El exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de Nicaragua, Rafael Solís.

El exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de Nicaragua, Rafael Solís. (Former Nicaraguan Supreme Court Justice Rafael Solís) LA PRENSA

Rafael Solís: “Ortega y Murillo deben apartarse”

Siete años después de haber renunciado, el antiguo mano derecha de Ortega en la CSJ, dice desde el exilio que las acciones de Trump en Venezuela deben empujar una reforma a la Constitución y una transición a la democracia.

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El exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Rafael Solís, quien fue mano derecha de Daniel Ortega en asuntos judiciales y padrino de la boda de aquel con Rosario Murillo, cumplió siete años en el exilio este 10 de enero. Lo hace con la mirada puesta en la situación de Nicaragua y lo que pasó en Venezuela. Según él, la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro por parte del ejército estadounidense es una oportunidad para que sus antiguos jefes políticos abandonen el poder sin causar más muertes ni dolor entre los nicaragüenses.

En esta entrevista, el exmagistrado Rafael Solís señala que, en vez de hacer grandes reformas a la Constitución, o que se forme una junta cívico-militar, los principales dirigentes del régimen deben dar muestras de buena voluntad y ceder el poder a otras personas de la oposición real.

El exmagistrado dice que el exilio no ha sido fácil y relata cómo ha cambiado sus puntos de vista en determinados temas. Aunque en algún momento apostó por la vía armada, por ejemplo, cree hoy que no es una opción para los nicaragüenses. A los opositores les sugiere que podrían obviar temas como la “copresidencia” y buscar cómo se adelanten las elecciones, pero hace énfasis que con Ortega y Murillo fuera del poder, sin controlar las instituciones estatales, principalmente el poder electoral y el Ejército ¿cómo se garantizaría la seguridad? El exmagistrado propone que el Ejército la garantice sin inmiscuirse en política.

Doctor Solís, usted conoce muy bien a los Ortega Murillo. Después de la captura de Maduro que hizo el Ejército estadounidense, ¿cómo los ha visto reaccionar?

Me esperaba la reacción de ellos. Ha sido una mezcla de tres factores. Por un lado, se endurecieron, echaron presos a un montón de gente. El segundo factor es un estado de posible miedo; de ver que, si pudieron hacer esto a Maduro, en un país como Venezuela con una seguridad tan fuerte como era la de los cubanos alrededor de Maduro, claro que lo están pensando que lo pueden hacer también, en el futuro, en Nicaragua. Y el hecho de ver a Maduro y a la Cilia Flores en un tribunal de Nueva York declarando como acusados ya en un juicio, vestidos de anaranjado —y esposados— son imágenes impactantes.

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Lo tercero es que (los Ortega Murillo) pueden estar creyendo que puede haber traidores dentro de sus filas, porque la tesis que se maneja en Venezuela es que, desde dentro, hubo traición en contra de Maduro, para la ubicación de él, venderlo, etcétera. Lo más evidente es que han recibido un mensaje de los Estados Unidos y la administración (de Donald) Trump, que es lo que más les preocupa.

¿Cómo encaja el “elemento Trump” en su planteamiento?

Es determinante. Es que si no fuera por el elemento Trump y lo que acaba de pasar en Venezuela, una posibilidad de que se haga una reforma constitucional, que contemple que ellos se van del poder, sería locura plantearla. Nadie la estaría planteando en Nicaragua. Esa es la realidad. Ni habría posibilidad siquiera de una negociación ni siquiera para adelantar las elecciones. Ellos seguirían campantes con su proyecto de la sucesión dinástica para el 2027. El elemento detonante ha sido lo de Trump y todavía más específico lo de Trump en Venezuela. En resumen, lo mejor para el país es que los Ortega Murillo envíen las reformas constitucionales junto con su renuncia. Pero, siempre existe la posibilidad, como lo han señalado algunos dirigentes políticos, que ellos mantengan su decisión de continuar en el poder, es decir, morir con las botas puestas: el poder o la muerte. Esto sería grave para el país.

¿Considera usted, como han pensado muchos nicaragüenses, que la dictadura Ortega Murillo podría caer?

Es obvio que esto le mete un nuevo componente a la situación de Nicaragua. Por último que dice todo mundo que la caída de una dictadura cercana a otra genera un efecto dominó. Después de lo del 3 de enero, me parece que hay dos grandes grupos que plantean diferentes escenarios: los que consideran que hay que hacer las cosas por las buenas y por la vía cívica. Somos la mayoría. Es preferible eso a los que consideran, que me parece que son la minoría, que sigue vigente la cuestión del uso de la fuerza.

El 10 de enero, los Ortega Murillo cancelaron la celebración de los 19 años en el poder…

Se habló de la salud de Daniel Ortega, pero de eso siempre se especuló. Mucha gente dice que todas las reuniones de la semana pasada solo las estuvo presidiendo la Rosario, porque él ha estado mal de salud. Además de su salud, creo que consideraron el factor político.

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Porque ir a un acto delante de toda su gente, era incómodo salir con un discurso como el de ellos, antinorteamericano, en medio de toda la situación, era estar provocando a Trump. Y también era incómodo salir con un discurso extremadamente suave, conciliador, que es lo correcto, pues no le hubiera gustado a las bases duras del sandinismo. Entonces, prefirieron cancelar el acto, tanto por la salud de Ortega como por razones políticas.

¿Usted había planteado la vía armada?

Hace dos años hablé de eso y me he ido retractando con el paso del tiempo. Considero que no es necesario el uso de la fuerza para buscarle una solución a Nicaragua. Me parece que no es la vía adecuada en este momento. Sería un conflicto muy largo, en cualquiera de las variantes armadas que se puedan dar. Además, la cantidad de muertos que habría. Me parece que hay que trabajar los escenarios civiles, cívicos, constitucionales.

Si ya la vía armada no la ve como una opción, ¿qué es lo que mira ahora para que se pueda salir de Ortega?

En la perspectiva de ellos dos, la primera opción de ellos —al día de hoy, 12 de enero—, sigue siendo la sucesión. La Rosario puede ir o no de candidata en el 2027 o ya poner a Laureano y seguir por una sucesión dinástica familiar por 20 años. Llevan 19 años seguidos y han estado en campaña permanente alrededor de la Rosario y alrededor de los hijos también, por lo menos de Laureano porque es el más visible de todos. No la veo una opción realista.

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Nicaragua no aguanta una sucesión. La segunda opción que ellos pueden estar planteando sí la veo más factible, en la cabeza de Daniel y de Rosario. Es que traten de adelantar las elecciones algunos meses, que continúen liberando a presos políticos. Pero que ellos continúen siempre en el poder y que hagan un llamado a un diálogo nacional más adelante, únicamente con los partidos zancudos que están dentro de Nicaragua en la Asamblea Nacional. A la verdadera oposición, incluidos los partidos políticos que fueron canceladas sus personalidades jurídicas y que la mayoría de ellos están en el exilio, no los veo, en el corto plazo, que quieran participar ni siquiera en un diálogo nacional con los Ortega Murillo en el poder. Esos son los escenarios que puedan estar consultando con los hijos, con algunos cercanos a ellos y algunos miembros del Ejército.

¿Y cuál es la opción que mira usted viable?

Hay un tercer escenario: el del aterrizaje suave, que es pacífico y que me parece que debieran de irlo pensando ellos (Ortega y Murillo), que es una reforma constitucional no muy grande, pero sí que considere la posibilidad de que ellos dos renuncien, acompañada de una serie de puntos que signifiquen que van a dejar el poder, que las elecciones van a ser sin la presencia de ellos dos en el poder, lo cual no quiere decir que no vaya a participar el sandinismo en esas elecciones, pero ya sin ellos dos.

Esto de la renuncia ya lo planteó en el 2018, primero Lesther Alemán, en público. Lo plantearon todos los estudiantes que lo apoyaron a él. Lo plantearon después los partidos políticos que lo apoyaron. Lo planteó el Cosep, en público, en un comunicado. Y al final lo planteó la Iglesia católica, porque la carta que le llevaron a Daniel y a la Rosario, los tres obispos, creo que fue en la primera semana de junio, no me acuerdo, que se la llevaron a El Carmen, le insistían en la posibilidad de que renunciaran ellos dos y se convocara a elecciones anticipadas.

Ellos agarraron la carta y no volvieron a reunirse con los obispos y dijeron que era parte de un golpe de Estado y que los obispos también se estaban prestando a eso. Si (Ortega y Murillo) lo ven con madurez, y, desde el punto de vista del país, y hasta para una futura reconciliación, sería lo mejor, que se aparten del poder los dos ellos, en una gran reforma constitucional, que incluso considere seguir con la copresidencia y todas esas figuras que crearon, para no meterse a una serie de discusiones estériles, pero ya con otras personas en esos cargos. O bien, que se cree una junta cívica o una junta cívico-militar.

¿Para usted estaría bien que continúe una «copresidencia»?

A mi criterio, toda la oposición, incluido yo mismo, nos hemos opuesto a la figura de la copresidencia. Sin embargo, lo vería como una solución de compromiso entre ambas partes. No importa que sea con la cuestión de género, que una sea mujer y el otro sea hombre. Pero, que se nombre también y se deje establecido en la copresidencia a los covicepresidentes, que nunca los han nombrado, solo quedó una referencia pequeña en la Constitución. Yo le daría fuerza a eso porque ya estás hablando de cuatro personas, de dos copresidentes y dos covicepresidentes, ya son cuatro, dos mujeres y dos varones. Y que se les dé algunas facultades a los covicepresidentes, por lo menos legislativas, firmar los proyectos de ley.

La otra variante es que se decida, por una forma más dura, por la creación de una junta cívica o una junta cívico-militar. Algunos analistas en esta semana estuvieron hablando de una junta cívico-militar, pero me parece que es mejor que el Ejército continúe jugando su papel al margen de la política, entre comillas, porque estoy claro que se ha metido en política.

Pero, viendo hacia el futuro, es preferible que sea una junta cívica, que reúna a distintas figuras de la oposición y que incluso pueda considerar a alguna figura del sandinismo histórico. Le mete más discusión a una reforma constitucional pasar de la copresidencia a una junta de gobierno. También, me parece que si las elecciones van a ser para presidente y vicepresidente de la República, y para una Asamblea Nacional, que a la vez tenga carácter constituyente, es innecesario meterse a tocar la cuestión de la copresidencia y eliminarla porque solo va a dilatar unos meses.

Una reforma para adelantar elecciones

Tendría que ser una reforma constitucional que considerara adelantar las elecciones para noviembre del 2026, y no dejarlas para noviembre del 2027, como están ahorita. Y, además, tendrían que devolverle a la Asamblea Nacional las facultades de poder nombrar a esos nuevos copresidentes y esos nuevos, que nunca han existido, covicepresidentes.

Ahorita, la reforma constitucional que hicieron ellos fue tan dura que le quitó esas facultades a la Asamblea Nacional. Si ellos (Ortega y Murillo), como dice la Constitución, terminan su periodo por muerte natural o por renuncia, asume el poder en Nicaragua el presidente de la Asamblea Nacional con la obligación de convocar a elecciones en un periodo de 60 días, pero estaría de presidente de la República el presidente de la Asamblea Nacional. Es decir, la Asamblea Nacional no tiene la facultad de nombrar a esas dos personas o a esas cuatro personas conforme a la Constitución actual. Lo importante es que se vea la voluntad de ellos dos de apartarse del poder y envíen a la Asamblea Nacional la reforma y la renuncia, lo cual al menos puede abrir un periodo de negociación, mientras se aprueban en la Asamblea.

La «copresidencia» es una figura que los opositores han rechazado de plano.

Sí, la hemos rechazado porque eran ellos dos, y sobre todo por el poder que agarraba la Rosario. Ahora, es una figura que no existe en el mundo. Eso es cierto.

¿Usted sugeriría que se quede así?

No, solo que quede por estos meses. Y después, las elecciones que solo sean para presidente y vicepresidente, con una Asamblea Nacional que tenga las dos facultades: constituyente y legislativa, que hagan una nueva Constitución. Aunque la copresidencia no haya sido del agrado de la oposición, ha estado funcionando por año y medio, y, mal que bien, existe. Pudiera dar cierta pluralidad en Nicaragua, el hecho que esté un hombre y una mujer. No es una figura normal porque no existe en ninguna parte del mundo.

Ahora, si hay un consenso nacional, después de amplias discusiones, que a la renuncia de ellos siga mejor una junta de gobierno, pues que se hagan más reformas a más artículos de la Constitución y se cree una junta de gobierno cívica o, incluso, cívico-militar. Yo no me cierro a eso, pero me parece que con la copresidencia se puede ser tolerante y considerar que continúe la copresidencia, pero con otras dos personas, solo por unos meses.

¿Qué pasaría con el tema de la justicia? Mucha gente quiere que Ortega y Murillo sean enjuiciados.

Eso es bien importante, pero hay que dejarlo para más adelante, en el marco de la justicia transicional, como lo han señalado la ONU y la OEA, y que sea un tema de discusión en la nueva Asamblea constituyente electa en noviembre de 2026. Meter ese tema ahorita liquidaría cualquier tipo de negociación. No te digo que no sea un tema válido, pero es bien delicado.

Ni siquiera en el segundo diálogo, del 2019, se llegó a discutir, porque los Ortega Murillo se negaron a aceptarlo como punto de agenda, menos que lo vayan a discutir ahora. Con relación a la inmunidad, yo sería partidario que este tema se discuta en estas reformas parciales a la Constitución, ya sea que quede la inmunidad tal como está actualmente, que incluye el siguiente periodo de gobierno o lo que se decida en la negociación. Mi propuesta es que se abra una negociación o un diálogo nacional hasta que ya se hayan enviado estas reformas parciales a la Asamblea. Sin embargo, una gran cantidad de países tiene la inmunidad para el siguiente periodo de los exjefes de Estado. Los chilenos se tragaron a (Augusto) Pinochet hasta que se murió. Crearon la figura del senador Vitalicio y se la dieron a Pinochet. Y ya estaba la democracia en Chile.

Rosario Murillo, Daniel Ortega  Rafael Solís en una imagen de archivo, celebrando un 19 de julio.
Rosario Murillo, Daniel Ortega y Rafael Solís en una imagen de archivo, celebrando un 19 de julio. LA PRENSA/ ARCHIVO

Vida en el exilio

¿Cómo valora hoy su renuncia hace siete años y haber salido al exilio?

Sigo creyendo que fue correcta. Había una serie de razones que me impulsaron a tomar esa decisión. Algunas de esas razones siguen siendo válidas, sobre todo la respuesta que dieron ellos a las protestas de abril con un excesivo uso de la fuerza que llevaron a más o menos el estimado, alrededor de 350 muertos en Nicaragua. Después, la consolidación de todos los poderes en Daniel y en Rosario, argumentando que lo que se había producido era un golpe de Estado, me dieron la razón en ese momento y me la siguen dando al día de hoy.

¿Ha habido momentos en los que hubiese preferido no haber renunciado?

Se me ha venido a la mente, porque te digo, el exilio es duro. Aunque también consideré, además del exilio, la posibilidad de quedarme clandestino en Nicaragua cuando presenté la renuncia, visto retrospectivamente, era una mejor decisión la del exilio, porque si no lo más seguro es que todavía estuviera preso.

¿Cómo es el exilio de Rafael Solís?

Es un exilio con una añoranza. Me gustaba vivir en Nicaragua. Amo mi patria y me hace falta vivir allá. Por otro lado, la tristeza de ver que se ha endurecido todo, que se ha llegado a una situación bien difícil, en la que, si no es por estos últimos sucesos de Venezuela, la realidad es que ellos no estuvieran considerando, qué sé yo, pues, la posibilidad de buscar cómo enderezar su ritmo. Aunque, hasta ahora, solo están pensando en la libertad de los presos políticos. Siento que, a pesar de todo, ha valido la pena (el exilio).

¿Cómo le afectó el asesinato de Roberto Samcam?

Roberto era mi hermano y me afectó profundamente por la gran amistad que teníamos.

Pero ¿cómo vive después de lo de Samcam?

Fue una señal dura la que nos mandaron y trato de llevar mi vida tomando todas las precauciones.

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COMENTARIOS

  1. Hace 5 meses

    El Sr. Solís fue uno de los principales artífices del desmoronamiento de la democracia en Nicaragua (hizo todo lo posible para convertir la Justicia, desde su puesto como magistrado de la CSJ, en un instrumento político). Ahora, desde el exilio pretende dar opiniones sobre cómo se debe hacer la transición democrática en Nicaragua. De ninguna manera el marco constitucional vigente (donde existe la copresidencia) puede ser usado para dicha transición; lo que se tiene que hacer es un diálogo entre la oposición y el gobierno, en el que sólo se pacten elecciones observadas para elegir un gobierno de transición capaz de convocar una constituyente.

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