FARMEAR AURA

El fenómeno de Farmear Aura recorre el mundo, como una tendencia juvenil salida de las redes sociales que inunda los espacios públicos. LA PRENSA/CORTESÍA.

Farmear aura: el fenómeno global que no termina de llegar a Nicaragua

La tendencia que inunda plazas en todo el mundo apenas se asoma en Nicaragua: en un instituto público ya se prohibió y en los medios oficialistas apenas se menciona.

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Lo que empezó como una broma de TikTok en 2024 hoy es una batalla campal de poses, gestos y piruetas que se libra en plazas de Ciudad de México, parques de Madrid y esquinas de Bogotá. Le llaman farmear aura.

En Nicaragua, sin embargo, el fenómeno apenas asoma la cabeza. Existe en las pantallas, se comenta en TikTok, pero todavía no se atreve a bajar del todo a la plaza pública. Ya veremos por qué.

El mecanismo de esta tendencia es sencillo. Dos o más jóvenes se enfrentan con gestos, miradas, movimientos o bailes copiados de memes virales.

El público decide quién gana, casi siempre con el teléfono en alto grabando cada movimiento. No existen jueces ni reglas escritas. El único premio es el aplauso y, sobre todo, la viralidad del video que esa misma noche va a circular por miles de pantallas.

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¿Pero qué significa «farmear aura»?

La antropóloga española Candela Antón de Vez, que analiza el fenómeno para su más de un millón de seguidores en Instagram, lo resume en un reel de su cuenta: «aura es equivalente a carisma y farmear es jerga de videojuegos que significa repetir algo hasta conseguir suficientes puntos de experiencia».

Para explicarlo mejor, Antón cita el trabajo de la investigadora japonesa Mizuko Ito, quien sostiene que para quienes crecieron con internet, lo digital y la calle «no son mundos diferentes, son parte del mismo universo continuo».

En otras palabras, dice Antón, el algoritmo salió de las pantallas a la acera y después volvió, reforzado, a la pantalla.

farmear aura
Ciudad de México, el 20 de agosto de 2026. La llamada «Batalla del Aura» es una nueva tendencia viral entre los jóvenes en la que dos personas se enfrentan en espacios públicos sin hablar, utilizando poses, formas de caminar o pasos de baile para demostrar quién proyecta más carisma y estilo. LA PRENSA/Yuri CORTEZ / AFP.

De likes a aplausos

El periodista y analista de medios nicaragüense Alfonso Malespin Jirón coincide en el diagnóstico, aunque marca una diferencia generacional importante. Para él, el fenómeno es sobre todo un producto derivado de las tecnologías.

«Hace una generación la chavalada se reunía para hacer cosas como el cos-play. Los convocaba su afición a la cultura japonesa del manga. Otra forma de hacerse notar se daba en las ‘tiraderas’ de hip-hop y rap. Quien mejor improvisaba se llevaba el ‘aura'».

Malespín va más atrás en el tiempo.

«Hace dos generaciones se tomaban las arcadas de juegos electrónicos o hacían maratones de Hatari en casa. Eran los años de las discos y de las competencias callejeras del break-dance. Se caracterizaban por usar ciertos tipos de ropas, cierta manera de caminar y de bailar acrobáticamente», recuerda.

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Jóvenes Otakus y aficionados de los manga y animes japoneses se reunían, hasta antes del Covid en 2020, en plazas bajo vigilancia estatal en Managua. LA PRENSA/ARCHIVO.

Aquellas veladas

El excatedrático universitario recuerda que hace tres generaciones la calle, los patios y parques eran los centros de convergencia para patinar, correr, saltar…. «Entonces las veladas culturales en los colegios y los bailes de música disco en las discos eran la gran novedad. Esa era la manera de ‘farmear aura'».

Ahora, advierte, esta tendencia tiene una diferencia notable respecto a las anteriores. Farmear aura, según él, no tiene pretensiones artísticas ni culturales como las de generaciones pasadas.

«Esto de hoy responde a una necesidad de llamar la atención, ganar aplausos y likes para luego pasar a otra cosa. Es una manera de interactuar en tiempos digitales, cuando todo se graba y se sube a las redes sociales».

Para él, el fenómeno «es una forma de expresión efímera por más aplausos y likes que coseche».

Competencias en la historia

En los años setenta y ochenta, la fiebre disco convirtió las pistas de baile de Managua en cuadriláteros de otro tipo. Ahí se armaban competencias inspiradas en John Travolta y Fiebre del sábado por la noche: ganaba quien mejor imitara el paso, el giro y el ritmo, y eso definía quién dominaba la pista esa noche.

Una generación después, ya entrados los ochenta y noventa, discotecas como El Infinito y Lobo Jack fueron escenario fijo de duelos de break-dance. Bailarines de distintos barrios se retaban en el centro de la pista, con el público formando un círculo alrededor. No había jueces formales y ganaba quien recibiera más ovación o durara más sosteniendo un pase acrobático.

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Ya en los 2000, el ritual cambió de banda sonora. Los conciertos improvisados de agrupaciones Emo se enfrentaban, casi tribalmente, contra las bandas de rock dark. Cada bando defendía su estética, flequillo y tenis de skate contra maquillaje negro y abrigos oscuros, con la misma intensidad con que hoy se defiende un aura.

En esa misma década, en los pasillos de colegio, las niñas replicaban las batallas de baile entre «las divinas» y «las populares», el duelo estético inspirado en la novela Patito Feo, coreografía completa incluida bajo el estribillo: «Nadie pasa de esta esquina aquí mandan las divinas…»

Un grupo de jóvenes bailan Break Dance en una discoteca de Managua en los años 80. LA PRENSA/ARCHIVO.

Pokemones y animes

Hace apenas una década, parques y plazas de Managua se llenaban de jóvenes en jornadas enteras de caza digital de Pokémon.

Celular en mano, igual que ahora, seguían criaturas invisibles para el resto del mundo y comparaban capturas como quien hoy compara aura.

Antes de eso, por años, Managua tuvo su propio templo de esta cultura de cosplay antes de farmear aura: el Parque Japonés.

Ahí se organizaron concursos de cosplay y batallas de otakus, manga y anime japonés que convocaban a cientos de fanáticos, compitiendo por aplausos frente a jueces y cámaras aficionadas.

En Nicaragua, sin embargo, esta vez el fenómeno de farmear aura avanza con el freno de mano puesto.

El peligro de las redes

Las batallas de farmear aura no ha llegado a las plazas ni a los espacios públicos del país.

Se ha quedado, casi por completo, dentro de TikTok e Instagram, donde creadores de contenido informan sobre la tendencia o se burlan de ella, pero las batallas presenciales no se replican en la calle como sí ocurre en el resto de la región.

Hay, al menos, dos hechos concretos que ilustran esa contención.

El Instituto Nacional Benjamín Zeledón, de Jinotega, prohibió formalmente las llamadas «batallas de farmear aura» dentro de su comunidad educativa, según un comunicado publicado en su página de Facebook.

El centro argumentó que estas actividades «no representan los valores, el respeto y la convivencia» que promueve la institución, y advirtió que el uso de su emblema en estos videos podría acarrear consecuencias, incluida la expulsión y «procesar» judicialmente a los estudiantes.

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Espacios bajo control

En Managua, en Plaza Inter, uno de los pocos espacios comerciales con una plaza abierta en su azotea, los guardas de la seguridad interna ha impedido en más de una ocasión que grupos de jóvenes se reúnan ahí a farmear aura.

En los medios oficialistas, el tema apenas ha aparecido como una nota curiosa, sin promoción ni cobertura sostenida.

Vale recordar el contexto con memoria reciente: fueron los jóvenes quienes en 2018 usaron las redes sociales como plataforma de organización para protestar contra las medidas gubernamentales, incluso desde parques públicos con wifi gratuito.

Desde entonces, esas mismas plataformas han sido señaladas por la codictadora Rosario Murillo como un espacio de «terrorismo mediático», lo que para analistas significa que el régimen sigue sin controlar las redes sociales.

Dos jóvenes mexicanos hacen gestos hacia su oponente durante un enfrentamiento en una llamada de «farmear aura» en Ciudad de México, el 20 de agosto de 2026. LA PRENSA/AFP.

Apoyo a los jóvenes

Frente a la desconfianza institucional, no faltan las voces que defienden a los muchachos de la nueva onda.

Una psicóloga nicaragüense, exfuncionaria de una ONG de trabajo juvenil que pidió mantener el anonimato por razones de seguridad, fue tajante: “prefiero jóvenes bailando en las plazas que gritando consignas en mitines”.

“Dejen a los chavalos farmear su aura tranquilos, total ustedes anduvieron con el Pokémon Go hace diez años y vestidos como vampiros hace veinte y hasta como pandilleros de Los Ángeles en los ochenta”, responde.

Esa misma defensa la comparte Samantha Jirón, estudiante nicaragüense de periodismo exiliada en España, quien ve en la tendencia algo más que una tendencia pasajera.

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«Me parece fenomenal que las y los jóvenes se estén tomando los espacios públicos para realizar una actividad tan disruptiva en estos tiempos», dice y contrasta la tendencia con el estigma que suele acompañar a su generación: la acusación de vivir encerrados en redes, de sentir “cringe” por todo.

Farmear aura, sostiene ella, “está demostrando lo contrario”.

Jirón va más allá y lo lee en clave de libertad: «estos chicos están creando su propio molde, sin miedo a la avalancha de críticas que hoy se generan en redes sociales».

Por eso, dice Jirón, le parecen «valientes» las juventudes que se atreven a farmear auras en las plazas públicas.

A diferencia de México donde estos jóvenes compiten, en Nicaragua no existen la libertad y seguridad suficiente para que los jóvenes salgan de manera espontánea a «farmear aura». LA PRENSA/Yuri CORTEZ / AFP.

¿Terminará como un «acto prohibido»?

La antropóloga española Antón de Vez plantea en sus cuentas la pregunta que probablemente resume mejor el fondo del debate, más allá de Nicaragua. ¿Son estas batallas una forma genuina de recuperar el espacio público, de volver al cuerpo y al cara-a-cara después de años de pantalla?

¿O son solo una extensión más de la economía de la atención, un contenido que nace en la calle para terminar alimentando otra vez el algoritmo del que salió?

Mientras el resto de la región discute si farmear aura es una moda genial o una tontería más, en Nicaragua la tendencia todavía no logra plantearse del todo en las calles.

El fenómeno existe, se ve, se comenta y se comparte en redes. Pero un intento de sacarlo de la pantalla y llevarlo a una plaza, un colegio o un centro comercial podría considerarse un acto prohibido, como tantas cosas comunes han sido prohibidas.

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