Propuesta de transición. ¿Es la oposición una alternativa de poder?

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Una docena de organizaciones políticas de opositores nicaragüenses en el exilio han informado que presentaron a varios gobiernos amigos de la región una propuesta de transición democrática en Nicaragua.

Según el comunicado en el que dan la información, la propuesta la habrían presentado desde hace unos seis meses. Pero la hacen pública hasta ahora, en vísperas de la sesión del Consejo Permanente de la OEA que volverá a considerar la propuesta de Estados Unidos (EE. UU.) de convocar a una reunión extraordinaria de cancilleres de las Américas sobre la crisis política de Nicaragua, que viene desde 2018 pero se ha agravado últimamente.

“La propuesta —se dice en el comunicado de las organizaciones opositoras en el exilio— es una hoja de ruta política, con medidas y acciones técnicas y económicas destinadas a lograr una transición pacífica, ordenada y democrática para transitar desde la dictadura hacia la libertad en Nicaragua”.

No conocemos el texto de la propuesta, que según el comunicado tiene el título “Nicaragua: Transición ordenada desde la dictadura a la democracia”. Sin embargo, es obvio que el énfasis que ponen en la frase “una transición ordenada” es por el temor de algunos gobiernos de las Américas, en particular el de EE. UU., de que al final de la dictadura sobrevenga un vacío de poder y ocurran acontecimientos caóticos durante un periodo de tiempo indeterminado, que pueden ser incontrolables. Las experiencias en Afganistán, Irak y Siria, en el Cercano Oriente, han sido muy aleccionadoras a ese respecto.

Sin embargo, a nuestro juicio el caso Nicaragua es distinto. El entorno regional es también muy diferente y el talante de los nicaragüenses no es igual a los pueblos antes mencionados, ancestralmente divididos en tribus y clanes enfrentados entre ellos.

En Nicaragua el problema es otro. Casualmente, el mismo día que se conoció el comunicado de las 12 organizaciones opositoras la —revista en línea Confidencial èque por la ausencia total de libertad de prensa en Nicaragua se edita en el extranjero, y en línea— publicó una entrevista con dos relevantes analistas políticos y miembros del exilio quienes aseguran que “la oposición todavía no es una alternativa de poder”.

Se trata de los conocidos politólogos y activistas opositores Douglas Castro y Eliseo Núñez, quienes coinciden en asegurar que “la oposición tiene que “construir una alternativa de poder para que alguien pueda tomar riesgo, y que diga: ‘Si estos llegan a mandar, lo que están diciendo lo van a cumplir’”.

Pero, ¿qué significa ser una alternativa de poder? La respuesta más sencilla es que ante todo tenga fuerza suficiente basada en el apoyo popular y una robusta organización, así como capacidad intelectual y profesional para gobernar. Y para gobernar bien, comenzando por garantizar el mantenimiento del orden público y la estabilidad de la economía nacional, durante la transición.

Como es común en el exilio, los representantes de los 12 grupos políticos que han presentado la propuesta de transición democrática han sido objeto de severas críticas y descalificaciones, ante todo porque se les acusa de falta de representatividad.

Pero viendo la situación objetivamente, el mayor problema de la oposición nicaragüense, de cada uno de los grupos y de todos en general, así como de sus líderes, es que estando en el exilio no pueden demostrar cuánto respaldo popular tienen o pudieran tener en el interior del país.

Esto es comprensible. La dictadura que se ha impuesto en el país mediante la fuerza y el terror es extremadamente controladora y represiva, criminaliza hasta la disidencia en sus propias filas y no permite ningún espacio ni posibilidad de actividad opositora en el territorio. Ni siquiera para hacer encuestas confiables que permitan conocer si la gente respalda o no a los diversos grupos y líderes opositores, y a quiénes más que otros, de todos los que por fuerza permanecen en el exilio.

En estas circunstancias, más bien nos parece encomiable el cabildeo político que hacen los grupos opositores ante los gobiernos democráticos y los organismos internacionales, para que apoyen no solo de palabra sino también con hechos al pueblo de Nicaragua.

Y que pongan a un lado sus diferencias que son inevitables para presentar propuestas comunes y ganarse la confianza de la comunidad democrática internacional. Peor sería que no hicieran nada más que ofenderse y descalificarse entre ellos mismos.

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