La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y Nicaragua

El pasado 5 de diciembre, el Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) dio a conocer su nueva Estrategia de Seguridad Nacional. En realidad, básicamente es la misma que EE. UU. ha venido ejecutando desde los tiempos de la Guerra Fría, pero con las modificaciones de rigor de acuerdo con las circunstancias geopolíticas globales de la actualidad. Y con el sello personal del presidente Donald Trump.

El documento de seguridad nacional está inspirado en las divisas supremas del presidente Trump, America First (Estados Unidos primero) y Make America Great Again (Hacer grande a Estados Unidos otra vez). Lo que, según opiniones de analistas estadounidenses, no significa que se pretende imponer la dominación permanente de EE. UU. en el mundo, sino crear un sistema global de relaciones centrado en la soberanía nacional, en el marco de las áreas de influencia de las distintas potencias.

O sea que EE. UU. reconoce las zonas de influencia históricas de Rusia y China, que a su vez deben respetar las de EE. UU., y de allí el “Corolario Trump” que rescata o actualiza el principio de la histórica Doctrina Monroe de “América para los americanos”. En este caso, América en el sentido continental no solo el nacional estadounidense.

En ese orden, dicen los expertos, la Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. responde a las circunstancias. Es pragmática y realista y por tanto flexible; y es principista, pero sin ser idealista. O sea que toma en cuenta la realidad y los intereses de EE. UU., pero también las distintas realidades y sobre todo las circunstancias económicas.

Cabe señalar que en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. no se menciona a Nicaragua. Lo cual se entiende porque este país —aunque para los nicaragüenses sus problemas sean enormes— no figura entre las prioridades estadounidenses.

No obstante, en una información de LA PRENSA sobre el documento de Seguridad Nacional de EE. UU., publicada el lunes 8 de diciembre, algunos expertos han opinado que “aunque Nicaragua no aparece nombrada de forma expresa en la estrategia, la hoja de ruta estadounidense define a América Latina como un terreno prioritario para frenar la expansión geopolítica de actores externos, principalmente China, Rusia e Irán. El documento activa la lógica de la Doctrina Monroe mediante lo que denomina el Trump Corollary, una reinterpretación que busca retomar el control estratégico del hemisferio”.

En efecto, el Corolario Trump proclama que, “tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio».

Obviamente hay allí un claro mensaje a Rusia y sobre todo a China, cuya influencia ha avanzado audazmente en América Latina y el Caribe, sobre todo en países dominados por dictaduras, como Nicaragua, desafiando la histórica hegemonía estadounidense.

Finalmente, también es importante mencionar que en su nueva Doctrina de Seguridad Nacional, EE. UU. declara enfáticamente que “la diplomacia estadounidense debe seguir defendiendo la democracia genuina y la libertad de expresión”. Lo cual es relevante cuando por algunas de sus acciones políticas controversiales se dice que el presidente Trump está socavando los pilares de la democracia que incluyen sobre todo las libertades de expresión y de prensa.

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