Las engañifas de los codictadores y la mona que se viste de seda

Aunque los codictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo no lo reconozcan públicamente, es evidente que les preocupa bastante el repudio de la comunidad democrática internacional, en particular la condena hemisférica a su reforzamiento constitucional del régimen político totalitario de Nicaragua.

Les preocupa en particular la reunión extraordinaria de cancilleres de la OEA que se realizará el próximo 2 de octubre para evaluar la situación de Nicaragua y discutir las medidas que se podrían y deberían aprobar y aplicar en defensa del pueblo nicaragüense; pero sobre todo de los valores democráticos de las Américas y la seguridad hemisférica.

Por esa preocupación, y para tratar de bajar la presión internacional, la codictadora Rosario Murillo se ha abstenido en sus comparecencias de los últimos días de insultar a las personas opositores y de atacar al Gobierno de Estados Unidos (EE.UU.). Esto a pesar de que Natasha Franceschi, nominada por el presidente Trump para ser embajadora en Nicaragua, en la audiencia de confirmación ante el comité del Senado habló francamente contra la tiranía de este país.

Además, no fue por casualidad que el discurso del delegado de Ortega y Murillo ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el sábado 26 de septiembre, estuviera exento de las acostumbradas expresiones contra el imperialismo y de las bravuconadas revolucionarias, que son habituales en sus presentaciones internacionales.

Por otra parte, tampoco fue casual ni por arrepentimiento que la dictadura autorizó el pasado jueves 24 de septiembre que saliera a las calles de Matagalpa la masiva procesión de la Virgen de la Merced, la más importante festividad católica de esa ciudad y de todo el departamento matagalpino.

¡En Matagalpa!, donde la represión de la dictadura orteguista y murillista contra la Iglesia católica ha sido más cruda, como represalia por el liderazgo democrático y libertario del obispo Rolando Álvarez Lagos. Quien fue martirizado con la cárcel durante 17 meses, condenado a 26 años de prisión, desterrado del país y despojado de su nacionalidad junto a centenares de otras personas democráticas nicaragüenses.

Es obvio que lo que pretende la dictadura con ese supuesto gesto de apertura hacia la Iglesia católica en Matagalpa es negar, o al menos debilitar, la gruesa acusación internacional por la restricción de la libertad religiosa y la persecución contra la Iglesia católica y otras denominaciones cristianas.

Tampoco ha sido por casualidad que el mismo jueves 24 de septiembre la dictadura reuniera a los grupos políticos sometidos, los denominados “zancudos” que a cambio de una buena paga le hacen el juego para aparentar que en el país hay elecciones pluralistas. Los reunió para invitarlos a participar en las “elecciones” que habrá en 2028.

Para los codictadores esa farsa debe ser muy importante, porque precisamente el motivo principal de la alarma de la comunidad hemisférica por la situación política de Nicaragua, y de la próxima reunión extraordinaria de cancilleres de la OEA, ha sido la declaración de Daniel Ortega el 19 de julio pasado de que no habrá elecciones en las que participen partidos políticos de la oposición.

Pero los codictadores Ortega y Murillo se equivocan de plano, si creen que pueden engañar con mentiras y piruetas políticas a la comunidad democrática interamericana. O que por lo menos podrían reducir la intensidad de la preocupación internacional por la tragedia de derechos humanos y la demolición de las instituciones democráticas en Nicaragua.

Como dice el antiguo refrán: «Aunque la mona se vista de seda, mona se queda». Cuyo significado es que las aparentes mejoras externas o superficiales de algo o alguien no cambian su esencia, su naturaleza, sus vicios o sus defectos.

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