: Contención de potencias extracontinentales; 1962: Crisis de los Misiles: La presencia militar de una potencia rival en el hemisferio se convierte en amenaza estratégica;
Nicaragua queda fuera de organismo hemisférico de seguridad, economía estratégica y coordinación política
1980: Reagan: Seguridad hemisférica y lucha ideológica; 1991-2001: Democracia, comercio y narcotráfico; 2001-2020: Terrorismo, crimen transnacional y ascenso de China; 2017-2021: Trump I: “America First”, frontera, narcotráfico y China; 2025: Trump II, Rubio, Colby: “Trump Corollary”. Preeminencia estadounidense, exclusión de rivales, seguridad y economía estratégica; y 2026: Escudo de las Américas: Instrumento militar y multinacional de esa nueva estrategia hemisférica.
El “Donroe” es una combinación de cinco tradiciones estadounidenses anteriores, que agrega dos elementos que no existían en 1823: China y crimen transnacional/narcotráfico. La propia Estrategia de Defensa de 2026 dice que los intereses estadounidenses están amenazados desde Groenlandia hasta el Canal de Panamá y hacia el sur, y señala expresamente el crecimiento de la influencia de adversarios en esos espacios.
¿Y Nicaragua? Nuestro país mantiene relaciones estratégicas con China, Rusia e Irán, y el gobierno estadounidense ha expresado preocupación por la presencia de esas potencias en el hemisferio. Además, están los antecedentes de graves tensiones entre Washington y Managua.
La exclusión de Nicaragua adquiere relevancia no porque el Escudo la haya declarado enemiga, sino porque Managua queda fuera de una estructura hemisférica que combina seguridad, economía estratégica y coordinación política, mientras mantiene vínculos con potencias que Washington considera competidoras o adversarias.
No existe en el Escudo” una disposición para aislar o intervenir en Nicaragua
Por otro lado, Nicaragua queda literalmente entre dos miembros del Escudo: Honduras y Costa Rica, mientras el cercano El Salvador también participa. La configuración geográfica resulta llamativa, aunque por sí sola no demuestra la existencia de una política de cerco o aislamiento contra Nicaragua, ni mucho menos una disposición a intervenirla militarmente.
El Tratado Interamericano de Defensa Recíproca (TIAR), acuerdo de defensa colectiva firmado en 1947, vuelve a adquirir relevancia porque los países participantes en el Escudo anunciaron que solicitarán al Consejo Permanente de la OEA la activación del Órgano de Consulta previsto en sus artículos 6 y 13.
La iniciativa está construyendo una nueva arquitectura hemisférica de cooperación, y Nicaragua no está dentro de ella, pero no se puede afirmar que el Escudo tenga como objetivo específico al gobierno de Nicaragua, sin embargo, no se debe ignorar que este país mantiene relaciones con potencias extra hemisféricas y EE. UU. tienen una historia particularmente conflictiva con Managua.
No es descabellado conectar el Escudo de las Américas con situaciones recientes, que se están gestando o que ocurrirán en los próximos días, por ejemplo, XXXI Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores a realizarse el 2 de octubre de 2026 para considerar “la situación en Nicaragua y las acciones apropiadas”.
El proyecto de los senadores Ted Cruz y Tim Kaine
Por otro lado, el 26 de febrero, el Departamento del Tesoro de EE. UU. (OFAC), sancionó a cinco funcionarios nicaragüenses, vinculados a organismos financieros, laborales, de telecomunicaciones y de inteligencia militar.
Luego, en abril incorporó: cinco personas; siete empresas vinculadas al sector del oro; funcionarios gubernamentales; dos hijos de los copresidentes Ortega y Murillo; y personas y empresas relacionadas con la confiscación de una propiedad de capital estadounidense. La OFAC señaló además al sector aurífero como mecanismo de generación de recursos para el gobierno.
Entretanto, el senador Ted Cruz, junto con el senador demócrata Tim Kaine, presentó el 7 de agosto de 2026 el proyecto S.5369 Restoring Electoral Fairness and Opposition Rights through Mandates for Accountability Act of 2026, que pretende reautorizar y ampliar las sanciones derivadas de la NICA Act de 2018 y establecer otras medidas contra Nicaragua. Fue remitido al Comité de Relaciones Exteriores del Senado y todavía está en una etapa inicial.
También el Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes incluyó en su informe para las asignaciones del Departamento de Estado y programas relacionados para el año fiscal 2027 una disposición dirigida al secretario de Estado Marco Rubio, en la que le pide que, dentro de los 90 días posteriores a la promulgación de la ley, presente a los comités de apropiaciones un informe sobre los esfuerzos estadounidenses para apoyar una transición democrática en Nicaragua.
Las investigaciones y documentación que realiza la ONU
El contenido solicitado es bastante amplio, pues le indican a Rubio que el informe debe abordar: restablecimiento de libertades fundamentales; recuperación de instituciones independientes; derechos humanos; libertad religiosa; medidas para reducir la dependencia de Nicaragua respecto de China; y las condiciones necesarias para celebrar elecciones creíbles, libres y justas.
En la ONU continúa la investigación, documentación, atribución de responsabilidades y rendición de cuentas sobre Nicaragua. El Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN) presentó en septiembre de 2026 un nuevo informe con conclusiones muy severas. Documenta 161 casos relacionados con diferentes aspectos. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU publicó el 22 de septiembre un comunicado sobre aspectos específicos. El GHREN es distinto del Grupo de Expertos Internacionales (GEI). Es un mecanismo internacional posterior, con mandato renovado por el Consejo de Derechos Humanos, que examina patrones de violaciones, estructuras estatales, responsables, financiación y rendición de cuentas.
Configurado un escenario de presión internacional creciente sobre Nicaragua
También está vigente una presión comercial de parte del U.S. Trade Representative (USTR), que abrió en diciembre de 2024 una investigación bajo la Sección 301 de la Trade Act sobre Nicaragua. Examinó: derechos laborales; derechos humanos; libertades fundamentales; y Estado de derecho.
El 20 de octubre de 2025, USTR determinó que las políticas nicaragüenses eran “irrazonables” y que afectaban o restringían el comercio estadounidense. Después, el 10 de diciembre de 2025, anunció la medida concreta de aranceles escalonados para bienes nicaragüenses que no tengan origen Cafta-DR: 10 por ciento desde enero de 2027; y 15 por ciento desde enero de 2028. Además, USTR dejó abierta la posibilidad de modificar el calendario si considera insuficiente el progreso de Nicaragua.
Las medidas adoptadas por Estados Unidos, la actividad del Congreso, el proceso abierto en la OEA y los mecanismos de investigación de Naciones Unidas, configuran un escenario de presión internacional creciente sobre Nicaragua. Lo que todavía no está definido es hasta dónde llegará esto, y qué decisiones adoptarán los Estados en la reunión de cancilleres del 2 de octubre.
(Este artículo fue elaborado con información de la IA).
El autor es periodista residente en Nicaragua.