Nicaragua, noticias de Nicaragua, Daniel Ortega, Rosario Murillo

Los dictadores de Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo. Al fondo, la fachada de la Asamblea Nacional. LA PRENSA.

Desde 2007, Costa Rica ha tenido seis presidentes y Honduras cinco. Nicaragua, solo la dictadura de Ortega

A diferencia de sus vecinos, Nicaragua permanece estancada bajo el mismo mando desde 2007, un período en el que las democracias centroamericanas han visto múltiples transiciones

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Mientras el dictador Daniel Ortega permanece en el poder desde 2007 —y ahora con su consorte Rosario Murillo—, países como Honduras y Costa Rica han tenido cinco y seis presidentes distintos, respectivamente. El contraste evidencia cómo la falta de democracia en Nicaragua también se refleja en la ausencia total de alternancia en el poder.

Honduras salió el domingo pasado de unos comicios que, hasta la publicación de esta nota, arrojan un empate técnico entre los candidatos Nasry Asfura y Salvador Nasralla, dejando en tercer lugar a la candidata oficialista Rixi Moncada.

«Los modelos democráticos se caracterizan no solamente por el pluralismo político y la sujeción de las autoridades al Estado de derecho, al marco constitucional y jurídico que garantiza las libertades y los derechos humanos, así como la protección de todas las personas que viven bajo ese sistema. También se distinguen por la alternancia en el ejercicio del poder y por la celebración periódica de comicios que se realicen con absoluto apego a las normativas existentes, con transparencia y con procesos realmente límpidos», señaló el especialista en relaciones internacionales Sergio Araya a LA PRENSA.

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En Centroamérica, la tentación de perpetuarse en el poder no ha sido exclusiva de Nicaragua. Honduras vivió un episodio similar cuando, en 2015, la Sala Constitucional del Poder Judicial abrió la puerta a la reelección presidencial y permitió que Juan Orlando Hernández buscara un segundo mandato, pese a que la Constitución hondureña lo prohibía expresamente. En El Salvador, Nayib Bukele siguió una ruta parecida al reinterpretar la Constitución mediante fallos a la medida.

Elecciones que se avecinan

El próximo 1 de febrero de 2026 se celebrarán las elecciones generales en Costa Rica, en las que participarán más de veinte candidatos. Debido a la prohibición constitucional de reelección continua, los costarricenses deberán elegir a un nuevo presidente en sustitución de Rodrigo Chaves. Aunque Chaves impulsa a su candidata Laura Fernández, quien se autoproclama continuadora de su línea política, lo cierto es que el mandatario deberá entregar el poder en mayo del próximo año.

Desde el retorno de Ortega al poder en 2007, por Costa Rica han pasado seis mandatarios, hasta la llegada de Chaves en 2022.

«En el caso de Nicaragua, es evidente que existen serias limitaciones y falencias. El sistema ha sido fuertemente cuestionado por organismos internacionales, porque si bien se han llevado a cabo elecciones, estas no gozan de procesos de transparencia ni de observancia que garanticen una competencia sana, pluralista y con una posibilidad genuina de alternancia en el poder», consideró Araya.

Sergio Araya, politólogo y especialista en relaciones internacionales costarricense. Foto: Cortesía / LA PRENSA.

Las relaciones con los mandatarios costarricenses y Ortega

Si bien con los mandatarios hondureños la dictadura Ortega Murillo ha tenido relaciones que van desde la cercanía hasta el desencuentro, es con los presidentes de Costa Rica con quienes el régimen ha protagonizado los choques más duros.

Óscar Arias Sánchez (2006–2010)
La relación inició marcada por tensiones. Arias denunció la deriva autoritaria de Ortega y lo acusó públicamente de manipular las instituciones nicaragüenses. Los desacuerdos fueron frecuentes en materia fronteriza y de seguridad.

Laura Chinchilla Miranda (2010–2014)
Fue el período más conflictivo. En octubre de 2010 estalló el conflicto por la invasión nicaragüense a isla Calero o Harbor Head, que llevó a un litigio ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Costa Rica acusó a Nicaragua de violar su soberanía y de causar daños ambientales. Chinchilla calificó el episodio como “una invasión militar”, mientras Ortega la acusó de estar “manipulada por intereses imperialistas”.

Luis Guillermo Solís Rivera (2014–2018)
Aunque Solís intentó moderar el conflicto, las tensiones persistieron. La CIJ falló a favor de Costa Rica en 2015 y 2018, confirmando la responsabilidad de Nicaragua por los daños en Harbor Head. Ortega mantuvo un tono confrontativo y acusó a Costa Rica de ser “un paraíso para el narcotráfico”, lo que provocó nuevas fricciones.

Carlos Alvarado Quesada (2018–2022)
La relación se deterioró aún más tras la represión de abril de 2018. Costa Rica denunció violaciones a los derechos humanos y el éxodo de refugiados nicaragüenses. Ortega acusó a Alvarado de “promover un golpe” y de impulsar “campañas mediáticas”. Fue una etapa marcada por el quiebre diplomático y la desconfianza regional.

Rodrigo Chaves Robles (2022–2026)
Chaves ha mantenido una retórica más ambigua. En 2022 criticó la falta de democracia en Nicaragua, pero con el tiempo suavizó su discurso, especialmente tras acercamientos con sectores empresariales. Ortega, sin embargo, no ha tenido una relación estable con Costa Rica. En múltiples actos lo acusó de “injerencismo” y de “alinearse con el imperio”, aunque sin choques directos como los de administraciones previas.

Laura Chinchilla, expresidenta de Costa Rica. LA PRENSA/Oscar Navarrete.

Amor y desconfianza con mandatarios hondureños

En los últimos veinte años, la relación de la dictadura con Honduras ha oscilado entre la afinidad ideológica y la confrontación. Con Manuel Zelaya —su aliado más cercano durante la era del ALBA— Ortega mantuvo un vínculo estrecho que incluso continuó tras el golpe de Estado de 2009, cuando Zelaya se refugió en Nicaragua. Esa cercanía se reactivó parcialmente con la llegada al poder de Xiomara Castro, aunque sin el peso estratégico de los años anteriores y más desde un enfoque pragmático.

El contraste con Porfirio Lobo fue lo opuesto. Su gobierno fue rechazado abiertamente por el sandinismo, que lo consideró ilegítimo. Honduras, por su parte, acusó a Ortega de interferencia.

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Ortega cultivó una relación inesperadamente cordial con Juan Orlando Hernández, a quien incluso llamó «hermano». Hernández fue el único jefe de Estado que asistió a la toma de posesión de Ortega y Murillo en enero de 2022. La cercanía se fortaleció con acuerdos bilaterales, pero se diluyó abruptamente tras su captura y posterior extradición a Estados Unidos por narcotráfico. Ortega guardó silencio y tomó distancia.

Daniel Ortega y Juan Orlando Hernández firmando un acuerdo limítrofe en octubre de 2021. Foto: Presidencia Nicaragua.

Centroamérica dividida

El especialista explicó que Centroamérica se encuentra dividida respecto a la visión de democracia y alternancia. Mientras Honduras atraviesa un proceso electoral y Costa Rica entra en un año preelectoral, el gobierno de Nayib Bukele ha erosionado la institucionalidad en El Salvador.

«Honduras y Costa Rica están en este proceso de elecciones. El Salvador, tristemente, comienza a asemejarse a esa visión del régimen Ortega Murillo, toda vez que el presidente Bukele está tratando, mediante reformas institucionales y jurídicas, de encontrar mecanismos para disminuir la posibilidad de alternancia y de competitividad, y de cubrir con una especie de ropaje de legalidad la posible continuidad de su proyecto y, particularmente, de sí mismo en el ejercicio del poder en El Salvador», señaló Araya.

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