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Desde que estalló la crisis política en Nicaragua en 2018, los principales órganos políticos y de derechos humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA) han abordado la situación de Nicaragua en al menos 64 ocasiones, pero hasta la fecha, no se han tomado acciones más beligerantes que la condena a los vejámenes que comete la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
En total han sido 29 sesiones del Consejo Permanente, ocho períodos de la Asamblea General y 27 audiencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en donde se ha discutido la crisis nicaragüense, según un registro hecho por LA PRENSA.
En esas se han emitido 11 resoluciones de condena al régimen, además de la creación de grupos de trabajo para dar seguimiento a la crisis nicaragüense, ejercer presión o hacer gestiones diplomáticas.

Hasta el momento, las acciones que ha ejecutado la OEA frente al régimen que atormenta a los nicaragüenses han sido insuficientes para algunos analistas. El último «patinazo» sucedió el pasado miércoles 5 de agosto, cuando el Consejo Permanente se reunió para discutir la crisis nuevamente por solicitud de varios países encabezados por Estados Unidos.
La expectativa era que los países miembros terminaran convocando a una reunión de cancilleres para tomar acciones conjuntas respecto a Nicaragua, pero al final este punto ni siquiera se sometió a votación. Fuentes indicaron a LA PRENSA que esto no sucedió porque no se contaba con los 18 votos necesarios para aprobar dicha resolución. «Diría que no es una derrota, pero sí un patinazo», detalló la fuente.
Mecanismo «insuficiente»
A criterio de un exdiplomático que solicita no ser mencionado, el mecanismo de la OEA cada vez más está en entredicho «por acciones o más bien omisiones frente a regímenes como Nicaragua, Cuba o Venezuela. Pareciera que está quedando corto y muy limitado».
Por su parte, la experta en relaciones internacionales, Alexa Zamora Arana, valora que «los países que integran la OEA no están dispuestos a llevar acciones beligerantes con respecto a contextos de países autoritarios o de dictaduras. Lo vimos en el caso de Venezuela. Hace muchos años con Cuba y ahora con Nicaragua».
«No hablamos solo de un declive de la OEA, si no que en la práctica cualquier otro espacio como Naciones Unidas están resultando insuficientes para cumplir con los objetivos para los cuales fueron creados», detalla Zamora.
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Ambos analistas coinciden en que las funciones y atribuciones que tiene la OEA frente a regímenes autoritarios son limitadas. «Lo que pueden hacer es aumentar sus acciones que transciendan la simple condena. Para eso los países miembros deben estar comprometidos, tal cual lo describió Estados Unidos», indica el exdiplomático.
Por su parte, el régimen de Ortega y Murillo ha hecho lo que ha querido frente a las acciones y mandatos de la OEA, lo cuales ha ignorado por completo. En 2022, la Corte IDH incluso declaró a Nicaragua en desacato permanente por ignorar sus responsabilidades en materia de derechos humanos.
El régimen incluso se salió del organismo y luego allanó y confiscó las oficinas de este en Managua. La respuesta de la OEA fue nuevamente una resolución de condena ante este acto, el 13 de mayo de 2022.
El hecho de que Nicaragua se haya salido de la OEA, no significa que no deba respetar protocolos y tratados en materia de derechos humanos de los que es firmante, pero también los demás países miembros no están eximidos de trabajar «para ejercer presión y conseguir el retorno a la democracia. Esto está dentro de sus facultades porque ese estado que no es miembro, como el caso de Nicaragua, constituye una amenaza para la región en materia de seguridad, migración, narcotráfico y una serie de prioridades en temas de trabajo», explica Zamora.
¿Falta de compromiso?
Para el exdiplomático, «hay países que no están del todo comprometidos en promover los valores de democracia, de derechos humanos. No nos vayamos tan largo. Yo echo en falta, por ejemplo, el silencio de nuestros vecinos El Salvador, Honduras, Guatemala».
Zamora, por su parte, ve otro fenómeno sucediendo en los demás países que no les permite comprometerse a fondo, pues de alguna manera se ven en el espejo de los Ortega Murillo.
«Yo creo que es esto lo que detiene a los países miembros de la OEA de dar el paso adelante. Es casi como que dicen: «no me atrevo a involucrarme en acciones coordinadas porque eventualmente esto se me puede regresar», analiza.

Este punto ya lo advertía en cierta manera el mismo secretario general de la OEA, Albert R. Ramdin, en un artículo publicado por The Washington Post el pasado viernes 7 de agosto y en donde urgía de «una respuesta hemisférica unificada y firme» ante el hecho de que Ortega y Murillo pretenden desaparecer el sistema electoral en Nicaragua.
«Sin duda, otros gobiernos de tendencia autoritaria están observando atentamente este mensaje antidemocrático», señaló Ramdin dos días después de la sesión en que se pegó el «patinazo» contra la dictadura nicaragüense.
Logra más un estado por su cuenta
Por otro lado, el exdiplomático señala que la respuesta beligerante del exterior se puede esperar más bien «de países que sí están comprometidos y no necesariamente de los organismos, que sí son importantes, pero que se están quedando cortos con su respuesta. Está demostrado que logra más un estado por sí mismo que los organismos multilaterales como estos. El caso de Venezuela es un buen ejemplo de esto».
Tras varios años bajo la dictadura chavista, Estados Unidos ejecutó una intervención armada para capturar al dictador Nicolás Maduro en Venezuela. Este ahora está en una prisión de Nueva York, mientras ese país está encaminado a lo que parece ser una transición negociada, bajo la venia de la administración de Donald Trump.
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Incluso en el caso de Nicaragua, Estados Unidos por su cuenta ha conseguido avances reales, señala el exdiplomático. «El destierro de los 222 (en 2023) fue gracias a una acción o negociación bilateral entre la dictadura y la administración Biden», comenta.
Sin embargo, Alexa Zamora considera que la solución de la crisis nicaragüense no debe llegar al extremo de una intervención militar extranjera, y si los países miembros de la OEA quisieran que eso no se repitiera, deberían «comprometerse a llevar a cabo acciones que trasciendan la mera condena».
Estas acciones que plantea pasan por ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales, e incluso la negativa de préstamos y créditos en instituciones financieras que oxigenan al régimen, además de las sanciones económicas que saboteen los negocios de la familia Ortega Murillo.
Además, señala que la OEA necesita de «una reingeniería que permita que el respeto a la soberanía, autodeterminación de los pueblos y convivencia pacífica como bases fundamentales al derecho internacional no afecten la capacidad de respuesta de las organizaciones regionales ante panoramas como el que se viven en Nicaragua, Venezuela y Cuba».

La renuncia a Somoza
Para los tiempos de la dinastía somocista, la OEA abordó el tema de Nicaragua. Los sandinistas incluso llegaron a denunciar al dictador Anastasio Somoza Debayle gracias a que Panamá les cedió su asiento. Esto provocó que el organismo pidiera la renuncia al dictador en una reunión de cancilleres.
Si bien es cierto que la caída de la dinastía somocista surgió por varias razones que se juntaron, la solicitud de la OEA fue el único motivo que Somoza aceptó en su carta de renuncia cuando dejó Nicaragua el 17 de julio de 1979.
“Consultados los gobiernos que verdaderamente tienen interés de pacificar al país, he decidido acatar la disposición de la Organización de los Estados Americanos y por este medio renuncio a la presidencia a la cual fui electo popularmente. Mi renuncia es irrevocable”, escribió Somoza.
La OEA podría también pedirle la renuncia a Ortega, tomando en cuenta que una de las tantas resoluciones aprobadas por la Asamblea General, fue haber declarado como «ilegítimas» las elecciones presidenciales de 2021, donde Ortega aseguró su cuarto mandato consecutivo de manera fraudulenta y con sus competidores encarcelados.
Sin embargo, insiste Zamora, esto tiene que ver más con algo de «compromiso político» por parte de los países miembros de la OEA. «Los países entendían en aquel contexto la necesidad de actuar de manera coordinada para dar respuesta a lo que era una amenaza en la región como lo fue la dictadura de los Somoza», al igual que lo es hoy la dictadura de los Ortega Murillo.
Esto mismo también lo advirtió el secretario general de la OEA en su artículo publicado por The Washington Post. «Cuando la represión cruza fronteras, deja de ser un asunto local. Exige una respuesta hemisférica unida y firme», sostuvo Ramdin.