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Cuando la nicaragüense Ana María Vargas recibía visitas en su casa en Miami siempre escuchaba elogios por los chileros nicas que preparaba y la animaban a que comenzara a vender. “Siempre que hacía una fiesta preparaba cebollitas encurtidas, como les decimos nosotros. A todo el mundo le gustaba”, cuenta Vargas, de 44 años, a LA PRENSA.
Fue así como hace poco más de un año decidió que empezaría a vender los chileros que aprendió a hacer desde que era muy joven. “Es un negocio pequeño, pero no deja de moverse y voy avanzando poco a poco”, dice. Con los ingresos obtenidos —cuenta— logró pagar el trámite de su ciudadanía estadounidense que costó casi mil dólares.
Los chileros han recorrido todo Estados Unidos, no vende solamente en Miami, ha hecho envíos a Texas, California, Nueva York y Georgia. “Incluso llegaron hasta Costa Rica, porque un familiar los llevó a unos clientes que tengo allá”, asegura. En un mes —cuenta Vargas— ha logrado vender casi 80 chileros.
Vargas ofrece a sus clientes dos presentaciones: uno grande a 20 dólares y el pequeño a 12. Los prepara con los ingredientes que el cliente le pida al momento de realizar el pedido como zanahoria, cebolla, jalapeño, chiltoma, pepino, etc. “También pueden escoger si lo quieren muy picante, leve o sin picante, trabajo al gusto de cada uno”.

Sus clientes no son solo nicaragüenses. En Miami, por ejemplo, tiene clientes cubanos. “Tengo bastantes clientes cubanos gracias a Dios”, explica.
Para hacer tus pedidos, podés escribir al número +1 (786) 307-5186, o bien en su cuenta de Instagram bajo el usuario @chilerosdeanamaria.
Casi tres décadas en Miami
Vargas nació en León, pero migró a Estados Unidos hace 26 años. En el día tiene su negocio de chileros y en las noches trabaja limpiando el edificio de un canal de televisión en Miami. “Durante el día me dedico a mis hijas y a mi negocio”, asegura.
Para la nicaragüense, distribuir sus chileros en mayor cantidad y más variedad de presentaciones es su más grande sueño. “Voy paso a paso. Claro que me visualizo haciendo algo un poquito más grande. Me gustaría vernos en los supermercados, ver nuestros productos en muchos lugares”, afirma.
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Algún día, la leonesa espera dejar su trabajo en limpieza para dedicarse de lleno al negocio y lograr mantenerse y ayudar a su familia con las ganancias. “Me encantaría poder dejar mi trabajo y dedicarme solo a mi negocio, me emociona mucho cuando hasta mi esposo me ayuda a empacar cuando hay pedidos grandes y urgentes. Me sueño trabajando en esto con mi familia y que vivamos de mis chileritos”, dice.