Uno de los efectos perversos de la dictadura —cualquier dictadura— es la infaltable y permanente presencia de presos políticos. No se puede concebir una dictadura sin presos políticos, porque son regímenes represivos de oficio y castigan ante todo con la cárcel a quienes de alguna manera se oponen.
Pero, además, al parecer los dictadores sienten un placer morboso y perverso teniendo personas presas políticas a su disposición, sometidas a sus caprichos y afán de venganza.
A veces la dictadura libera a algunos presos políticos, o mejor dicho los excarcela, porque siguen privados de sus libertades y derechos personales. Pero inmediatamente mete en la prisión a otras personas, o vuelve a encarcelar a las que excarceló. A ese mecanismo perverso los defensores de derechos humanos, activistas opositores y analistas políticos llaman “la puerta giratoria”, pues mientras unas personas salen de la cárcel otras entran al mismo tiempo o poco después. Inclusive a veces las mismas que fueron excarceladas las regresan a la prisión.
Hace unos días se supo que una veintena de presos políticos fueron excarcelados, no dejados en libertad, solo enviados a sus casas siempre privados de libertad. La noticia no se pudo verificar porque la dictadura no informa sobre estos asuntos y los excarcelados y sus familiares no hablan por temor a represalias. Sin embargo, personas cercanas a algunos de ellos confirmaron que en efecto al menos ya no están encerrados en la prisión.
Por su parte, el organismo social Mecanismo para el Reconocimiento de las Personas Presas Políticas informó el jueves 4 de diciembre que unas 62 personas opositoras y críticas con el régimen siguen encarceladas, incluidos 18 adultos mayores. Y un día después el Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) exigió públicamente a la dictadura que libere a todos los presos políticos. Lo hizo por medio de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, que es equivalente al Ministerio de Relaciones Exteriores de otros países.
«En estas fiestas (decembrinas) demasiados nicaragüenses verán en sus mesas asientos vacíos donde deberían estar sus seres queridos, mujeres y hombres detenidos injustamente o desaparecidos arbitrariamente por la dictadura Murillo-Ortega», señala la declaración del Gobierno de EE. UU. Y agregó: «Su dolor e incertidumbre son un recordatorio diario de la inhumanidad del régimen. Liberen ya a todos los presos políticos nicaragüenses. Los Estados Unidos están vigilando».
Según especulan analistas opositores, la reciente excarcelación de varios presos políticos que mencionamos antes fue resultado de la presión de EE. UU. o una señal que le envió el régimen para que la sanción que le van a imponer por las violaciones al tratado DR-Cafta no sean muy severas. Incluso se especula sobre la posibilidad de que haya negociaciones encubiertas, como cuando fueron liberados los 222 presos políticos y su destierro a EE. UU., en febrero de 2023.
Como sea, por elemental razón de justicia y derecho los presos políticos tienen que ser liberados, no solo excarcelados. Y este tiempo previo a la celebración de Navidad es propicio para presionar a la dictadura que los libere.
Dentro de Nicaragua no hay ninguna posibilidad de movilizaciones ciudadanas por la libertad de los presos políticos. Pero la comunidad internacional puede y debe presionar, como lo está haciendo el Gobierno de EE. UU. El objetivo mínimo inmediato debería ser que para la próxima Navidad no haya ni una sola persona presa política en las cárceles de Nicaragua. Eso sería lo menos que se podría arrancar a la dictadura, por ahora.