El liberalismo nicaragüense: cómo una idea democrática fue secuestrada por quienes nunca fueron liberales

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

El liberalismo nicaragüense ha sido satanizado por quienes nunca fueron liberales. En Nicaragua, la palabra “liberalismo” carga una mala fama que no proviene de las ideas liberales, sino de quienes las manipularon para hacer negocios, pactos o clientelismo.

No es un secreto que figuras como Arnoldo Alemán, Wilfredo Navarro, Enrique Quiñónez, Byron Jerez, entre otros, vaciaron de contenido moral y ético al liberalismo, reduciéndolo a un vehículo de corrupción y prebenda.

Tampoco es secreto que líderes como Eduardo Montealegre o estructuras como las que encabezó Kitty Monterrey adoptaron una postura más conservadora que liberal: rígida, poco inclusiva, centrada en élites y sin conexión real con los valores que el liberalismo moderno defiende como lo es el pluralismo real, la democracia interna de partido, instituciones que rinden cuentas, derechos individuales y un Estado de derecho que limite el poder de las cúpulas.

Ese liberalismo no representó a la gente. Representó apellidos, pactos, cálculos y cuotas de poder. Por eso, cuando hoy se intenta reconstruir una alternativa liberal con una raíz sobre la base de la participación cívica, ética y conectada con el 2018, el rechazo automático de algunos sectores es comprensible, pero no justo. Están castigando a las actuales generaciones por los pecados de los caudillos de ayer.

Hay que decirlo: Que haya habido corruptos antes no es excusa para no levantar hoy una fuerza democrática organizada.

Esa herida histórica tiene un efecto político profundo: muchas personas rechazan la palabra “liberal” sin conocer la idea. Y rechazan cualquier intento de reconstruir una opción liberal democrática porque aún no han sanado la traición de los caudillos de antes. Pero es un error político castigar a las nuevas generaciones por los pecados de esa élite.

Hoy existe un esfuerzo distinto, una reconstrucción del liberalismo basada en principios cívicos, ética, políticas modernas y conexión con la ciudadanía que despertó en 2018. Pero incluso cuando se intenta refundar la corriente con transparencia, estructura y visión, aparece el reflejo nacional de sospecha: “esto ya lo vivimos”, “eso es lo mismo”, “seguro vienen a robar”.

Esa reacción nace del trauma, no de un análisis a consciencia. Sin embargo, ese trauma no puede ser excusa para impedir el surgimiento de alternativas democráticas sólidas.

Un país como Nicaragua, tan golpeado por el autoritarismo, la pobreza y la impunidad, necesita urgentemente una corriente que defienda la libertad individual, el emprendimiento ciudadano, instituciones fuertes y transparentes, la justicia sin impunidad, separación real entre partido y Estado, competencia política sana y alternancia garantizada.

Ese es el liberalismo moderno. El que existe en Canadá, Alemania, Chile, Uruguay. El que sirve de contrapeso a los autoritarismos. El que en Nicaragua nunca fue permitido.

Hoy la tarea que Ruta por el Cambio está ejecutando es difícil, pero necesaria y llena de significado: rescatar la palabra para rescatar la idea; rescatar la idea para rescatar el país.

Una democracia robusta necesita diversidad ideológica: izquierda democrática, centro democrático, liberalismo democrático. No necesitamos unanimidad; necesitamos equilibrio político. Y sin una corriente liberal moderna, Nicaragua queda coja.

La dictadura quiere exactamente eso, una oposición sin proyecto, sin estructura ideológica y sin columna vertebral institucional.

Reconstruir el liberalismo es reconstruir una pieza clave del sistema político que la dictadura quiere mantener rota. Esa es la Ruta por el Cambio.

El autor es estratega en comunicación, activista en DDHH y director de la Fundación para el Desarrollo e Innovación Social (FDSI). 

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí