Elegir, votar o aguantar

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Desde hace más de una década escuché que en Nicaragua no se elige, se vota, porque todos los procesos electorales los ganaba el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Y con las declaraciones de Daniel Ortega del 19 de julio pasado nos quedamos con la idea de que no se va a elegir, no se votará, será como dice Calle 13 en la canción El Aguante: “Aguantamos cada año a nuestro puto presidente”.

Resulta que Ortega dijo “aquí no volverán a haber elecciones”, lo que generó reacciones de países y de organizaciones internacionales de derechos humanos. Algunos llamaron la muerte definitiva de la democracia.

Hay una pregunta filosófica que cuestiona “si un árbol cae y nadie lo escucha, ¿hace ruido?, pues bien a Ortega lo escucharon en la celebración del 47 aniversario de la Revolución Sandinista y tras las reacciones internacionales a esas declaraciones, su esposa, copresidenta, comunicadora y no sé qué otros cargos más, Rosario Murillo, intentó como decimos “defender lo indefendible” diciendo que se habían mal interpretado las palabras del comandante y algunos aclaran que lo dicho fue “aquí no volverán a ver elecciones”. Haciendo referencia a la forma en que se harán.

Una frase del derecho que me gusta dice “a confesión de parte, relevo de pruebas”, pues bien ya Ortega ha quitado públicamente la nacionalidad a los nicaragüenses, los ha sacado del país y ahora, al parecer les quitará el derecho a votar, cuando ya les había quitado el de elegir.

Lo cierto es que no hay mucha diferencia cuando de hecho no hablamos de elecciones, hablamos de votaciones o “circo electoral” porque uno no elige nada, contrario a declaraciones de la presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, quien asegura que los nicas tenemos lo que elegimos. Considero que del casi millón de nicaragüenses que están fuera de Nicaragua la mayoría no deben haber elegido eso.

Las declaraciones de Ortega tienen un costo político tan alto que se comparan con las de Nicolás Maduro cuando dijo “vengan por mí” y llegaron, pero no sabemos si las consecuencias serán las mismas. Lo que sí sabemos es que ya no elegimos, probablemente ya no votaremos y resta ver cuánto aguantaremos.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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