El recibimiento del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a su homólogo chino, Xi Jinping, en la Base Conjunta Andrews (Maryland) fue descrita como inusual, fastuosa e hiper ceremonial por algunas agencias de noticias. Durante los eventos posteriores en Washington D.C., el presidente Donald Trump declaró públicamente que había forjado una «verdadera gran amistad» con el líder chino, basada en el respeto mutuo.
El despliegue de máximo nivel fue ampliamente destacado tanto por medios estatales de China como por la prensa internacional, generando diversas lecturas diplomáticas y comentarios en redes sociales debido a la magnitud de los honores otorgados, a los que en este escrito añadiré los míos.
La ceremonia del recibimiento al pie del avión por parte de Trump y su esposa, más el vuelo rasante de los B2 y otros aviones de última generación, la alfombra roja, la banda de guerra tocando ambos himnos nacionales. Mas tarde la ceremonia del recibimiento en la Casa Blanca que no se falta a la verdad al calificarla de inusual.
Por si algo les faltaba a los homenajes de bienvenida al líder chino, se completó con la cena ofrecida por el presidente Donald Trump y su esposa a sus ilustres visitantes. El anfitrión sentó en la mesa de honor a los ricos más ricos del mundo, los discursos de ambos presidentes no dejaron la menor duda que las desavenencias habían quedado atrás, pues ambos se elogiaron mutuamente. La ceremonia del regalo sorpresa a Xi Jinping consistente en una hermosísima águila de bronce fue muy aplaudida, a lo que el invitado correspondió obsequiando dos pandas gigantes a un zoológico local.
Por todo ello no me cabe la menor duda que las dos potencias más poderosas de la Tierra se pusieron de acuerdo en la configuración del mundo del futuro. Ambos líderes representan las dos mayores potencias capitalistas del mundo, aunque con diferencias en la forma de controlar a sus respectivos ciudadanos, pero cada día más convencidos que el negocio y la riqueza puede ser compartida y para ello requieren de paz y estabilidad en el mundo para que ambas naciones puedan continuar prosperando.
La pregunta del millón de dólares es: ¿Cuáles fueron esos acuerdos, hasta dónde abarcaron o mejor dicho cómo afectarán al resto del mundo?
Para comenzar les diré que si fuera taiwanés estaría preocupado, en cuanto a la operación especial de Putin en Ucrania. Les puedo asegurar que muy pronto escucharemos sobre la misma. En cuanto a la República Islámica de Irán, pueden apostar que muy pronto se reabrirá definitivamente el estrecho de Ormuz. En cuanto a otros desasosiegos menores en una que otra región de la Tierra, pueden estar seguros de que también fueron abordados y resueltos, muy pronto sabremos cómo.
Desde mi óptica, después que las dos potencias se repartieron el mundo por decirlo de alguna manera, a los países del tercer mundo no nos quedará más que arreglar nuestras discrepancias intestinas y ponernos en la frecuencia de los dos colosos, si es que deseamos sobrevivir. Si quieren que se los diga en nicaragüense, ahí les va. En la cena ofrecida por el presidente Trump a Xi Jinping en la Casa Blanca, en la mesa de honor estaban sentados los que diseñaran el futuro del mundo nos guste o no y en esa foto no pintamos nada ni como actores ni como consumidores, por nuestros tamaños geográficos y minúsculas economías.
Actualmente los nicaragüenses tenemos discrepancias que, para nuestro infortunio, se están ventilando allende de nuestras fronteras. Actualmente existen dos grupos perfectamente definidos, los proponentes de las reformas constitucionales y sus facciones aliadas dentro de la Asamblea, y los que se oponen porque sienten que se quedan fuera de la película. Mi humilde consejo, si es que sirve para algo, es que se pongan de acuerdo que intentemos convivir en armonía para estar en concordancia con los nuevos aires que pronto comenzarán a soplar por estos lares.
Finalizo haciendo un llamado a la reflexión. No permitamos que las medicinas vengan de fuera, pues estas suelen ser amargas y no solucionan nada a largo plazo. Por una vez en la vida convirtámonos en forjadores de nuestro propio destino.
El autor es analista político y ex miembro de la Resistencia Nicaragüense.