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Esos años son los que han pasado desde que fue fusilado sin pruebas el general de división Arnaldo Ochoa Sánchez, uno de los militares cubanos más prestigiosos. Fue fusilado el 13 de julio de 1989 en La Habana, tras la llamada causa número Uno, condenado por un tribunal militar, acusado de “alta traición” y delitos relacionados con corrupción, como tráfico de narcóticos, marfil y diamantes. La ejecución fue ordenada por Fidel Castro.
El general Ochoa se había distinguido como un militar eficaz, valiente y había alcanzado gran notoriedad por su actuación en las campañas militares de Angola y Etiopía en África. En 1984 recibió el título de Héroe de la República de Cuba, y era respetado y apreciado por todo el estamento militar de élite y por oficiales de todos los rangos.
En junio de 1989 fue detenido junto con varios oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior. La acusación argumentó que había participado en operaciones de narcotráfico (cocaína) relacionado con el Cartel de Medellín, utilizando territorio, aguas, espacio aéreo cubano. Ese fue el montaje que utilizó para acusar al general Ochoa. El juicio fue televisado parcialmente y Ochoa reconoció determinadas irregularidades y pidió perdón, pero negó, según distintas interpretaciones del proceso, que hubiera actuado para traicionar a Cuba o destruir la Revolución.
Según el Código Penal cubano de la época, los delitos de corrupción y narcotráfico no estaban penados con condenas de muerte y en vista de ello, le añadieron el delito de “alta traición a la Patria” que sí estaba penado con muerte. Fue condenado en un juicio sumarísimo junto con Antonio de la Guardia Font, coronel del Ministerio del Interior, Jorge Martínez, capitán y Amado Padrón Trujillo, mayor, los cuatro fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento en la madrugada del 13 de julio de 1989.
Desde la oposición y numerosos exiliados cubanos, sí se considera que Ochoa fue ejecutado políticamente por el régimen castrista mediante un juicio sin las garantías independientes como el debido proceso y una defensa independiente pues no había abogados opositores capacitados que pudieran hacerse cargo de la defensa en que el castrismo se imponía en todos los poderes del Estado, y más especialmente en los juicios militares.
La muerte de Ochoa marcó una de las mayores purgas políticas y militares de la Cuba de Fidel Castro y sigue siendo uno de los episodios más controvertidos de la historia contemporánea de la Isla, y está claro que es así ya que todos los participantes en el juicio están muertos a excepción de Raúl Castro, que aún vive y es quien sigue mandando sin detentar ya ningún cargo institucional. Se rumora, que Fidel tuvo dudas en la ejecución de Ochoa, pero que Raúl, su hermano y ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, le empujó al fusilamiento de Ochoa.
Se sabe por el hijo del general Ochoa, que este escribió una carta a Fidel, pidiéndole ciertas reformas en el estamento militar y político del régimen, lo que al parecer despertó la furia de Fidel y lo que le llevó a montar la farsa del juicio con todos su aditamentos del caso para que los cubanos militares o civiles de la época se tragasen lo que aconteció en el juicio que duró un día, por él pasaron testigos espurios y preparados para ello por la fiscalía militar, de un tribunal especial militar, antes se había convocado un tribunal de honor de las FAR presidido por el general de división Ulises Rosales del Toro, hombre de absoluta confianza de los hermanos Castro. El iscal del caso fue el brigadier Juan Escalona.
Es conocido que en esos tiempos se había pasado por el “periodo especial”, tras la caída de la Unión Soviética mediante la Perestroika, en la que tuvo especial relevancia Mijaíl Gorbachov, que se convirtió en secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética. Y fue su espíritu renovador el que implantó no solo la perestroika que implicaba la descentralización económica en un intento de fortalecer el país, sino que también tomó medidas para implementar la libertad de prensa (glásnost). Esto ocasionó que los comunistas ortodoxos como Fidel Castro se opusieran a esos cambios que significaban la llegada de Gorbachov al poder en la Unión Soviética, quien en un viaje a Cuba le comunicó a Fidel que la ayuda soviética sería restringida considerablemente.
En esas circunstancias surgieron oficiales de las FAR, que creían que la perestroika debía también de aplicarse en Cuba, y surgieron los llamados perestroikos ubicados en el ministerio del Interior, y que estaban convencidos de que Cuba debía alinearse con esas reformas; entre éstos estaban el ministro del Interior, José Abrantes Fernández que declaró que “no hay duda que estamos en presencia de cambios”, lo que le llevó más tarde a otro juicio.
En Cuba empezaron a crecer críticas internas en el gobierno. Arnaldo Ochoa Sánchez fue el más crítico en los altos mandos del gobierno con los hermanos Fidel y Raúl Castro, que según allegadas al propio Ochoa declaró: “Estos dos llevan mandando a gente a morir desde hace 30 años. Están ocupando el poder y llevándose el dinero”. “A los viejos combatientes nos tienen a todos abandonados. Llevan tantos años mandando gente a morir”.
Antes hubo discrepancia de Ochoa con los Castro sobre el manejo de la “operación Carlota” en la guerra civil angoleña y la salida negociada de la misma. Arnaldo Sánchez, quería discutir con Fidel Castro, sobre el futuro de Cuba y proponía reformas sobre todo en la gestión económica. Según algunos se cree que el grupo de Ochoa tramaba en la sombra el derrocamiento de Fidel Castro y la instauración de un nuevo sistema político en Cuba. E indudablemente si se hubiese seguido el proceso de la perestroika en Cuba, y derrocado el régimen de los Castro, el hombre llamado a sucederlos hubiese sido el general Arnaldo Ochoa Sánchez, ejecutado vilmente por los hermanos Castro.
Pero ahora al parecer estamos en unos momentos en que ese régimen desaparecerá de la historia de Cuba, para volver a ser lo que era una nación libre e independiente de yugos como el que todavía están viviendo.
El autor es abogado y comentarista internacional nicaragüense radicado en España.