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¿Qué pretende China hacer de Nicaragua al asumir la construcción de dos obras de gran envergadura con profundas implicaciones para la seguridad hemisférica? Tiene repercusiones estratégicas el hecho de que, Nicaragua haya permitido a Beijing la construcción de un puerto de aguas profundas en el mar Caribe, junto al océano Atlántico, y simultáneamente un aeropuerto internacional de enormes dimensiones. Seremos como un portaviones del dragón chino.
Estos dos súper activos se sitúan, además, en el centro de América, región que conecta los océanos Atlántico y Pacífico, se encuentra entre Norte y Suramérica, y en las vecindades de la primera potencia mundial, Estados Unidos, que, bajo la presidencia de Donald Trump, está tratando de reducir la significativa y muy molesta influencia que en los últimos años ha ganado China en esta área geográfica históricamente dominada por Washington.
Es evidente que, para una potencia mundial como China, controlar estos activos en Nicaragua representará una enorme proyección logística, pues un puerto de aguas profundas recibe buques de gran calado, lo que facilitaría el comercio, el abastecimiento y, en determinadas circunstancias, el apoyo a operaciones humanitarias o militares.
Cuando esté operativo el aeropuerto internacional de Punta Huete, China ganaría movilidad aérea, ya que con una pista larga y buenas instalaciones podrá recibir aviones de carga pesada y de gran autonomía. En tiempos normales sirve para el transporte de mercancías y pasajeros; en situaciones de emergencia también puede apoyar evacuaciones, ayuda internacional o despliegues logísticos y bélicos.
China aumentará su influencia regional a tan solo unos pasos de EE. UU.
Con estos dos grandes activos en Nicaragua, los chinos aumentarán su capacidad para fortalecer relaciones económicas y diplomáticas con los países vecinos, al ofrecer inversión, comercio y conectividad. Aumentarán su influencia regional, a unos pasos de EE. UU. Además, el aeropuerto y el puerto serían dos polos de desarrollo atrayendo industrias, zonas francas, servicios logísticos y cadenas de suministro.
Ante las megaconstrucciones chinas en Nicaragua, los EE. UU. no han reaccionado belicosamente como cuando a inicios de la década de los ochenta la Unión Soviética empezó la construcción de un gran aeropuerto con una pista de 3,600 metros, en el mismo lugar, en Punta Huete, para fortalecer la defensa nacional y eventualmente para uso civil, según el gobierno sandinista de entonces.
Washington consideró que las dimensiones del proyecto excedían ampliamente las necesidades normales de Nicaragua, y que la longitud de la pista permitía operar prácticamente cualquier avión militar de la URSS, incluidos bombarderos y grandes naves de transporte. El gobierno de Reagan advirtió que Managua podría convertirse en una base aérea soviética.
Parte de la estrategia de China para consolidar su presencia en Latinoamérica
La administración Reagan afirmaba que Punta Huete estaba siendo preparada para recibir cazas MiG-21 o incluso MiG-23 de fabricación soviética, lo que modificaría el equilibrio militar regional. Además, significaba una expansión estratégica de la URSS en el hemisferio occidental.
Pese al conocido ánimo pendenciero y ofensivo del presidente Donald Trump, este no ha satanizado las obras que China realiza en Nicaragua, tampoco el secretario de Estado Marco Rubio, ni ningún funcionario de nivel del actual gobierno estadounidense.
Solo Laura Richardson, exjefa del Comando Sur de EE. UU., ha advertido que las inversiones chinas en megaproyectos en América Latina, podrían tener un doble uso, tanto comercial como militar, lo que formaría parte de la estrategia de China para consolidar su presencia en Latinoamérica.
En el contexto político regional un puerto de aguas profundas y un aeropuerto internacional de gran capacidad, tendrían un valor geopolítico que va más allá de su utilidad económica. Para China representa una oportunidad de consolidar su presencia económica y diplomática en Centroamérica.
A EE. UU. le preocupan las infraestructuras estratégicas de China en América Latina
Estados Unidos podría interpretar estas operaciones chinas en Nicaragua, como parte de una competencia estratégica más amplia con Beijín, que se desarrolla no solo en Asia, sino también en África, Europa y América Latina.
Como ha ocurrido a lo largo de la historia, las grandes potencias suelen intentar limitar la expansión de sus competidores en regiones que consideran estratégicas, como ha ocurrido entre el Reino Unido y Francia, entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría.
Estados Unidos ha expresado repetidamente su preocupación por la creciente presencia china en infraestructuras estratégicas, incluidos puertos y otros proyectos logísticos en distintas partes del mundo, entre ellas América Latina, aunque no se pronuncia directamente sobre Managua.
Sin embargo, es de prever que EE. UU. incremente su actividad diplomática; fortalezca sus relaciones con otros países de la región; ofrezca alternativas de inversión o financiamiento; exprese en público preocupaciones sobre las implicaciones estratégicas del proyecto; y utilice instrumentos económicos o políticos dentro del marco de su política exterior.
Lo que se ha hecho y lo que falta en Punta Huete y Bluefields
La competencia entre Estados Unidos y China ya no se limita al comercio o a la tecnología, también se manifiesta en infraestructura, rutas logísticas, puertos, telecomunicaciones, minerales estratégicos y relaciones diplomáticas. América Latina forma parte de ese escenario, aunque cada país conserva, al menos formalmente, la capacidad de tomar sus propias decisiones sobre con quién coopera y en qué condiciones.
Según información oficial del Gobierno de Nicaragua y de la empresa china CAMC Engineering (Camce), las actividades iniciadas en Punta Huete incluyen: Instalación del campamento de obra; Movilización de maquinaria pesada; trabajos topográficos y de ingeniería; reconstrucción y ampliación de la pista existente; preparación de la plataforma de aeronaves; construcción del nuevo acceso vial al aeropuerto; obras preliminares para la nueva torre de control; e instalación futura de sistemas modernos de iluminación y navegación aérea.
El proyecto completo contempla, además: una terminal internacional nueva; hangares para aeronaves de gran tamaño; una torre de control completamente nueva; sistemas de control de tráfico aéreo; planta eléctrica y subestación; parque solar para cubrir parte de la demanda energética; carretera de acceso de cuatro carriles de unos 13 kilómetros; y desarrollo de una área logística e industrial alrededor del aeropuerto.
Mientras, en el proyecto del puerto de aguas profundas de Bluefields ya se han iniciado las obras de acceso —incluida una carretera de 11 kilómetros y un puente sobre el río Kukra— y trabajos preliminares directamente relacionados con la terminal portuaria, como movimiento de tierras, espigón, dragado, pilotes y adquisición de maquinaria.
EE. UU. endurece retórica hacia Nicaragua, pero no menciona mega obras chinas
Buena parte de la infraestructura principal del puerto, como muelle, rompeolas, dársena, instalaciones para contenedores y carga, edificios, patios y demás instalaciones, todavía está pendiente de construcción.
Es llamativo que, en su creciente retórica contra la dictadura bicéfala de Nicaragua, Washington se ha cuidado de no mencionar los dos grandes megaproyectos que construyen los chinos, aunque podría decirse que su acusación principal, en general los incluye, porque a Managua la considera una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos.
En marzo de 2026, el Departamento de Estado de EE. UU. señaló, al referirse al Gobierno de Nicaragua, que “all options are on the table” (todas las opciones están sobre la mesa). Después de la inédita operación militar de extracción de Nicolás Maduro en Venezuela, la retórica de EE. UU. contra Managua ha elevado de tono, aunque la atención principal de la Casa Blanca pareciera estar en La Habana.
En especial, Marco Rubio ha endurecido significativamente el discurso oficial. En declaraciones recientes pidió aislar internacionalmente al gobierno de Daniel Ortega tras el anuncio de este de cancelar las elecciones, aunque de hecho ya no existían, sino comicios fraudulentos que han perpetuado a los Ortega-Murillo en el poder. Y EE. UU. ha pasado a los hechos, logrando que el reciente 19 de agosto, 29 países votaran a favor de una reunión de cancilleres de la OEA, para discutir sobre Nicaragua, y tomar medidas.
La preocupante presencia rusa en Nicaragua
Hemos entrado en una nueva versión de la competencia geopolítica de la Guerra Fría en América Latina, aunque con instrumentos diferentes. Mientras toma forma el enorme “portaviones chino” en Nicaragua, el régimen de este país no ha abandonado sus lazos estrechos con Rusia, que tiene en Managua un poderoso centro de comunicaciones para el espionaje regional de Moscú.
La presencia rusa en Nicaragua se manifiesta principalmente en cinco ámbitos: Personal militar ruso y autorizaciones para el ingreso de tropas, aeronaves y buques. Hay un mínimo de 230 oficiales de esa nacionalidad; cooperación y entrenamiento militar. Existen acuerdos al respecto; armamento ruso. Desde los años ochenta Rusia es el principal proveedor de armamento de Nicaragua. Ha suministrado equipos y tecnología militar, incluyendo capacidades de vigilancia, tanques, vehículos blindados, helicópteros, aeronaves y lanchas misilísticas.
Centro de capacitación ruso en Managua; funciona desde el año 2017 facilitando instrucción a policías. Además, en 2024 se aprobó un acuerdo para construir un nuevo centro de capacitación ruso, cuyas instalaciones pertenecerían a la Federación de Rusia, y cuyo personal ruso tendría inmunidad; e, infraestructura tecnológica y de seguridad. Nicaragua alberga una estación del sistema ruso de navegación por satélite (Glonass), instalada en 2017. El propio Comando Sur de EE. UU. la identifica como parte de la infraestructura rusa de seguridad/militar en Nicaragua. El informe también menciona instalaciones rusas de capacitación en ciberseguridad.
Así que, de nuevo, como en los años ochenta, Nicaragua está entre las patas de los caballos al entregarse a dos de las grandes potencias mundiales para convertirse en un centro de espionaje ruso, y ser a mediano plazo un gigantesco “portaviones” chino.
El autor es exiliado político nicaragüense.
Artículo elaborado con información y datos suministrados por Inteligencia Artificial.