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Me dan vergüenza esos nicaragüenses que están pidiendo una intervención militar estadounidense en Nicaragua.
La historia de las intervenciones estadounidenses en Nicaragua dejó una doble herencia: alimentó una tradición de resistencia nacionalista, representada de manera emblemática por Zeledón y Sandino, pero también creó entre determinados sectores políticos una cultura de dependencia de Washington.
Esos imitadores de Juan José Estrada, en 1909, y de Adolfo Díaz, Luis Mena y Emiliano Chamorro, en 1910, siendo jefes militares, apestan a sumisión y entreguismo. No pidieron explícitamente intervenciones militares, sino el apoyo del tremendo poder e influencia de los EE. UU.
Estos que hoy suplican una intervención militar son fieles seguidores de Emiliano Chamorro y de Adolfo Díaz, quienes, siendo presidentes —aunque al primero no lo reconoció EE. UU.— pidieron marines yanquis en 1926 y 1927. Díaz lo hizo dos veces.
En el contexto de una rebelión contra el gobierno de Zelaya (1909-1910), Juan José Estrada y otros opositores buscaron apoyo y reconocimiento estadounidense. La caída de Zelaya marcó una creciente influencia de Washington en Managua.
En 1912 desembarcaron en Nicaragua marines estadounidense por petición del gobierno de Adolfo Díaz, en lo que fue el inicio de una prolongada ocupación hasta 1925, creándose una dependencia militar y política.
Emiliano quiso entregar el gobierno a EE. UU.
En 1926 Emiliano Chamorro llegó al colmo de expresar su disposición de entregar el gobierno de Nicaragua al de los Estados Unidos, y esto no aceptaron tal acto de servilismo inaudito.
Los nuevos entreguistas de hoy, desesperados, con el agua al cuello por no estar a la altura del liderazgo que necesita Nicaragua para mover a la población hacia un cambio, expresan su incapacidad al pedir la intervención militar de los EE. UU. “Como yo no puedo, háganme el volado”, gritan, exasperados.
Esos que no tienen rubor para agacharse ante el Departamento de Estado y Marco Rubio para pedir la intervención militar, son una especie de nuevos admiradores de los filibusteros.
Lo de Walker, 1856-1857, no fue una invasión oficial, pues él encabezó una expedición filibustera privada, aunque recibió apoyo de sectores estadounidenses. Él y sus aliados nicaragüenses participaron en la guerra centroamericana.
Los jefes del bando “Democrático”, que tenían como presidente provisional a Francisco Castellón Sanabria, presidente provisional de Nicaragua asentado en León. Él firmó el convenio con Byron Cole mediante el cual trajeron a Walker a Nicaragua.
EE. UU. y cuatro formas de control sobre Nicaragua
Entre 1926 y 1933 se produjo una nueva ocupación de marines de EE. UU., esta vez para combatir al Gral. Augusto C. Sandino; y de 1933 a 1979, sin una ocupación militar estadounidense directa, Washington mantuvo una estrecha relación política, militar y económica con la dictadura de la familia Somoza. Después, en la década de los años 80, intervinieron por medio de la Contra, a la que organizaron, financiaron, entrenaron, armaron, le daban información de Inteligencia y la pertrechaban constantemente.
Recordemos que en 1984 Nicaragua llevó a Estados Unidos ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por sus actividades militares y paramilitares. En su sentencia del 27 de junio de 1986, la CIJ rechazó la justificación estadounidense basada en la legítima defensa colectiva y determinó que Estados Unidos había violado obligaciones del derecho internacional consuetudinario relacionadas con la no intervención, el uso de la fuerza, la soberanía nicaragüense y el comercio marítimo pacífico.
La Asamblea General de la ONU posteriormente aprobó, el 12 de noviembre de 1987, una resolución que exigía el cumplimiento de la sentencia; la votación fue 94 a favor, 2 en contra y 48 abstenciones.
Tenemos, pues, cuatro formas de intervención e influencia de EE. UU. sobre Nicaragua con participación de gente arrastrada y sin dignidad: Filibusterismo privado: William Walker; Intervención y ocupación militar directa: Marines estadounidenses; Influencia política y militar indirecta: particularmente durante la época de Somoza; y guerra indirecta: apoyo a fuerzas armadas opositoras en la década de 1980.
Veamos en detalle ese pasado entreguista que hoy algunos quieren reeditar:
En 1909, Estados Unidos rompió con el gobierno de José Santos Zelaya, en un contexto de fuertes intereses económicos y estratégicos estadounidenses en Nicaragua. La situación desembocó en la caída y salida de Zelaya.
De 1912 a 1925: fuerte tutela de EE. UU.
En 1912, durante una nueva guerra civil, el presidente Adolfo Díaz solicitó la intervención estadounidense. Estados Unidos desembarcó Marines y fuerzas navales. Aunque la intervención se presentó oficialmente como una medida para proteger vidas y propiedades estadounidenses y restablecer el orden, la presencia militar terminó teniendo un efecto político mucho más profundo: Washington pasó a respaldar de manera directa al gobierno conservador.
Uno de los episodios más significativos fue la resistencia del general Benjamín Zeledón, cuya muerte en octubre de 1912 se convirtió posteriormente en un símbolo del nacionalismo nicaragüense.
Después de la intervención inicial, Estados Unidos no abandonó completamente Nicaragua. Mantuvo una pequeña fuerza de unos 100 marines en Managua, además de una importante influencia política y financiera. Esta presencia se prolongó hasta 1925, con la breve retirada de ese año. Durante este período la política interna nicaragüense se desarrolló bajo una fuerte tutela estadounidense.
El problema no fue solamente la presencia militar. Estados Unidos intervino también en las finanzas públicas y obtuvo importantes derechos económicos y estratégicos. El Tratado Bryan-Chamorro de 1916, por ejemplo, concedió a Estados Unidos derechos exclusivos para construir un canal interoceánico en Nicaragua y otros derechos estratégicos.
El historiador Alan McPherson señala que la intervención estadounidense no eliminó las rivalidades entre liberales y conservadores; por el contrario, la identificación de Washington con uno de los bandos contribuyó a mantener las tensiones políticas
La intervención de EE. UU. en 1926 tuvo consecuencias catastróficas
En 1925 los marines se retiraron. Poco después volvió a estallar la guerra civil. En 1926, Estados Unidos regresó militarmente a Nicaragua. El despliegue llegó a ser considerable y, en los momentos de mayor intensidad, vinieron unos 5,000 marines. Fue entonces cuando apareció el protagonista que transformaría el conflicto: Augusto C. Sandino.
Sandino rechazó el acuerdo político auspiciado por Estados Unidos y comenzó una guerra de guerrillas contra las fuerzas gubernamentales y los marines, que se concentró principalmente en Las Segovias. Entre 1927 y 1932, las fuerzas de Sandino utilizaron emboscadas, movilidad y conocimiento del terreno para enfrentarse a tropas estadounidenses muy superiores en armamento.
Los marines, por su parte, desarrollaron en nuestro país nuevas técnicas de guerra aérea, reconocimiento, abastecimiento y operaciones combinadas tierra-aire. La experiencia adquirida posteriormente sería estudiada por el propio Cuerpo de Marines.
No creo que los entreguistas de hoy se hayan detenido a analizar las consecuencias de una intervención militar de EE. UU. en Nicaragua. No los quiero insultar, solo les digo que mantienen una conducta política mediante la cual subordinan parcial o significativamente decisiones sobre la soberanía, el gobierno o los intereses nacionales, a la conveniencia de obtener apoyo, protección o reconocimiento de una potencia extranjera.
Muertos y heridos durante la guerra antintervencionista de Sandino
Al respecto, la creación de la Guardia Nacional es muy ilustrativa. Esta es la fuerza militar y policial nacional organizada con apoyo estadounidense, que posteriormente sería el soporte de los gobiernos de medio siglo de la familia Somoza, con base, en primer lugar, en el asesinato de Sandino, y luego en la construcción de una dictadura dinástica caracterizada por su autoritarismo, crímenes, represión y corrupción.
Por supuesto, no está desconectada de esos hechos la guerra anti somocista del FSLN, sobre todo entre 1977 y 1979, y la guerra civil campesina en los años 80 contra el Frente.
Es cierto que la guerra antintervencionista (1927-1933) tuvo también una profunda consecuencia nacionalista y cultural, y Sandino pasó de ser jefe de una fuerza armada regional a convertirse progresivamente en un símbolo de soberanía, resistencia, dignidad nacional, y oposición a la intervención extranjera.
Hubo literatura, corridos, poemas, propaganda, y posteriormente la historiografía, que contribuyeron a construir esa memoria por medio de José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Luis Alberto Cabrales y Manolo Cuadra, y otros, que produjeron textos como: Intervención, Poema del momento extranjero en la selva, La esposa del capitán, y Miguel Ángel Ortez.
Pero el precio fue alto: los marines tuvieron 136 muertos, la Guardia Nacional (GN) 75 y las tropas de Sandino 1,115. Además, la GN tuvo 122 heridos, y 526 los sandinistas. Son bajas militares. Las bajas civiles son muchísimas, pero no están documentadas. Y una cuantiosa destrucción material.
Guerra contra Somoza: 35,000 muertos
La revolución contra Somoza produjo una segunda gran ruptura. Las cifras varían según la fuente y la metodología, pero un informe de Naciones Unidas estimó aproximadamente 35 mil muertos y entre 80,000 y 110,000 heridos, además de 40,000 huérfanos, 150,000 refugiados y 481 millones de dólares en pérdidas materiales.
La intervención estadounidense que produjo más graves consecuencia económicas y humanas. Es la que ocurrió con la Contra. El Banco Mundial estima entre 10,000 y 43,000 presenta estimaciones bastante amplias para las víctimas. Algunas fuentes calculan pérdidas económicas de 771 millones de dólares, entre materias primas, capital y producción (498.2 millones) y pérdidas financieras 272. 9 millones).
La prolongada intervención estadounidense en Nicaragua produjo una doble herencia política: por un lado, la experiencia de ocupación, subordinación y pérdida de soberanía alimentó respuestas nacionalistas y anti intervencionistas, cuyo máximo símbolo fue Augusto C. Sandino.
Por otro, la repetida intervención de Washington en conflictos internos, el reconocimiento estadounidense de gobiernos, la supervisión de elecciones, la organización de la Guardia Nacional y la dependencia económica y militar crearon entre determinados sectores de la clase política el hábito de buscar en Estados Unidos legitimidad, protección y apoyo para alcanzar o conservar el poder.
De esta manera, la intervención contribuyó simultáneamente a fortalecer una cultura de resistencia nacionalista y una cultura política dependiente de Washington.
A esta última pertenecen los que ahora, en el año 2026, piden a gritos una intervención militar en Nicaragua.
El autor es periodista residente en Nicaragua