La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha manifestado que con la celebración este 10 de diciembre del Día de los Derechos Humanos se “busca reafirmar los valores de los derechos humanos y mostrar que siguen siendo una apuesta ganadora para la humanidad”.
Con esta reflexión la ONU reconoce que los derechos humanos están en declive en el mundo actual, como lo han advertido los centros de investigación política, especialistas y organismos que cultivan la doctrina de los derechos humanos y promueven su respeto.
El respeto a los derechos humanos es un elemento esencial del sistema democrático de gobierno. De manera que donde la democracia ha claudicado o está en retroceso —por el asedio de los autoritarismos, las dictaduras, los populismos, la indiferencia política ciudadana y la criminalidad organizada y transnacional—, allí también los derechos humanos no son respetados. Por el contrario, son tratados como obstáculos por quienes quieren ejercer su poder de manera expedita, sin molestias de ninguna clase.
Según manifiesta la ONU, actualmente la humanidad vive “tiempos convulsos e impredecibles… en los que muchas personas sienten una creciente sensación de inseguridad, desencanto y alienación”. Por lo que es importante aprovechar la celebración del Día de los Derechos Humanos para “reafirmar los valores de los derechos humanos y mostrar que siguen siendo una apuesta ganadora para la humanidad”.
Ahora bien, si muy lamentable es que los derechos humanos estén a la defensiva hasta en países que históricamente han sido baluartes de la libertad y la democracia, mucho peor es la situación donde los derechos humanos ni siquiera existen de hecho ni de derecho, como es el caso de Nicaragua. De manera que en este país la lucha por la libertad y la transición a una nueva democracia lo es también para restablecer la vigencia legal, política y práctica de los derechos humanos.
No es por casualidad que la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo borró de la Constitución de Nicaragua el reconocimiento como leyes nacionales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y demás tratados internacionales sobre los derechos fundamentales. Pero, como es característico de todos los Estados autoritarios y totalitarios, la Constitución de la dictadura menciona los derechos de los nicaragüenses, sin embargo es una falacia porque en la práctica no los reconoce y menos que los respete.
Hay una interdependencia intrínseca de los derechos humanos con la libertad y la democracia que incluye los principios y normas del Estado de derecho. Esto ha sido confirmado y realzado en este año, cuando el Premio Nobel de la Paz le ha sido otorgado a la dirigente política venezolana, María Corina Machado, por su incansable, abnegado y ejemplar liderazgo de la lucha para poner fin a la dictadura de su país.
Una lucha que, como ella misma lo ha dicho, lo es también por la libertad, la democracia y los derechos humanos en Nicaragua y en Cuba.