El resultado de las elecciones generales del domingo pasado en Honduras, con el categórico triunfo de la derecha democrática, tiene necesariamente un impacto muy importante en Nicaragua.
Para la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo, el impacto es netamente negativo. Con el ascenso de la derecha democrática al poder en Honduras, la dictadura pierde un aliado estratégico y queda más aislada en Centroamérica y Latinoamérica, y el Caribe en general.
También para la oposición nicaragüense, el triunfo de la derecha democrática hondureña tiene un sensible impacto, pero positivo por la misma razón que para la dictadura es negativo.
En realidad, independientemente de quién de los dos candidatos de la derecha democrática se adjudique finalmente el triunfo, cualquiera de los dos que resulte electo (Nasralla o Asfura) cuando el Consejo Nacional Electoral informe el resultado final del recuento de los votos, en enero próximo Honduras dejará de tener un gobierno izquierdista aliado de la dictadura de Nicaragua.
En efecto, el Gobierno de Honduras que durante los últimos cuatro años ha presidido Xiomara Castro de Zelaya, concluirá el 22 de enero de 2026 y a partir de esa fecha gobernará un presidente democrático de derecha. Lo cual cambiará la relación del gobierno hondureño con la dictadura de Nicaragua.
Hay que reconocer, en honor a la verdad, que el gobierno de Xiomara Castro y el partido Libre que fundó y dirige su esposo, Manuel (Mel) Zelaya, a pesar de ser izquierdista no llegó a ser una dictadura como las de Nicaragua, Venezuela y Cuba, aunque fuera su aliado en las relaciones bilaterales y en los foros internacionales.
Es cierto que durante el gobierno izquierdista, que terminará en enero próximo, fueron socavadas las instituciones democráticas hondureñas y sufrieron acoso la libertad de prensa y el periodismo independiente. Algo que, dicho sea de paso, ya venía sucediendo desde el anterior gobierno conservador de Juan Orlando Hernández, el mismo que acaba de ser indultado por el presidente de Estados Unidos (EE. UU.) y se asoció con la dictadura de Daniel Ortega, no por afinidad ideológica sino por intereses comunes.
Sin embargo, Xiomara Castro no pudo o no quiso radicalizar su gobierno izquierdista, lo que hubiera podido ocurrir en el siguiente periodo presidencial en el caso de que ganara las elecciones del domingo pasado, lo que afortunadamente no ocurrió.
Algunos analistas políticos consultados por LA PRENSA dijeron, para la información publicada este miércoles bajo el título “Cómo sería la relación del nuevo gobierno hondureño con el régimen de Daniel Ortega”, que la dictadura de Nicaragua perderá un aliado y se “enfriarán” las relaciones entre los gobiernos de los dos países vecinos. Además de razones ideológicas y políticas, según los analistas el “factor Trump” influirá fuertemente en el cambio de relaciones de Honduras con la dictadura de Nicaragua.
Pero en realidad son dos los severos golpes políticos consecutivos que ha recibido la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Aparte del de Honduras, la semana anterior también fue derrotado electoralmente el primer ministro izquierdista de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves. Este gobernó allí durante 25 años y llevó su apoyo y afecto a los dictadores nicaragüenses, al extremo de hacer el ridículo bailando en una plaza pública con la codictadora Rosario Murillo.
Por si faltaran más malas noticias para la dictadura nicaragüense, el próximo 14 de diciembre se realizará en Chile la segunda vuelta de la elección presidencial, en la que según todas las encuestas el abanderado de la derecha, José Antonio Kast, derrotará a la candidata comunista Jeannette Jara.
De manera que, ya sea por el “efecto Trump” o por su propio desgate y el crecimiento de la conciencia democrática de la gente, la izquierda está perdiendo espacios en América Latina y el Caribe, y la dictadura de Nicaragua (igual que las de Venezuela y Cuba), está quedando cada vez más aislada.
Esto es alentador para los nicaragüenses que, en condiciones muy difíciles, luchan por recuperar la libertad y la democracia con la esperanza de no volverlas a perder jamás.