¿“Elecciones” como en Cuba y Corea del Norte?

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Muy pronto, cuando los operadores legislativos y electorales de la dictadura presenten la reforma que les encargó Daniel Ortega en su esperpéntico discurso del 19 de julio recién pasado, se sabrá cómo serán realmente las “elecciones” en Nicaragua a partir de ahora y mientras dure la actual tiranía sandinista-orteguista.

Ortega dijo que “aquí (en Nicaragua) no volverán a haber elecciones”, para que la oposición nunca pueda tomar el poder por esa vía. Pero ante el revuelo internacional que causó esa incendiaria proclama de Ortega, la codictadora aseguró poco después que las palabras de su marido codictador habían sido malinterpretadas o “sacadas de contexto”.

Al mismo tiempo, en las redes sociales los sicarios mediáticos de la dictadura abundaron en explicaciones de que el dictador Ortega lo que quiso decir no es que “no volverán a haber elecciones”, como en efecto lo dijo, sino que los opositores ya “no verán” elecciones como las de antes. O sea, como las de 1990, 1996 y 2001, que ganaron los partidos democráticos.

Corrigiendo a su marido, Rosario Murillo aseguró que en Nicaragua sí seguirá habiendo elecciones, “pero elecciones propias, y cuando decimos propias son de nuestro pueblo bendito, diseñadas, organizadas desde nuestra soberanía nacional”. Y muy bien se sabe que para los codictadores soberanía nacional es hacer lo que quieran con tal de mantenerse en el poder, incluso cometer crímenes de lesa humanidad, sin rendir cuentas a nadie en el país ni en la comunidad internacional.

Pero la verdad es que “elecciones propias”, o sea al gusto de ellos, es lo que habido en Nicaragua desde 2007, cuando Ortega volvió al poder después de ganar las elecciones de noviembre de 2006 gracias al pacto con los liberales de Arnoldo Alemán y a la catastrófica división del voto democrático.

Desde entonces en Nicaragua no hubo más elecciones auténticas, solo farsas electorales en las que el FSLN es acompañado y apoyado por algunos pequeños partidos colaboracionistas —los llamados “zancudos” por la población— para imponerse con prefabricadas mayorías abrumadoras. La última fue en noviembre de 2021, que los Estados miembros de la OEA por unanimidad no la reconocieron como legítima ni válida.

La dictadura no tiene necesidad de cambiar ese formato de elecciones simuladas con “competencia” de los zancudos. Salvo que quiera imponer un sistema electoral mucho más ortodoxo, rígido y excluyente, de acuerdo con la doctrina marxista-leninista. Como son las elecciones en Cuba y Corea del Norte.

En todo caso, solo es cuestión de esperar un poco para conocer el modelo de “elecciones” que impondrá la dictadura a partir de ahora. Pues, como declaró el presidente del organismo legislativo de la dictadura, Gustavo Porras: “Nos proponemos antes del fin de semana tener una propuesta ya elaborada”.

Conoceremos entonces ese “parto de los montes” electoral, que seguramente no cambiará la naturaleza de la dictadura, salvo para hacerla más totalitaria, si es que eso fuese posible.

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