El discurso del dictador Ortega contra EE. UU. y el presidente Trump

Después de un par de meses de calculada prudencia en su tratamiento verbal a Estados Unidos (EE. UU.), Daniel Ortega retomó este lunes 20 abril su discurso antiyanqui, virulento, confrontativo, desafiante y provocador.

Ortega había optado por la moderación al hablar sobre EE. UU., a partir del 3 de enero pasado cuando el dictador venezolano Nicolás Maduro fue apresado por una fuerza militar estadounidense y trasladado a Nueva York para ser juzgado.

Sin embargo, la prudencia verbal de Ortega terminó este lunes con el discurso que pronunció con motivo de la celebración del “día de la paz de los cementerios”, instituido por la dictadura para conmemorar la matanza humana perpetrada hace ocho años para sofocar la rebelión popular de abril de 2018 por la libertad y la democracia. Más de 350 personas muertas fue el saldo de aquella represión brutal, sangrienta y funesta.

En su discurso de este lunes, Ortega calificó de “desquiciado mental”, “asesino” y “matón” al presidente Trump, y lo conminó a pagar la supuesta deuda de EE. UU. con Nicaragua por el apoyo que dio a la contrarrevolución durante la guerra civil de los años ochenta.

Es obvio que Ortega renovó su virulencia verbal contra EE. UU. por las nuevas sanciones que afectan personalmente a dos de sus hijos, Daniel Edmundo y Maurice Facundo, involucrados en el corrupto y lucrativo negocio oficial del oro.

Pero es muy probable que Ortega haya retomado el discurso de odio contra EE. UU. también para recomponer la imagen política de la dictadura. La cual se venía deteriorando ante sus partidarios por las evidentes muestras de debilidad, incluso de miedo de los codictadores hacia el gobierno de Trump. Los memes burlones y chistes por esa “cautela” propagandística del régimen han abundado en las redes sociales.

Una dictadura como la de Nicaragua se cimenta en la aberración del caudillismo. Pero el culto a un solo caudillo, no a dos al mismo tiempo porque esto confunde a las masas. La fortaleza de la figura personal de Daniel Ortega como caudillo de la Revolución y del Estado es clave en la imaginería política de la dictadura. La consigna de que “todos son Daniel”, que idiotiza pero moviliza como manada a los partidarios del régimen, sobre todo a los más jóvenes e ignorantes, no tiene sentido si el dictador muestra debilidad e incluso miedo al presidente Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio.

También es probable que Daniel Ortega crea que Trump ha dejado de ser muy peligroso al estar dedicando toda su atención a la guerra contra Irán, en la que según los críticos de EE. UU. se ha estancado y perdido la iniciativa.

En ese orden, Ortega podría estar creyendo que Trump ha perdido mucho terreno político en el interior de EE. UU., y que probablemente perderá las elecciones parciales de medio tiempo, en noviembre de este año. Con lo que perdería también el impulso beligerante de su política exterior en lo que se refiere particularmente a limpiar el hemisferio de dictaduras como la de Nicaragua.

Sin embargo, los dirigentes y representantes de la oposición nicaragüense en el exilio consideran que Ortega se equivoca de plano si cree que Trump y Marco Rubio han dejado de representar una amenaza existencial a su régimen dictatorial. Y que podría estar cometiendo un grave error al renovar sus diatribas provocadoras contra EE. UU. y personalmente contra el presidente Trump. Por lo que podría pagar graves consecuencias.

Tal vez, y ojalá que así sea. La verdad es que entre más pronto se ponga fin a la dictadura será mejor para el pueblo nicaragüense, lo mismo que para EE. UU. y la comunidad democrática internacional.

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