La insigne dirigente democrática venezolana, María Corina Machado, no pudo recibir personalmente el Premio Nobel de la Paz 2025 que le fue otorgado en reconocimiento a su infatigable, heroica y ejemplar lucha por la libertad, vale decir también por la paz que se debe sostener en los pilares de la justicia y la democracia.
En lugar de María Corina recibió el premio su hija, Ana Corina Sosa Machado, quien además leyó el texto del discurso preparado por su madre para la magna ocasión. Un discurso que es una pieza de antología sobre la libertad, la que María Corina desea con vehemencia y por la que lucha para Venezuela y todos los países sometidos a regímenes autoritarios, como Nicaragua.
“Si queremos tener democracia —dijo María Corina— debemos estar dispuestos a luchar por la libertad. La libertad se conquista cada día, en la medida en que estemos dispuestos a luchar por ella. Esa es la razón por la cual la causa de Venezuela trasciende nuestras fronteras. Un pueblo que elige ser libre no solo se libera a sí mismo, sino que contribuye con toda la humanidad. Solo es posible alcanzar la libertad cuando decidimos no vivir de espaldas a nosotros mismos; cuando afrontamos la verdad, por dura que sea; cuando el amor a lo que realmente importa nos inspira el coraje necesario para perseverar y prevalecer. Solo al alcanzar esa coherencia interior, esa integridad vital, logramos estar a la altura de nuestro destino. Solo entonces llegamos a ser quienes realmente somos y podemos vivir una vida que valga la pena vivir”.
El hermoso y emotivo discurso de María Corina sobre la libertad ha sido publicado íntegramente por LA PRENSA, en su sección de Opinión. Por tanto, no vamos a citar más su poderoso contenido que emocionó profundamente a las personas presentes en la ceremonia de premiación, y a todas las que lo escucharon a través de las redes sociales y demás medios masivos de comunicación universal.
Lo que podemos agregar, y debemos decir, es que este discurso de María Corina merece ocupar un sitio junto a otras grandes piezas oratorias acerca de la libertad que figuran en libros de historia de las ideas políticas.
Nos referimos a discursos inmortales como el Give me liberty, or give me death! (¡Dadme la libertad o dadme la muerte!), que manifestó el padre de la patria de Estados Unidos (EE. UU.), Patrick Henry, en 1775, cuando los pueblos de las colonias norteamericanas luchaban fieramente para liberarse de la dominación colonial inglesa.
O el Discurso de Gettysburg pronunciado en 1863 por el presidente de EE. UU., Abraham Lincoln, durante la guerra civil que puso fin a la esclavitud, en el que vinculó la libertad con la igualdad y proclamó que EE. UU. fue “concebido en libertad”.
También está I Have a Dream, que pronunció Martin Luther King Jr. en 1963, durante la Marcha sobre Washington por los derechos civiles; discurso que es considerado como el más importante del siglo XX en la lucha por la libertad y la igualdad de derechos de las personas, cualquiera que sea su raza, color de piel o condición social.
También figura entre los más memorables discursos de la historia sobre la libertad el que pronunció en 1987 el presidente de EE. UU., Ronald Reagan, en Berlín, Alemania: Tear down this wall! (¡Derribad este muro!), en el que denunció que el Muro de Berlín no solo representaba la división alemana sino también la falta de libertad en la Alemania del Este y demás países comunistas de la órbita soviética. Y exigió que fuese derribado, como en efecto lo hizo el mismo pueblo en 1989.
También está inscrito en la historia el Discurso de las Cuatro Libertades, del presidente de EE.UU., Franklin D. Roosevelt, que pronunció en 1941 durante la II Guerra Mundial. En este discurso Roosevelt proclamó como derechos fundamentales y universales las libertades de expresión, de religión, de toda necesidad y del miedo a la opresión, sentando así los fundamentos doctrinarios de la Carta de las Naciones Unidas.
Y no podría faltar un discurso histórico de mujer, en este caso de la también norteamericana Emmeline Pankurst, conocido como Liberty or Death (Libertad o Muerte). En esa alocución Emmeline abogó por el derecho al voto femenino y comparó la lucha por los derechos de las mujeres con la lucha épica que se libró a finales del siglo 18 por la independencia de los Estados Unidos y la libertad de los estadounidenses.
En realidad, desde los remotos tiempos cuando unos hombres comenzaron a esclavizar a otros, y surgió la sociedad esclavista, muchos esclavos lucharon por su libertad y sus líderes los arengaban a luchar hasta dar la vida por conquistarla. Como lo hiciera Espartaco, el legendario esclavo originario de Tracia que lideró una poderosa rebelión de esclavos contra el imperio romano en los años 73 a 71 antes de Cristo. Lamentablemente no era posible registrar por escrito lo que Espartaco decía a sus compañeros para conducirlos a la lucha libertaria y animarlos al sacrificio.
Finalmente, es importante tomar nota de que todos los discursos famosos e históricos sobre la libertad que hemos mencionado fueron pronunciados por personalidades eminentes de EE. UU.
Es que no en balde desde su fundación siempre se ha dicho que EE. UU. ha sido un ejemplo de la libertad y de la necesidad de luchar por ella. Y ojalá que lo siguiera siendo, a pesar de las fuertes tentaciones autoritarias propias de los tiempos actuales.