Los presos políticos y la puerta giratoria de las dictaduras de Nicaragua y Venezuela

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Solo 24 presos políticos y de conciencia, de los 62 que tenía registrados el Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas en Nicaragua, fueron excarcelados el 10 de enero con motivo del 19 aniversario de la segunda dictadura de Daniel Ortega. La que ahora ejerce de manera mancomunada con su cónyuge, Rosario Murillo, o quizás subordinado a ella como es la opinión de algunos observadores políticos.

El régimen excarceló a 24 presos políticos, pero en cambio encarceló a más de 60 personas entre el 3 y el 9 de enero, a estas porque expresaron en las redes sociales su alegría por la caída de Nicolás Maduro y su esposa y cómplice, Cilia Flores. A este perverso procedimiento represivo los entendidos lo llaman “puerta giratoria”, porque mientras unos salen otros entran al mismo tiempo. De esa manera los dictadores de Nicaragua se burlan del Gobierno de Estados Unidos, que les ha exigido poner en libertad a todos los presos políticos.

Hay que recalcar que los excarcelados no han sido dejados en libertad. Han salido de la cárcel, pero han quedado sujetos a restricciones policiales y siguen privados de sus derechos ciudadanos. Sin embargo, la dictadura falazmente dijo que los dejó en libertad para “promover la unión familiar” de los nicaragüenses.

Las dictaduras son todas iguales, en el fondo, aunque haya diferencias formales entre ellas. Por eso en Venezuela ha ocurrido lo mismo que en Nicaragua, con la salida de la cárcel de los presos políticos, que en ese país son alrededor de mil porque su población es cuatro o cinco veces mayor que la de Nicaragua.

El régimen de Venezuela dice que ha excarcelado a 116 presos políticos, pero el organismo social independiente Foro Penal asegura que solo han sido 41, pese a que la dictadura se comprometió a liberarlos a todos después del ataque militar de EE. UU. Y además, tampoco han sido liberados, solo excarcelados. Incluso a la abogada defensora de derechos humanos, Rocío San Miguel, quien tiene la doble nacionalidad venezolana y española, la sacaron de la cárcel, pero ha sido obligada a guardar silencio. A mantenerse callada en España, a donde viajó inmediatamente, pues de lo contrario sus familiares en Venezuela serán reprimidos por la dictadura, que sigue en pie, aunque sin Maduro.

La izquierda española ha sido cómplice de la dictadura de Venezuela y encubridora de sus crímenes, desde el tiempo del difunto Hugo Chávez. Pero ahora se está atribuyendo el supuesto “mérito” de haber intermediado “durante años” por la libertad de los presos políticos. Y el más descarado es el expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero, reconocido operador político internacional de la dictadura bolivariana que ha remunerado sus servicios jugosamente.

La dictadura de Venezuela y sus agentes internacionales han querido engañar hasta al presidente estadounidense, Donald Trump, quien dijo en su red social que “Venezuela está liberando grandes cantidades de presos políticos como señal de que están ‘buscando la paz’ (…) por esta cooperación he cancelado la segunda oleada de ataques esperada y parece que no será necesaria”.

El presidente Trump es sin duda el gobernante más poderoso del planeta. Pero al parecer no conoce las mañas de la izquierda radical o revolucionaria, y su capacidad de maniobrar, de mentir, de engañar y de estafar. Y que contra viento y marea sigue sosteniendo sus dictaduras en Venezuela, Cuba y Nicaragua.

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