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En los últimos años, se han documentado violaciones graves de los derechos humanos de las y los nicaragüenses. Son el resultado de una estructura de poder. Estos son hallazgos del trabajo de organizaciones de la sociedad civil y de organismos multilaterales. No lo son de las autoridades nicaragüenses.
Entidades de organismos multilaterales de derechos humanos no son políticos en el sentido partidario. Pero nadie podrá negar que su trabajo es profundamente relevante para la política en su sentido más esencial: la organización del poder; la responsabilidad del Estado; y la dignidad de las personas.
Y, por supuesto, ¡esto incluye la justicia transicional como herramienta política legítima, conforme al derecho internacional!
I. Nicaragua no está en un momento cualquiera de su historia. Algunos dirán, que Nicaragua se encuentra en un momento que, con cierta probabilidad, sería recordado en el futuro, como un punto de inflexión para el país.
En cualquier caso, lo que sabemos, es que los procesos históricos no avanzan de manera lineal. Se acumulan tensiones, se cierran espacios, se profundizan las fracturas hasta que emergen momentos en los que el cambio —antes impensable— se vuelve posible. Y en esos momentos la pregunta no es si habrá cambios. La pregunta es: cómo se gestionaría esos cambios.
No puede haber cambio sostenible sin justicia. Pero tampoco puede haber justicia efectiva sin comprender las realidades políticas del poder.
II. Los hallazgos de las organizaciones de la sociedad civil y de organismos multilaterales sobre la situación de derechos humanos en Nicaragua, todos apuntan a algo fundamental: No estamos ante hechos aislados. Estamos ante patrones estructurales. Esto incluye: Violaciones graves de derechos humanos; uso instrumental de las instituciones; y una progresiva eliminación de controles al poder.
En este contexto, la impunidad deja de ser una casualidad o un producto secundario del ejercicio de poder, y pasa a ser una política de Estado.
Cuando la impunidad es política de Estado, la justicia transicional se vuelve inevitable.
III. Para hablar de justicia transicional debemos hablar de poder.
Como investigador académico en materia de derecho que soy, los pronósticos sobre cambios en correlaciones de fuerzas no son parte de mi ámbito de especialización. Dejo eso a otros que tengan los suficientes conocimientos en la materia.
Al repasar los análisis realizados por otros expertos del más diverso tipo sobre Nicaragua, salta a la vista una constante que indica una combinación crítica: Alta capacidad de control en el presente y alta vulnerabilidad estructural en el futuro-presente.
Esto se expresa, según los expertos en la materia, en tres tensiones centrales: Centralización extrema del poder y dependencia de lealtades personales; fragilidad económica creciente, con riesgos de choque externo significativo; y fisuras potenciales dentro de las élites políticas, económicas y de seguridad.
En conjunto, esto lleva a una tensión paradoxal, en el espectro presente-futuro: Un sistema fuerte pero frágil. Esta tensión no determina el futuro. Pero marca el campo de lo posible.
IV. De allí que, sin prejuzgar el futuro, es útil pensar, en el presente, en posibles escenarios.
Un posible escenario es el de continuidad con presión creciente. En este escenario: Persisten las estructuras actuales; aumenta la presión externa; y se generan concesiones muy limitadas, más cosméticas que reales. Aquí, la justicia comienza desde fuera. Comienza con la: Documentación de violaciones; activación de jurisdicciones fuera de Nicaragua; y protección de víctimas en el exilio.
Otro posible escenario es el de la negociación. Algunos análisis de los expertos en la materia sugieren la posibilidad de un punto intermedio, con concesiones transaccionales sustantivas. Aquí, la justicia entra a ser materia de negociación, entre otras, con: Liberación de todas las personas detenidas arbitrariamente y cese de persecución; medidas iniciales de reparación; y compromisos tangibles de reformas. Ahora bien, como lo muestra la experiencia comparada, también existen riesgos, particularmente, para las víctimas. Aquí solo tres: Justicia selectiva; procesos incompletos; y continuidad de estructuras del Ancien Régime.
Y, también está el escenario de ruptura o transición acelerada. En contextos de crisis más profundas pueden abrirse cambios rápidos. Pueden: Generarse demandas inmediatas de justicia; abrirse ventanas de oportunidad para reformas; pero también: riesgos de inestabilidad.
Independientemente del criterio del observador sobre lo qué será lo más probable, hay algo que, sí, es seguro: la preparación previa marca la diferencia.
La comunidad internacional puede tener un papel importante en la preparación: Preservar evidencia; apoyar a víctimas; y reducir espacios de impunidad. No sustituye los procesos nacionales. Pero puede hacerlos posibles.
V. La justicia transicional no es un ideal abstracto, ni es un simple conjunto de mecanismos jurídicos. Es una herramienta concreta para gestionar el cambio.
Justicia transicional permite resolver una ecuación compleja. Entre sus variables, destacan los siguientes tres: Cómo transitar sin reproducir la violencia; cómo transformar instituciones sin colapso del Estado; y cómo responder a las víctimas sin bloquear acuerdos políticos que las partes consideran necesarios.
Las tres variables transitan sobre una tensión fundamental: justicia y estabilidad. Justicia transicional no trata de elegir entre ambas. Justicia transicional trata de construir estabilidad a través de la justicia.
VI. Cuatro elementos son esenciales para la justicia transicional: verdad, sin verdad, no hay memoria; justicia, sin justicia, no hay confianza; reparación, sin reparación, no hay dignidad; no repetición, sin reformas, todo puede volver a ocurrir.
Estos elementos no son opcionales. Son interdependientes.
VII. Toda transición enfrenta una pregunta difícil: ¿Cómo avanzar sin bloquear el cambio?
La experiencia comparada muestra que la justicia absoluta inmediata, en el presente, no siempre es viable. Pero la ausencia de justicia siempre hipoteca el futuro.
El equilibrio es complejo. Pero es posible y necesario: Sin justicia, no habrá confianza. Sin confianza, no habrá estabilidad.
VIII. En conclusión, las transiciones no comienzan cuando cambia la correlación de fuerzas. Comienzan antes: Cuando se documenta la verdad; cuando se preserva la memoria; y cuando se prepara la justicia.
El futuro de Nicaragua puede ser incierto, pero no es indeterminado: La forma en que se aborde verdad, memoria y justicia definirá la calidad de su democracia futura.
Deseo a Nicaragua que pueda construir su futuro.
El autor es presidente del Grupo de Expertos de la ONU para los Derechos Humanos en Nicaragua (GHREN). Texto de su discurso con ocasión del Foro: Trazando caminos para la justicia y la democracia en Nicaragua, pronunciado en la Universidad Internacional de Miami el lunes 20 de abril de 2026.