Carlos Buitrago

El boxeador nicaragüense Carlos Buitrago, cuando el árbito detuvo la pelea contra Ricardo «El Niño» Sandoval, el 30 de marzo de 2024 en Las Vegas, Estados Unidos. LA PRENSA/ARCHIVO

Carlos “Chocorroncito” Buitrago: la promesa del boxeo que terminó como “escalera” del boxeo rentado

Tuvo siete oportunidades de ser campeón mundial. Perdió seis veces en el ring y una antes de pelear. Desde hace seis años pelea solo por dinero y otros suben en los rankings a costa de sus derrotas.

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El 19 de septiembre, en el Memorial Hall de Kansas City, Carlos “Chocorroncito” Buitrago subirá al ring por segunda vez en 2026. Ningún boxeador nicaragüense ha tenido tantas oportunidades de alcanzar la gloria como él.

Ahora es distinto. Buitrago llega a la contienda con 34 años y un récord de 40 victorias, 24 por nocaut, 18 derrotas y un empate. Lejos de buscar una corona o la fama, el interés de la pelea está centrada en el nuevo talento en la esquina contraria del ring.

Enfrente tendrá a Kevin Soltero, un estadounidense de 21 años con apenas ocho peleas y un invicto que todavía no ha sido puesto a prueba de verdad. Cuatro de esos ocho triunfos los consiguió por nocaut.

No hace falta ser experto en boxeo para entender el guion. De un lado, un hombre que ya peleó por seis coronas mundiales y las perdió todas; del otro, un chico que necesita un nombre grande en su hoja de vida para seguir subiendo.

Buitrago pondrá el suyo, otra vez, a cambio de una bolsa.

Es la sexagésima pelea de Chocorroncito. Y es, también, la enésima vez que el boxeo nicaragüense repite una historia que ya conoce de memoria: la del boxeador que dejó de pelear por gloria para luchar por dinero y que terminó convertido en el peldaño en el que otros suben.

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Carlos Buitrago en 2012, cuando tenía oportunidades de ser campeón mundial. LA PRENSA/ARCHIVO.

Cuando era “promesa del boxeo”

Hubo un tiempo en que nadie hablaba de “Chocorroncito” como de un rival de trámite. Se hablaba de él como se habla de una promesa del boxeo rentado.

Y tuvo méritos para ello: ganó 26 de sus primeros 27 combates y el único que no ganó tampoco lo perdió, quedó sin resolverse. Allá por 2004 en la crónica deportiva nicaragüense su nombre se mencionaba, sin ironía, junto al de Román “Chocolate” González, hoy uno de los grandes campeones de la historia reciente del boxeo mundial.

Ambos habían recibido los elogios y buenos vaticinios de la leyenda del boxeo nicaragüense, Alexis Argüello.

“Incluso en algún momento Buitrago llegó a tener en el mismo nivel de competencia y proyección que Román González”, recuerda Germán García, periodista de ESPN.

“Al menos en la crónica deportiva se hablaba de los dos con la misma expectativa al inicio. Técnicamente Chocorrón era espectacular, sobre todo cuando estaba en el boxeo amateur y cuando inició”, recuerda.

Detrás de esa proyección estaba el ojo clínico de Argüello, el ídolo máximo del boxeo nicaragüense, campeón mundial en tres divisiones distintas en los años setenta y ochenta, y más tarde alcalde sandinista de Managua.

Argüello respaldaba a Chocorroncito, lo promocionaba, ponía su prestigio detrás del muchacho.

Carlos “Chocorroncito” Buitrago en su preparación antes de perder en Tailandia ante el campeón de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) de las 105 libras Knockout CP Freshmart. LA PRENSA/O. NAVARRETE.

Nunca arriesgó extra

Pero el mismo cronista traza, sin rodeos, la línea que separó a los dos pequeños boxeadores nicaragüenses: “El problema es que ‘Chocolate’ terminó demostrando en el ring lo que ya mostraba desde el amateur, y ‘Chocorrón’ fue un poco conformista también: fue agarrando nombre, muchas comodidades, y tal vez perdió esas ganas que tenía en un principio”, analiza.

Ese conformismo, dice García, tuvo una traducción muy concreta arriba del ring: la falta de riesgo de Buitrago.

“El gran problema de Chocorrón fue que nunca tomó el riesgo que se esperaba en peleas de campeonato, como contra Merlito Sabillo o CP Freshmart. Técnicamente era mejor, pero no arriesgaba”, dice.

Es la paradoja que persigue a Buitrago desde entonces: tener más recursos técnicos que casi cualquier rival, y no ser capaz de imponerlos cuando el título estaba sobre la mesa.

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El año que lo perdió todo

Para García hay una fecha exacta en la que “Chocorroncito” dejó de ser un aspirante y se convirtió en trampolín: octubre de 2020, con la derrota ante Elwin “La Pulga” Soto en Indio, California.

Fue su sexta oportunidad titular por una corona. Y la perdió, como había perdido las cinco anteriores.

“Yo creo que a partir de esa derrota con Elwin Soto ya era obvio que la carrera de ‘Chocorrón’ era prácticamente sostener el boxeo como un medio de trabajo que le dé dinero constante, pero no con opciones reales para ser campeón del mundo”, explica el experto de ESPN.

“Ahí creo que él se dio cuenta de que no tenía para ser campeón del mundo, y aprovecha su nombre y su récord, que es una de las cosas importantes que tenía él, para ganar dinero, ya sin hambre de una corona”, dice.

Carlos «Chocorroncito» Buitrago, en marzo de 2024, cuando el árbitro detuvo la pelea por recibir demasiado castigo de un rival 10 años más joven que él. LA PRENSA/ARCHIVO.

¿Boxeador “escalera”?

“Si”, dice sin rodeos Yader Valle, cronista veterano, ex corresponsal de Radio Corporación y hoy narrador para emisoras de Estados Unidos. “Chocorroncito es un peleador escalera”.

“Un boxeador adopta este rol al bajar de su mejor época, cuando sus facultades físicas merman y no tienen oportunidad de ganar la gloria”, explica Valle.

“Y Chocorroncito fue un buen prospecto que murió temprano: rápido se convirtió en un peleador del montón que comenzó a pelear solo por la necesidad de llevar un poco de dinero a casa”, destaca.

Valle lleva sus números del caso: la etapa competitiva de Buitrago se extendió por menos de una década, desde su debut precoz en junio de 2008 hasta su última gran oportunidad titular, en octubre de 2020, contra Elwin Soto.

En esos años disputó coronas mundiales en peso mínimo y minimosca.

Después de esa última derrota tratando de ganar una corona, dice Valle, «Buitrago ya mermado físicamente, comenzó a aceptar constantes peleas en el extranjero como oponente de respaldo para prospectos invictos. Su nombre pasó a ser el boleto de entrada para inflar récords ajenos, a cambio de unos dólares de subsistencia”.

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Carne de cañón

En esos seis combates de campeonato, Buitrago tuvo un empate y cinco derrotas. Nunca, ni una sola vez, escuchó las palabras “y nuevo campeón mundial”.

¿Qué pasó con el prospecto que vio Alexis Argüello?

“Nunca fue un súper boxeador. Técnicamente ha sido muy limitado, quiso depender de su pegada, pero tampoco tenía ese don, su disciplina en el gimnasio no fue la mejor y se lo comió el tiempo. Dejó de ser un gran prospecto para convertirse en la carne de cañón de los promotores”, sentencia Valle.

“Su combate contra el invicto Kevin Soltero confirma que hoy los promotores buscan su experiencia y aprovechan su necesidad económica para hacerle récord a sus prospectos en ascenso. Así funciona el boxeo, lo que vos hacés al inicio, te lo hacen al final”, cierra Valle.

Hasta Alexis Argüello, en 1995, perdió tratando de regresar al boxeo contra un joven Scott Walker. LA PRENSA/REDES SOCIALES/ESPN.

Boxeadores trampolín

German García no ve en el caso Buitrago un fenómeno aislado, sino una repetición trágica de la historia del boxeo nicaragüense.

“El problema del boxeo de Nicaragua es que todos terminan así, lamentablemente. Terminan gastando el dinero, desperdiciando todo lo que consiguieron, y al final, por buscar dinero, aprovechan el nombre o el título de excampeón para sacarle unos cuantos centavos. Es lo único que saben hacer y en lo que se prepararon toda su vida”, dice.

Dice, por ejemplo, que Ricardo Mayorga, terminó peleando contra rivales sin trascendencia internacional ya fuera de los grandes escenarios donde disputó sus campeonatos.

Rosendo Álvarez, cita García, en su retiro, terminó acorralado por problemas personales y económicos, enfrentando a Jorge “El Travieso” Arce sin ninguna posibilidad real.

José “QuiebraJícara” Alfaro y Juan Palacios, ambos excampeones, terminaron convertidos, más temprano que tarde, en vendedores de su propio pasado.

“La historia del boxeo nicaragüense, lamentablemente, está llena de muchos ejemplos así: de grandes talentos que terminan siendo puente para otros boxeadores”, señala.

Hay, incluso, un dato que humaniza y complica el retrato de Buitrago frente a otros casos: “Chocorroncito” estudió y se graduó de abogado y se pagó la carrera boxeando sin aspirar a una corona.

“Al tener una profesión busca llevarse la vida más fácil cuando pase a retiro, pero en Nicaragua no va a ganar nunca en una carrera lo que gana en una noche en el boxeo”, explica y justifica García.

“Por esas peleas en Estados Unidos se gana mínimo 10,000 o 15,000 dólares gane o pierda. Él sabe que explotando su nombre va a ganar un dinero que de otra manera no podría conseguir”, advierte.

Carlos Buitrago, presumió su dinero ganado en boxeo en 2023. LA PRENSA/REDES.

“Escalera”: el nombre técnico de un destino

Lo de Buitrago no es nuevo en el boxeo nicaragüense. Para entenderlo hay que mirar hacia atrás, a los nombres que se mencionan como referencia obligada cuando se habla de gloria y de caída en este país.

Alexis Argüello sigue siendo la vara con la que se mide todo. Campeón mundial en peso pluma, superpluma y ligero entre los años setenta y ochenta, Argüello fue mucho más que un boxeador, fue un ídolo, pero no escapó al fenómeno.

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En 1995, a los 42 años y tras más de una década de retiro, regresó a pelear contra un desconocido Scott Walker para ganarse un puñado de dólares, debido a la crisis económica que lo agobiaba.

Eso de buscar peleadores jóvenes para el regreso de grandes figuras, yace en el guion del boxeo profesional.

Ocurrió con Ricardo Mayorga en octubre de 2004, quien combatió contra el puertorriqueño Félix Trinidad, cuando este regresaba de un retiro y quería ingresar por la puerta ancha a otras oportunidades mayores.

García aclara, sin embargo, un matiz importante: en ese combate, Mayorga todavía era campeón vigente, no un peleador de tránsito como tal, aunque sí resultó, estilísticamente, el rival idóneo para el regreso de Trinidad.

Ricardo Mayorga cuando peleó y perdió contra Félix Tito Trinidad en octubre de 2004. LA PRENSA/ARCHIVO.

El más perdedor

Fue años después, ya en el ocaso de su propia carrera, cuando el propio Mayorga terminó cayendo en la misma dinámica que hoy protagoniza Chocorroncito: peleando contra nombres sin trascendencia internacional

Pero quien se lleva el primer lugar en ese papel, es el recién fallecido Jairo “Rocky” Páramo, un boxeador profesional granadino que murió en julio pasado.

Disputó 31 peleas y solo ganó una. Era fajador, temerario y pesado.

Los mejores boxeadores de Nicaragua en los años 90 lo enfrentaron en su ascenso en el boxeo rentado.

Páramo se enfrentó a pugilistas como Adonis Cruz, Julio “Yambito” Gamboa, Emilio Alvarado, Eddy Sáenz, Johnny West, el excampeón mundial Luis Pérez, Léster “Patito” Fuentes, Roberto “Chucky” Bonilla y una extensa lista de oponentes que lo usaban como prueba de resistencia.

Jairo «Rocky» Páramo, un boxeador profesional que perdió 30 peleas y ganó una, sirviendo como «escalera» para mejorar el récord de otros peleadores. LA PRENSA/O.NAVARRETE.

Nostalgia por un campeón que no fue

Edgar Rodríguez, periodista deportivo, conoció a “Chocorroncito” desde que era apenas una promesa nacional.

“Como venía de una familia de deportistas, fundamentalmente boxeadores, se pensó que cuando surgió ‘Chocorroncito’ podía llegar a tener un gran nivel de impacto”, recuerda.

El muchacho llegó a ganar en fila 26 de sus primeros 27 combates.

Rodríguez recuerda que, en 2008, en una conferencia de prensa sobre el primer título mundial de Chocolatito en Japón, Buitrago soltó sin malicia una frase: “No sé por qué le hacen tanta bulla al Chocolate; yo voy a ser mejor que él”.

Nadie se lo tomó a mal. “No nos pareció una jactancia, sino que realmente mostraba mucha confianza en lo que había hecho como peleador”, dice Rodríguez.

Pero las oportunidades llegaron y se fueron. Y con ellas, se fue también la expectativa.

Un buen muchacho

“Desde entonces lo que hemos visto es que, definitivamente, es un peleador que vive de su oficio: hace sus peleas, gane o pierda, recibe su bolsa, y ya no está enfocado en hacer historia”, resume Rodríguez.

“A mí, como persona, siempre me ha parecido un buen tipo, un muchacho muy educado, buena gente. Pero lamentablemente él llegó a su tope hace varios años y no logró tener el nivel de un campeón mundial”, dice.

“Tengo entendido que Chocorroncito ya se hizo su casita, que tiene su carro, que tiene a su familia y una carrera. De eso vive: de pelear y de cobrar su dinero, ya no tiene para más”, dice.

El 19 de septiembre, en Kansas City, Buitrago lo hará una vez más.

No habrá cinturón en juego, ni una nueva página en los libros de historia del boxeo nicaragüense. Habrá, apenas, un hombre de 34 años ganando su plata y prestando su nombre para que otro más joven pueda seguir soñando lo que él, alguna vez, también soñó.

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