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La Asamblea Nacional de Nicaragua acaba de realizar un descubrimiento jurídico que deja pequeños al derecho romano, al Código napoleónico y a cuantos profesores han gastado tiza explicando la soberanía territorial. La reforma del artículo 12 establecerá que ninguna legislación extranjera tendrá efecto jurídico en suelo nicaragüense cuando pretenda imponerse sobre la voluntad del pueblo.
Respira Nicaragua. Respira el mundo.
Hasta ahora, un productor de Chontales podía levantarse convertido en infractor de una ordenanza municipal de Pekín. Una familia de Managua podía preparar nacatamales sin saber si estaba violando el reglamento sanitario de Vladivostok. Miles de conductores circulaban angustiados ante la posibilidad de que la Duma rusa hubiera cambiado durante la noche los límites de velocidad entre Masaya y Granada.
Por fortuna, apareció el artículo 12. Desde su aprobación, ningún policía chino podrá multar a un vendedor de vigorón en Catarina. Ningún inspector ruso podrá cerrar una fritanga en León. Ningún funcionario de Bruselas podrá exigir que los quesillos se sirvan con cuchillo y tenedor. La patria ha sido rescatada de peligros que jamás existieron, pero que ahora podrán ser derrotados solemnemente.
La noticia ha causado pánico en las democracias occidentales. Washington descubrió que su Constitución no declara expresamente que las leyes chinas carecen de jurisdicción en Nebraska. El Congreso estadounidense celebra sesiones de emergencia. Los habitantes de Texas exigen garantías de que Pekín no regulará el tamaño de sus barbacoas. California quiere saber si una ordenanza de Shanghái puede obligarla a construir otro carril para bicicletas.
Europa tampoco consigue dormir. Francia teme que Vladimir Putin prohíba los cruasanes demasiado curvados. Italia sospecha que la Duma podría reglamentar la cantidad de queso permitida sobre la pasta. Alemania ha desplegado juristas en sus autopistas para comprobar si Moscú modificó el límite de velocidad. España estudia proteger constitucionalmente sus bares ante una posible orden rusa que obligue a servir la tortilla sin cebolla.
Todos miran hacia Managua. Delegaciones de Harvard, Oxford y La Sorbona preparan viajes para estudiar cómo Nicaragua consiguió descubrir que una ley nacional rige principalmente dentro del territorio del Estado que la aprueba. Los visitantes serán recibidos por especialistas que les explicarán que China legisla en China, Rusia en Rusia y Nicaragua en Nicaragua. Después habrá café, fotografías oficiales y una conferencia sobre otros avances científicos, como que el agua moja y que los jueves vienen después de los miércoles.
Roma se siente humillada. Napoleón ha solicitado que retiren su nombre de los códigos. Dos mil años de pensamiento jurídico no habían producido una frase tan eficaz para proteger a un nicaragüense de una multa de estacionamiento emitida en Shanghái.
Naturalmente, el artículo 12 no fue concebido para impedir que Putin regule los nacatamales. Su destinatario verdadero son las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea contra funcionarios, familiares de gobernantes y entidades vinculadas al poder.
Aquí comienza la parte todavía más prodigiosa. Si Estados Unidos congela una cuenta situada en un banco estadounidense, Nicaragua declarará que su ley no tiene efecto jurídico en suelo nicaragüense. Estados Unidos, profundamente impresionado, responderá que la cuenta tampoco está en suelo nicaragüense.
Si la Unión Europea prohíbe la entrada de un funcionario en territorio europeo, Managua recordará que la legislación europea carece de jurisdicción en Nicaragua. Bruselas agradecerá la información y señalará que el aeropuerto de Madrid continúa estando en España.
El artículo 12 funciona así como un paraguas abierto dentro de la casa para impedir que llueva en Washington. Es un paraguas patriótico, soberano y probablemente aprobado por unanimidad, pero la tormenta sigue ocurriendo en otro lugar.
Dentro de Nicaragua, en cambio, la reforma puede resultar muy útil. Podría obligar a bancos y empresas a ignorar sanciones extranjeras. El banco deberá entonces escoger entre obedecer a Managua y perder acceso al sistema financiero internacional, o respetar la sanción y ser acusado de someterse al imperio. Una oportunidad magnífica para practicar la toma de decisiones bajo presión.
El mayor mérito de la reforma consiste en convertir una obviedad jurídica en una hazaña nacional, una defensa de sancionados en una epopeya soberana y una dificultad bancaria en una victoria contra el colonialismo.
Gracias a Nicaragua, Estados Unidos sabe ahora que China no gobierna Kentucky. Europa ha descubierto que Putin no administra sus cafeterías. El planeta entero comprende finalmente que las leyes extranjeras no cruzan fronteras montadas en escobas.
La humanidad puede descansar tranquila. El artículo 12 ha derrotado la jurisdicción imaginaria internacional y ha demostrado que, cuando no se puede eliminar una sanción, siempre queda el recurso de aprobar una reforma constitucional para anunciar que la sanción se encuentra exactamente donde siempre estuvo: en el extranjero.
El autor es escritor nicaragüense exiliado en España.