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En la vida política de Nicaragua existen momentos en los que las organizaciones deben decidir si permanecen como espectadores de la historia o si asumen nuevamente la responsabilidad de participar en ella. El Partido Conservador se encuentra hoy ante uno de esos momentos.
Soy Marvin Martínez, presidente del Partido Conservador, electo por la Gran Convención Nacional y juramentado por la Comisión Nacional Electoral, organismo encargado de dirigir el proceso de elecciones de la Junta Directiva correspondiente al período 2022-2027. Desde esa responsabilidad institucional, considero necesario expresar con claridad cuál es nuestra posición frente al proceso que hemos emprendido para recuperar la personería jurídica de nuestra organización.
Durante los últimos años han surgido distintas interpretaciones sobre una eventual devolución de la personería jurídica del Partido Conservador. Algunas voces consideran que cualquier reconocimiento proveniente de las instituciones del Estado podría interpretarse como un favor del gobierno de turno. Nosotros pensamos que la discusión debe plantearse desde otra perspectiva: el Partido Conservador no está solicitando privilegios, concesiones políticas ni tratamientos especiales. Está ejerciendo los mecanismos legales que considera correspondientes para defender su existencia, su organización y su derecho a participar en la vida política nacional.
Por esa razón, hemos presentado ante el Consejo Supremo Electoral los recursos necesarios para solicitar la devolución de nuestra personería jurídica. Corresponde a las instituciones competentes conocer, valorar y resolver lo que en derecho corresponda. Nuestra responsabilidad consiste en presentar nuestros argumentos, aportar la documentación pertinente y respetar los procedimientos establecidos.
El Partido Conservador no nació ayer
Su propia historia institucional sitúa su fundación el 27 de octubre de 1851. En 2026, esa fecha representa 175 años de existencia histórica. Esa trayectoria atraviesa diferentes etapas de Nicaragua, períodos de paz, conflictos, transformaciones institucionales y profundas crisis políticas. Por eso, reducir al Partido Conservador a una organización irrelevante sería desconocer una parte importante de la historia política nicaragüense.
Pero tampoco pretendemos vivir únicamente de la historia. La antigüedad constituye una responsabilidad, no una licencia para permanecer inmóviles. Un partido puede tener 175 años de tradición y, al mismo tiempo, estar obligado a demostrar que tiene capacidad para responder a las necesidades del presente. Ese es precisamente el desafío que tenemos delante.
Durante mucho tiempo, la política nicaragüense ha estado marcada por la confrontación entre posiciones irreconciliables, por ciclos de participación y abstención y por la dificultad de construir instituciones políticas capaces de sobrevivir a las personas que temporalmente las dirigen. El Partido Conservador quiere contribuir a superar esa dinámica.
No creemos que retirarse permanentemente de los procesos electorales pueda convertirse en una estrategia política. La experiencia reciente demuestra que la ausencia también tiene consecuencias. En 2021, el Consejo Supremo Electoral canceló la personería jurídica del Partido Conservador después de que la organización anunciara que no había condiciones de participación en las elecciones generales de ese año. Aquella experiencia debe servirnos como aprendizaje.
Participar en una elección no significa renunciar a los principios. Participar tampoco significa aprobar automáticamente todas las circunstancias políticas existentes. Significa entender que, mientras existan mecanismos electorales, el ciudadano tiene derecho a utilizarlos para expresar su voluntad.
La política no puede convertirse en un juego infantil en el que la única forma de demostrar oposición sea decir que no se participa. La democracia necesita ciudadanos que voten, organizaciones que compitan y dirigentes dispuestos a asumir responsabilidades.
Por eso nuestro propósito es claro: si las condiciones jurídicas e institucionales lo permiten, el Partido Conservador se prepara para participar en las elecciones previstas para noviembre de 2027. Queremos hacerlo con una renovación generacional, con organización territorial, con formación política y con una dirigencia consciente de que una candidatura no es un privilegio, sino una responsabilidad.
No pretendemos prometer victorias anticipadas. En política nadie tiene garantizado el triunfo. Quien participa puede ganar y también puede perder. Pero quien nunca se arriesga a perder tampoco no tendrá jamás la oportunidad de ganar.
Y existe una derrota todavía más profunda: aquella que ocurre cuando una organización convence a sus propios ciudadanos de que votar no sirve, que participar no vale la pena y que lo mejor es quedarse en casa. Nosotros no queremos transmitir ese mensaje. Queremos decirle al ciudadano nicaragüense que su voto tiene un valor y que las organizaciones políticas deben tener el valor de someterse a ese voto.
Si el pueblo decide respaldarnos, asumiremos esa responsabilidad. Si el pueblo decide no hacerlo, respetaremos su decisión y tendremos la obligación de revisar nuestros errores, fortalecer nuestra organización y continuar trabajando. Esa es la esencia de la política democrática.
También entendemos que Nicaragua atraviesa una situación política compleja y que existen profundas diferencias entre quienes participan en la vida pública nacional. Precisamente por eso consideramos indispensable mantener un lenguaje responsable. El Partido Conservador no necesita insultar al gobierno de turno para defender sus ideas. Tampoco necesita descalificar a otras fuerzas políticas para demostrar su existencia.
Podemos discrepar y, al mismo tiempo, respetar las instituciones. Podemos defender nuestras posiciones y, al mismo tiempo, cumplir los procedimientos establecidos. Podemos aspirar a competir electoralmente y, al mismo tiempo, reconocer que corresponde a las autoridades electorales resolver conforme al marco jurídico aplicable.
La confianza pública no se exige: se construye. Se construye cumpliendo la palabra, respetando las reglas, aceptando los resultados y demostrando coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Por eso, nuestra aspiración no debe medirse únicamente por recuperar una personería jurídica. El verdadero objetivo debe ser recuperar la capacidad de servir.
El Partido Conservador necesita volver a ser una organización política con presencia territorial, con jóvenes, con mujeres, con profesionales, con productores, con trabajadores, con empresarios y con ciudadanos de todos los sectores que quieran participar dentro de una visión conservadora de Nicaragua. El relevo generacional no significa abandonar nuestra historia. Significa tomarla en nuestras manos y llevarla hacia el futuro.
Nuestro país necesita organizaciones que estén dispuestas a asumir riesgos democráticos. Necesita dirigentes que entiendan que gobernar es servir y que hacer oposición también exige responsabilidad. Necesita ciudadanos que no tengan miedo de utilizar la papeleta electoral. Y necesita partidos capaces de competir sin convertir cada diferencia política en una guerra.
El Partido Conservador está dispuesto a hacer la parte que le corresponde. Hemos presentado nuestros recursos. Esperaremos las decisiones institucionales que correspondan. Continuaremos organizándonos y preparando nuestras estructuras para participar en el proceso electoral de 2027.
No sabemos cuál será el resultado. Lo que sí sabemos es que queremos intentarlo. Porque si nunca nos arriesgamos a perder, jamás tendremos la oportunidad de ganar. Y porque peor que perder una elección es renunciar, antes de celebrarla, al derecho de intentarlo.
El Partido Conservador no pretende vivir solamente de sus 175 años de historia. Pretende demostrar que todavía tiene futuro. Y ese futuro, en última instancia, no lo decide una persona, una directiva ni una circunstancia política. Lo decide el pueblo de Nicaragua.
El autor es presidente del Partido Conservador de Nicaragua.