¿Tiene remordimiento la codictadora?

El pasado jueves 23 de abril, la codictadora Rosario Murillo dijo en su acostumbrada alocución en los medios oficialistas (la citamos textualmente respetando su singular estilo de redacción): “Hay quienes piensan que decir la Verdad és un descaro; nosotros pensamos que mentir és un pecado capital, sobre todo cuando la mentira sirve para destruir, cuando la mentira és la base de crímenes, crímenes, crímenes de lesa humanidad!”

La señora Murillo agregó sin inmutarse, que “cuando se atenta contra un Pueblo Bueno, contra un Pueblo de Fé, contra un Pueblo Cristiano, contra un Pueblo que camina en Paz, en Seguridad, para ejercer el Derecho a trabajar y prosperar, la mentira és un crimen contra ese Pueblo, por lo tanto, es un crimen de lesa humanidad”.

Al siguiente día, el viernes 24 de abril, la codictadora volvió a sus andadas verbales y dijo: “Ojalá algún día esos corazones ácidos, agrios, que han sido carcomidos por el mal, puedan tomar conciencia de que el primer nivel de daño se lo hacen ellos mismos… ellos mismos, sus familiares. Porque no creo que alguien pueda sentirse bien haciendo daño. Nadie, creo yo”.

Personas expertas en discurso político y psicología, y que dan seguimiento a las alocuciones de Murillo, opinan que de sus palabras que repite obsesivamente se podría deducir que se está proyectando, o sea que podría estar mostrando remordimiento por el inmenso daño que ha causado desde sus posiciones de poder autoritario omnímodo a tantos nicaragüenses.

Explican que en psicología se le llama proyección al mecanismo inconsciente mediante el cual una persona atribuye a otras sus propios pensamientos, sentimientos, impulsos y acciones. Eso es lo que podría explicar que la señora Murillo condene una y otra vez los “crímenes de lesa humanidad”, pero atribuyéndolos a otras personas, incluso a sus víctimas, cuando ha sido ella misma con su marido quienes han ordenado a sus secuaces que cometieran esos delitos horrendos.

Esto lo ha demostrado y denunciado con evidencias abundantes e irrefutables el Grupo de Expertos de las Naciones Unidas en Derecho Humanos en Nicaragua (GHREN), que por eso mismo ha pedido que el régimen de Ortega y Murillo sea llevado ante la justicia internacional.

Sin embargo, con amplio espíritu los expertos no descartan que ese discurso recurrente de Murillo pudiera deberse a que tenga en su subconsciente algún remordimiento por los innumerables crímenes cometidos por la dictadura que ella misma codirige.

El remordimiento —explican los psicólogos— es una emoción humana de pesar, angustia o culpa que surge en la conciencia del individuo después de que ha realizado una, varias o muchas acciones malvadas. O sea, alguien que tiene complejo de culpa por sus malas acciones, aunque no lo reconozca y menos que lo declare abiertamente.

Es importante aclarar que remordimiento no es lo mismo que arrepentimiento. El remordimiento por sí solo únicamente genera un estancamiento emocional, mientras que el arrepentimiento significa no solo reconocer el mal que se ha hecho, sino también cambiar de conducta, realizar acciones correctivas y reparar en todo lo que sea posible el daño que se ha causado a los demás.

Obviamente ese no es el caso de la codictadora Murillo. Es evidente que en ella no hay remordimiento y mucho menos arrepentimiento. Antes bien, sigue reprimiendo y amenazando a sus víctimas incluso aunque estén en el destierro adonde ella los envió.

Para tener arrepentimiento, o por lo menos remordimiento, aseguran los psicólogos, se necesita tener conciencia moral. Y es obvio que la codictadora y su consorte carecen de esa cualidad y capacidad propiamente humana, que se basa en la razón, la reflexión, la empatía y la madurez emocional e intelectual.

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