Tal como se esperaba por lo que indicaban todas las encuestas, el candidato de la derecha, José Antonio Kast, ganó la elección presidencial del domingo 14 de diciembre en Chile. Esta fue la última de las seis elecciones presidenciales y parlamentarias para elegir jefe de gobierno que hubo este año en América Latina y el Caribe, todas con la victoria de la derecha democrática.
En realidad, la izquierda de la región venía en ascenso desde hace más de dos décadas, sobre todo ganando elecciones, hasta que este año perdió todas en las que participó.
Al respecto, el medio internacional Connectas (Plataforma Periodística para las Américas) dice en un artículo titulado Make Latam Great Again: el año en que la región giró a la derecha, que “a principios de siglo varios izquierdistas ganaron el poder en Latinoamérica en lo que se llamó la “marea rosa”. Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Lula da Silva en Brasil, el kirchnerismo en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet en Chile, José Mujica en Uruguay… A los que debemos agregar a Daniel Ortega en Nicaragua, que fue omitido por el medio citado.
Según Connectas “algunos (presidentes de izquierda), como Bachelet o Mujica se transformaron en referentes positivos, otros derivaron al autoritarismo, como Chávez en Venezuela (y Ortega en Nicaragua). O terminaron perseguidos por la justicia, como Correa, hoy refugiado en Bélgica, o Morales, investigado por trata de personas en Bolivia”. Entre los que se debe agregar a Luis Arce, sucesor de Evo Morales en Bolivia, quien apenas terminó su mandato presidencial y perdió la inmunidad, fue encarcelado por la acusación de corrupción.
En efecto, la izquierda perdió las elecciones en Ecuador el 13 de abril de este año; el 25 de mayo en Surinam; el 1 de septiembre en Guyana; el 19 de octubre en Bolivia; el 30 de noviembre en Honduras, y, por último, el 14 de diciembre en Chile.
Además de esas derrotas electorales de la izquierda en este año, en Venezuela el dictador izquierdista Nicolás Maduro perdió de manera contundente la elección presidencial del 24 de julio de 2024. Sin embargo, no reconoció su derrota electoral y por medio del terrorismo de Estado continúa usurpando el poder.
De igual modo, en Nicaragua, Daniel Ortega hubiera perdido las elecciones 2021 por su escaso apoyo popular. Él lo sabía, y para evitarlo encarceló a todos los precandidatos presidenciales opositores y posteriormente los desterró y despojó de su nacionalidad, igual que a muchos otros nicaragüenses opositores.
Sobre el porqué del avance electoral de la derecha en la región, y el consiguiente retroceso de la izquierda, los analistas hacen diversas interpretaciones. Pero lo más importante es que la democracia funcione, o que siga funcionando, independientemente de que la izquierda o la derecha ganen las elecciones. Para lo cual es indispensable que tanto una como la otra respeten la economía de libre mercado, el pluralismo político, el Estado de derecho, la separación de poderes y el conjunto de libertades y derechos que son los pilares de la democracia.
El artículo de Connectas concluye advirtiendo que el futuro de cualquier tendencia en el gobierno debe depender de su eficacia para mejorar las condiciones de vida de sus países, y que los votantes tengan la última palabra. Pero, además, que las sociedades permanezcan alertas “ante los peligros que representan para la democracia los extremismos ideológicos, tanto de izquierda como de derecha”.
Es una gran verdad. Por la experiencia histórica se sabe que la libertad y la democracia se pueden perder, y de hecho se pierden, cuando el poder político pasa de cualquier manera a manos de la derecha o la izquierda extremistas y autoritarias.