¿En Nicaragua hay tortura?

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Un magistrado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) consultó, más por confirmar, si ¿en Nicaragua hay tortura? Una pregunta anterior hablaba de la eliminación del término en lo que llaman constitución, pero este segundo punto a aclarar me quedó dando vueltas en la cabeza.

Ya me conocen y siempre me voy a la Real Academia Española (RAE) aunque me resienta con ellos por aprobar murciégalo como palabra, y esta define tortura como “grave dolor físico o psicológico infligido a una persona de forma deliberada con el fin de obtener algo de ella, especialmente una confesión o una determinada declaración”.

Aquí quisiera decir que es muy sádico que lo único que se quiera de los presos políticos es castigarlos por no pensar como los que quieren ostentar el poder hasta que la muerte los separe.

El tema es que la pregunta surgió tras explicación de las condiciones en las que se encuentran presos políticos con Medidas Provisionales otorgadas por esta Corte, golpes, falta de alimentación adecuada, sin acceso a atención médica, dormir en el suelo, en celdas pequeñas llenas de insectos, entre muchos otros, entonces ¿hay o no tortura?

El tema es que ya no está en lo que llaman constitución, pero está en las cárceles y está en la mente del nicaragüense que teme que su familiar muera sin poderlo abrazar otra vez.

De acuerdo con la RAE, también se refiere a la tortura psicológica, y quisiera aquí aclarar que muchos hijos de la tierra de lagos y volcanes viven con miedo, con la incertidumbre, y con la tristeza de no poder regresar a la tierra que los vio nacer.

Pero me quiero detener en el concepto número cuatro que brinda la RAE sobre tortura: “Delito por el que se castiga a las autoridades o funcionarios públicos que, abusando de su cargo, practican la tortura (dolor físico o psicológico)”, lo que nos deja con la duda de quién castiga a las autoridades y con regresar la pelota a la cancha de la Corte.

Nicaragua deberá reconstruir muchas cosas, no hablo de calles, de edificios, que sé se han mejorado con los impuestos de los y las nicaragüenses, hablo de corazones rotos, de familias divididas, que no podrán recuperarse.

Recuerdo la historia de la taza que se rompe y que por más que se coloquen las piezas en su lugar no queda igual. Y la de reparar la cerámica con oro, para darle valor a las heridas. Espero a los nicaragüenses se les repare sus vidas con oro, que se valore el sufrimiento que viven cada día, en especial los que sufren en las cárceles de manera arbitraria y sus familiares que los esperan y se hacen la pregunta más importante, ¿hasta cuándo?

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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