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La madre del niño Inmer Antonio Rivas López, de 3 años, fallecido el pasado 18 de junio en un accidente de tránsito en Carretera Vieja a León, reaccionó con profundo dolor luego de que los acusados Carlos José Cruz, de 21 años, y Samuel Osiel Gutiérrez Arriaza, también de 21 años, admitieran los hechos durante una audiencia realizada el 19 de agosto en el Juzgado Segundo Local Penal de Managua.
Melissa López Pastrán, madre del menor fallecido, expresó sentirse cansada por el proceso judicial que lleva desde hace meses en contra de quienes ya confesaron haber causado la muerte de su hijo y al entender que estos podrían recibir más beneficios que las víctimas.
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«Me siento muy triste y muy decepcionada de que los asesinos en Nicaragua tengan tantos beneficios. Me es imposible creer que primero hayan utilizado lo que es la mediación buscando cómo salir libres y luego de eso, como nosotros no aceptamos, entonces como quien dice ni modo, se declaran culpables», expresó.
Imploró mano dura contra los acusados
La mujer pidió a la jueza que valore las circunstancias del caso al momento de imponer la sentencia y sostuvo que la admisión de hechos no debería traducirse en una reducción significativa de la condena.

«Quiero pedir a viva voz y de corazón que sea Dios tocando el corazón de la jueza encargada de hacer justicia para mi pequeño Inmer, que lo haga lo más consciente posible. Estoy clara que nada me devolverá a mi bebé, pero que ellos tengan un escarmiento», manifestó.
La madre también recordó que, según su versión, los acusados permanecieron prófugos durante varias semanas después de los hechos y habrían intentado eliminar evidencias relacionadas con el caso.
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“El declararse culpable a última hora no quiere decir que se les tenga que rebajar la condena, tomando en cuenta que huyeron por más de un mes, vendieron la moto por medio de terceras personas intentando deshacerse de cualquier cosa que los evidenciara”, afirmó.
Hasta cuatro años y tres meses de prisión
Durante la audiencia de inicio de juicio oral y público, los acusados admitieron los hechos. La jueza María José Morales Alemán aceptó la admisión y los declaró culpables por los delitos de homicidio imprudente y omisión de auxilio, ordenando el debate sobre la pena.

Durante esa etapa, el Ministerio Público solicitó para Carlos José Cruz una condena de tres años y seis meses por homicidio imprudente y nueve meses adicionales por omisión de auxilio. Para Samuel Osiel Gutiérrez Arriaza la Fiscalía pidió nueve meses por omisión de auxilio y un año y nueve meses por encubrimiento, ya que iba de pasajero en la motocicleta.
La defensa, por su parte, solicitó las penas mínimas previstas por la ley y pidió además la suspensión de la ejecución de la condena, argumentando que ambos son reos primarios y no poseen antecedentes penales. La suspensión de la pena significa que saldrían de la cárcel y el resto de la condena tendrían que presentarse a firmar en los juzgados. Además de otras restricciones como no frecuentar bares, no poder salir del país, entre otros.
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Ante esto, López Pastrán aseguró que continuará utilizando todos los recursos legales a su alcance para que los acusados reciban la pena máxima. La lectura de sentencia fue programada para el 27 de agosto.
«Nosotros agotaremos todas las vías posibles en caso de que se dicte una sentencia con la cual no estemos conformes. Haremos uso de nuestro derecho de apelación, ya que es muy injusto. Cuatro años no son nada para una muerte violenta como fue la de mi bebé», concluyó.
Así ocurrió la tragedia
Patrán López contó a LA PRENSA que el día del accidente estaban visitando al padre del pequeño que trabaja como conductor de buses y pasa la mayor parte del tiempo en carretera, cubriendo rutas entre Peñas Blancas, en Rivas, y Corinto, en Chinandega. Al llegar, a la altura del kilómetro 11 de la Carretera Vieja a León, encontraron al padre reparando un bus.

Cerca de las 3:40 de la tarde, decidieron salir a buscar algo para comer. Querían comprarle a Inmer un quesillo con cacao, su antojo favorito cada vez que visitaba a su padre. Pero antes de continuar el camino, hicieron una breve parada en un Súper Express. Allí, el pequeño no pudo resistirse y se compró una «gomita de Messi», el dulce que siempre pedía.
Inmer caminaba de la mano de su padre, mientras su madre avanzaba unos pasos detrás. Ambos cruzaron primero la carretera en busca del quesillo, mientras Melissa permanecía en la línea amarilla, esperando que pasara una motocicleta que, segundos después, acabaría destruyendo la tranquilidad de su familia.
Según relató la madre, padre e hijo ya se encontraban a salvo, más allá de la línea blanca, a la orilla de la vía. Fue en ese instante cuando el conductor de la motocicleta impactó al niño, lanzándolo varios metros. Una patrulla de la Policía trasladó al menor hacia el Hospital Carlos Roberto Huembes, donde lamentablemente falleció.