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Dos meses han pasado, desde que el dictador Nicolás Maduro fue detenido y sacado de Venezuela por tropas estadounidenses, tras la supuesta traición de Delcy Rodríguez. Ella funge ahora como presidenta encargada de ese país por decisión del gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, la relación con la dictadura de Nicaragua parece mantenerse igual, a pesar de la retórica antiestadounidense que ha caracterizado a Daniel Ortega y Rosario Murillo.
El cinco de marzo se celebró, por ejemplo, el 13 aniversario del fallecimiento de Hugo Chávez, el benefactor de Ortega y Murillo. La dictadora nicaragüense se refirió a Rodríguez, quien dijo que “libra las batallas”, pero calló sobre Maduro, procesado por narcotráfico en New York, un tono muy distinto al mensaje tardío, tras la detención del tirano venezolano, cuando ella aseguró que acompañaban a Rodríguez en su defensa de la verdad, la justicia y la vida.
También ha rebajado sus críticas a Estados Unidos que conversa con los dirigentes de la dictadura de Cuba y lo presiona con un bloqueo petrolero, además de haber atacado con Israel a Irán.
«El régimen está bajo un aislamiento diplomático profundo, no sólo de las democracias, sino también por parte de sus amigos o aliados que se vienen cayendo poco a poco, o debilitándose. Esta situación desesperada los obliga a aceptar lo que sea en relaciones políticas y económicas, lo que puedan, para salvarse así del oscurantismo total internacional. Han tenido que aceptar a Rodríguez, por ejemplo, aunque esté trabajando muy cercanamente con los Estados Unidos, porque les interesa mantener este vínculo», aseguró el exembajador José Dávila, quien representó a Nicaragua ante Alemania y Suiza en el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro.
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En aras de buscar una normalidad de relaciones, la dictadura nombró el 27 de febrero a un segundo embajador tras la detención del dictador venezolano. Isidro Rivera sustituyó a su efímera antecesora, Valezka Fiorella López, quien estuvo durante un mes en el puesto. Dávila toma esta designación diplomática como una muestra del interés de continuidad, aunque el orteguismo está claro que, si se lo piden, deberá rendir cuentas por la millonaria cooperación venezolana que significó un presupuesto paralelo sin fiscalización. Este rondó un promedio de 500 millones de dólares anuales, de acuerdo con cifras oficiales entre 2007 y 2016.
«Toda la ayuda que en teoría era para el desarrollo de Nicaragua, Ortega y su familia la utilizó para enriquecerse; realizando negocios familiares, creando monopolios como en el caso de la distribución de gasolina y otros, y una serie de inversiones de allegados sandinistas, que no favorecieron el desarrollo de Nicaragua», lamentó Dávila.
Sáenz: “No hay razones para rupturas”
Para el exdiputado y analista Enrique Sáenz, “no hay razones para rupturas” entre los Ortega Murillo y Delcy Rodríguez. Cita el hecho de cómo se mantuvieron las relaciones tras la muerte de Chávez, aunque la diferencia es grande, porque el dictador venezolano eligió a su sucesor y ahora Rodríguez mantiene un acuerdo con el gobernante estadounidense Donald Trump.
Sáenz encuentra un punto en común en que ambos regímenes —Venezuela y Nicaragua— buscan “capear el vendaval de Trump, a la espera de que amaine”. Esto solo pasaría si el republicano pierde fuerza en las elecciones del Congreso, previstas para noviembre.
El exlegislador se refiere, cuando menciona la palabra vendaval, a la aplicación de la política exterior de Estados Unidos que ha decidido enfrentar a las que considera son amenazas a su seguridad nacional. Meses atrás, el secretario de Estado Marco Rubio dijo que estas eran los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Como parte de esta política de fortalecimiento de la presencia estadounidense en la región, la potencia norteamericana busca alejar la influencia de potencias como China y Rusia que son amigas del régimen de Ortega y Murillo.
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“Tal vez el único motivo que podría producirse (una ruptura) es que la Administración Trump incluya dentro de sus presiones a Venezuela: el distanciamiento explícito con la dictadura Ortega-Murillo, pero, por ahora, los intereses norteamericanos no parecen estar prestando atención a este asunto pues está claros que el ‘trípode’ Cuba, Venezuela, Nicaragua está bien enclenque”, expone convencido Sáenz.
Juan Sebastián Chamorro los ve «distanciados»
El opositor y coordinador de Ciudadanos por la Libertad (CxL) en el exilio, Juan Sebastián Chamorro, no está seguro de que exista la supuesta relación de cordialidad entre la dictadura de Nicaragua y Delcy Rodríguez. Él considera que se han distanciando.
“(De) la relación cordial que supuestamente existe… Yo no estoy seguro de eso. No veo tampoco que ya existan intereses económicos y políticos comunes. De hecho, yo siento distanciamiento”, explica Chamorro.
Sáenz coincide en que, en lo relacionado a lazos económicos, “no hay ninguno”. La razón es que Venezuela dejó de suministrar petróleo y combustibles a Nicaragua, desde antes de la pandemia de covid-19. Solo se mantiene vigente una deuda petrolera a 25 años de plazo a una tasa de interés del 2%. Tampoco hay grandes transacciones comerciales.
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“Donde sí podrían haber intereses económicos es en la economía subterránea, con trasiego de capitales ilícitos. Pero en este caso deben estar muy cautos pues, de existir esas transacciones turbias, por ejemplo, con el oro, cualquier mal movimiento les pueden cortar las manos”, afirmó Sáenz.
Dávila añade que, parte de la herencia de Chávez, es que los fondos de la antigua cooperación-privatizada por los Ortega Murillo- sirvieron para fortalecer el emporio económico de esa familia y su círculo. Con ello lograron la consolidación de la dictadura nicaragüense que cumplió 19 años en enero.