Fachada de la iglesia de Cristo Rey, también conocida como San Blas. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETE
El misterioso templo de Granada que se pierde en el olvido
En un pueblito cercano a Granada, como sacado de una película del Oeste, entre el polvazal y la desidia, se resiste al tiempo una joya arquitectónica que seguramente no conoces
Hoy, quien llega a este pueblo encuentra un paisaje detenido en el tiempo. Aún permanece en pie la vieja estación del tren y, por momentos, uno siente que camina por las profundidades de una zona rural. Sin embargo, a escasos metros pasa la carretera que conduce a Granada, recordando la cercanía con lo moderno y lo cotidiano.
A pocos pasos del caserío emergen las ruinas de un majestuoso templo que en su época fue motivo de orgullo para los fieles católicos de la región: la iglesia de San Blas, una joya arquitectónica que agoniza lentamente.
En la década de los cincuenta, una misionera de la Congregación Salesiana llegó a la comunidad de San Blas para evangelizar a sus habitantes. Sor María Soledad, más allá de su misión pastoral, quedó profundamente enamorada de este pequeño poblado que prosperaba entre cultivos de algodón y maní. La comunidad tenía conexión ferroviaria y sus habitantes vivían de la agricultura y la ganadería.
Sor María comenzó impartiendo catequesis a los niños, pero pronto advirtió la ausencia de un templo. Decidió entonces impulsar la construcción de uno, no cualquier templo, sino uno digno, hermoso y con detalles arquitectónicos de la época. El principal obstáculo era la falta de fondos. La religiosa empezó a solicitar apoyo a familias pudientes de Granada, y el 25 de abril de 1956 se colocó la primera piedra.
Así nació la iglesia de Cristo Rey, una obra exigente cuya construcción contó con la mano de obra de los pobladores y de jesuitas que se solidarizaron con el proyecto de Sor María. Ella supervisaba a diario el avance de los trabajos. La iglesia de San Blas, también conocida como la Catedral Rural por su similitud con la Catedral de Granada, se convirtió en centro espiritual de las comunidades de San Blas, La Bolsa, El Reparto y El Capulín.
Con el inicio del nuevo siglo, en julio del año 2000, el templo sufrió sus primeros daños estructurales. Un terremoto sorprendió a los habitantes de Masaya al mediodía del 6 de julio, con una magnitud de 5.6 grados en la escala de Richter y epicentro en el Valle de la Laguna de Apoyo. Al día siguiente ocurrió otro sismo de 5.2 grados, registrado alrededor de las 6:00 de la tarde.
Ambos movimientos afectaron severamente la iglesia de San Blas y varias viviendas vecinas. Desde entonces el templo dejó de utilizarse para las celebraciones eucarísticas, y con el paso del tiempo su deterioro ha sido inevitable. Su restauración requeriría una inversión considerable, pero hasta ahora las autoridades culturales no han mostrado interés en rescatarla.
A pocos metros se construyó un templo más pequeño y humilde para la comunidad, donde los feligreses observan, con cierta ironía y tristeza, cómo se desmorona lo que alguna vez fue el orgullo espiritual de San Blas.
La entrada principal está severamente deteriorada; se observan grietas que dejan expuestos los materiales de construcción utilizados. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETEAsí lucía la iglesia de Cristo Rey, orgullo de los habitantes de San Blas y de las comunidades cercanas. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETELa antigua Estación del Ferrocarril, que era la penúltima parada cuando venía de Managua hacia su destino final en Granada. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETEUna postal del humilde pueblito de San Blas, una comunidad en el olvido, al igual que su iglesia. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETESor María Soledad Dávilagaribi González nació en Guadalajara, México, el 19 de febrero de 1918 y falleció en Granada el 6 de agosto de 2004, a los 86 años. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETEEl órgano original del templo, donado por sor María Soledad, luce añejo y abandonado en un rincón de San Blas. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETEFachada del altar mayor de la iglesia de San Blas, donde se celebraba la eucaristía y los pobladores acudían con devoción. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETELa cúpula sobre el altar mayor, con sus ventanales que iluminan el área. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETEDetalle de la fachada norte de la iglesia de San Blas, donde se observan puertas y verjas originales dentro de los arcos. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETELa iglesia está severamente dañada, al igual que las torres del campanario, que podrían colapsar en cualquier momento. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETELos dos sismos de julio del 2000 dañaron gravemente el templo, dejando abiertas las “venas” de su construcción. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETEInterior de la entrada principal de la iglesia Cristo Rey. En la parte superior, el coro musical acompañado del órgano y otros músicos amenizaban los oficios religiosos. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETETodo lo que se observa en esta imagen es original desde su construcción; el respeto y afecto hacia el templo lo han mantenido intacto y nunca ha sido vandalizado. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETELa Catedral Rural es una versión pequeña y similar a la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, de La Gran Sultana. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETEFachada donde se aprecia la cornisa, las ventanas redondas, el arco con sus verjas y las puertas originales que han sobrevivido al paso del tiempo. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETEDesde hace un cuarto de siglo no se celebran oficios religiosos en esta iglesia, considerada una excelente obra arquitectónica. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETELas puertas originales del templo tienen grabados los nombres de las personas que contribuyeron económicamente a su edificación. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETEUna vecina de San Blas reza en la pequeña capilla construida junto a la primera iglesia. Cada vez que acuden, observan con nostalgia lo que fue su orgullo hace 25 años. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETEFachada lateral de la iglesia Cristo Rey, que cerró sus puertas en el año 2000. Sor María Soledad le dijo a una feligresa que, si tuviera su juventud, la habría reconstruido. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETE
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