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En la nueva modificación de la constitución espuria de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, el 10 de enero ya no será el día de la toma de posesión presidencial. Aunque en realidad, en Nicaragua no hay toma de posesión presidencial, es una farsa de confirmación del mismo o los mismos dictadores que se hacen reelegir de manera fraudulenta.
En 1984 se estableció por ley que el 10 de enero del año siguiente a las elecciones sería la toma de posesión presidencial, en honor a la memoria de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el héroe nacional de la lucha por la libertad y la democracia que fue asesinado el 10 de enero de 1978.
Pero si ahora no hay elecciones libres y competitivas, y el dictador y la dictadora simplemente se autodesignan, entonces no hay cambio de mando presidencial y lo que hacen es una farsa antidemocrática que ultraja la memoria del doctor Chamorro Cardenal.
De manera que está muy bien que la dictadura haga ese cambio, aunque su motivación no sea el respeto a la memoria del Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua, que en vida fue un acérrimo luchador contra las dictaduras, cualquiera que fuera el ropaje con el que se quisieran disfrazar.
Cuando se estableció el 10 de enero como día de la toma de posesión presidencial, los sandinistas que gobernaban en aquella época reconocieron que el asesinato del doctor Chamorro Cardenal fue la llama que encendió la hoguera de la insurrección nacional que puso fin a la dictadura dinástica somocista. Y reconocieron también que el doctor Chamorro Cardenal ofrendó su vida para que Nicaragua volviera a ser república y hubiera libertad y democracia.
Pero Ortega y Murillo odian irracionalmente la memoria de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, odian a su familia y al Diario LA PRENSA. Por eso ahora dicen que fue “una enorme injusticia” haber establecido la fecha del 10 de enero para la toma de posesión presidencial. Así lo aseguró el principal operador legislativo de la dictadura, Gustavo Porras, en una reunión con los mandos policiales para explicarles los nuevos cambios a su constitución espuria que darán a conocer en septiembre próximo.
Es característico de todos los regímenes totalitarios borrar los símbolos históricos que no pueden falsificar para ajustarlos a su propia naturaleza y sus fines. Eso es lo que ha venido haciendo la dictadura de Ortega y Murillo, sobre todo con aquellos símbolos que más se asocian con los valores de la libertad, la república democrática y los derechos humanos.
La dictadura quiere borrar la memoria histórica de los nicaragüenses, sustituirla con su propio relato ideológico, ajustado a sus intereses bastardos familiares y políticos. Y a su delirante idea de que están predestinados a mandar en Nicaragua para siempre.
Dicen que a partir del nuevo cambio en su constitución espuria, la fecha de la toma de posesión presidencial será el 18 de enero, aniversario del natalicio de Rubén Darío. Lo cual será también una ofensa, ahora a la memoria del gran poeta nacional que era amante y defensor de la libertad y enemigo de la tiranía. No en vano cantó que “Nicaragua está hecha para la libertad”.
Rubén Darío, como dijimos en esta misma página editorial el 18 de enero de 2017, con motivo del 150 aniversario de su natalicio, “es un símbolo de la identidad, la cultura y la nacionalidad nicaragüense”. Al igual que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y todos los héroes nacionales que han sido manoseados y agraviados por la dictadura, cuando Nicaragua vuelva a ser República serán reivindicados y honrados como lo merecen.