Presos políticos son excarcelados pero continúan sin libertad

Según informaciones de LA PRENSA y otros medios independientes, el recién pasado sábado 29 de noviembre la dictadura excarceló a alrededor de cuarenta presos políticos de ambos sexos. Pero no los dejó en libertad, pues los devolvió a sus hogares con movilidad territorial restringida y controlados policialmente. Y además sin reconocerles sus demás derechos personales y humanos en general.

No obstante, su excarcelación es un hecho positivo en sí mismo, porque su nueva situación de excarcelados políticos, pero sin libertad, es mejor que estar encerrados y aislados en celdas inmundas, torturados sicológicamente y sin que sus familiares los pudieran ver ni llevarles regularmente provisiones de boca, ropa limpia y los medicamentos necesarios.

Esas personas presas políticas excarceladas, entre ellas un par de mujeres a quienes la dictadura ha castigado cruelmente por su fe religiosa y haber servido a la diócesis católica de Matagalpa, y personalmente al obispo Rolando Álvarez, aunque sin estar en verdadera libertad al menos están en sus casas, al lado de sus familias.

Los analistas políticos y mediáticos de la oposición especulan sobre los motivos de la dictadura para excarcelar a esas personas presas políticas. Unos dicen que es por temor a que la amenaza del Gobierno Estados Unidos (EE. UU.) de derrocar a la dictadura de Venezuela, se extienda a la de Nicaragua. Otros aseguran que es para tratar de evitar o suavizar la sanción estadounidense relacionada con la participación de Nicaragua en el Tratado de Libre Comercio DR-Cafta. También hay quienes dicen que es resultado de las presiones internacionales, incluyendo de EE. UU., en favor de la libertad de los presos políticos nicaragüenses.

Pero son conjeturas. Nadie puede conocer lo que hay en las mentes oscuras de los codictadores. Solo ellos (y quizás algunos de sus cómplices y asesores más cercanos) conocen realmente el motivo y la intención de excarcelar a los presos políticos, pero sin dejarlos en libertad.

En cualquier caso, lo más importante, viéndolo desde una perspectiva fundamentalmente humanista, es que los han sacado de la cárcel, que están en sus casas con sus familias, aunque su libertad y sus derechos humanos sigan conculcados por la dictadura.

Los organismos internacionales de derechos humanos califican como “detención arbitraria de hecho” a esta forma de privación de libertad. La consideran como la continuación de una persecución política sistemática, que al convertirse en un patrón represivo puede ser calificado y juzgado como crimen de lesa humanidad.

La libertad, hay que recordarlo y decirlo una y otra vez, consiste en la capacidad y posibilidad real de las personas de actuar por voluntad propia, tomando decisiones sin ser coaccionadas y siendo responsable de las consecuencias de esos actos. La libertad es un derecho inherente a las personas que les permite vivir de acuerdo con sus propias convicciones, respetando a los demás y en el marco legal establecido justamente en un Estado de derecho. Además, la libertad incluye derechos fundamentales como las libertades de expresión y de información, de religión y de asociación política y social, así como de elegir a sus gobernantes y representantes. Todo eso, y más, constituye la base de una sociedad auténticamente democrática, contraria a la que hay actualmente en Nicaragua, que es totalitaria. 

De manera que la “detención arbitraria de hecho”, cual es ahora la condición de las personas presas políticas que han sido excarceladas sin dejarlas en libertad, es otro crimen contra la humanidad que se suma a la larga lista de los cometidos por la dictadura de Ortega y Murillo. Los que han sido debidamente documentados por el Grupo de Expertos de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos en Nicaragua (GHREN), y por los cuales Ortega y Murillo y algunos de sus secuaces más cercanos han sido acusados en Argentina en aplicación del principio de la jurisdicción universal.

Reiteramos que, aunque esas personas presas política hayan sido excarceladas sin dejarlas realmente en libertad, nos satisface y alegra porque por lo menos ahora están en sus hogares junto a sus seres queridos.

Eso no contradice ni mengua la convicción de que esas personas, y en general todos los nicaragüenses, solo podrán ser libres cuando termine la dictadura y se abra el camino hacia la libertad y la democracia. El que ya se abrió una vez, en 1990, y algún día se volverá a abrir nuevamente.

El tiempo de Adviento es propicio para tener fe y esperanza en que eso ocurrirá. Como dijo monseñor Silvio Báez en su homilía del primer Domingo de Adviento, citando el Evangelio: “Nuestra salvación está más cerca (…), la noche está avanzada y se acerca el día”.

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