La libertad es indispensable para que haya democracia 

LA PRENSA informó este martes 18 de noviembre que el activista opositor nicaragüense y exprisionero político desterrado y despojado de su nacionalidad, Félix Maradiaga, fue elegido presidente del Congreso Mundial por la Libertad.  

Explica la información que el Congreso Mundial por la Libertad “es una alianza internacional de activistas prodemocracia, disidentes y representantes de movimientos de oposición al autoritarismo”. Y añade que la misión de este Congreso es “reunir voces de personas que están bajo regímenes autoritarios, en el exilio o en condiciones de represión, para coordinar esfuerzos, generar solidaridad transnacional y articular estrategias comunes de lucha por la libertad”. 

La elección de Maradiaga como presidente del Congreso Mundial por la Libertad es muy importante, porque ayudará a que la situación de Nicaragua, que sufre la peor dictadura de su historia y una de las más opresivas del mundo, se mantenga presente en la agenda internacional.  

Según el Congreso Mundial por la Libertad, el 70 por ciento de la población del mundo vive actualmente bajo gobiernos autocráticos. Y advierte que la lucha por la libertad es primordial, porque sin ella no puede haber democracia ni prosperidad social. 

La libertad, indicó el filósofo alemán Inmanuel Kant (1724-1804), es intrínseca del ser racional, le corresponde a la persona humana por su propia naturaleza y nadie se la puede quitar. 

En la misma época, los padres fundadores de Estados Unidos —la primera democracia en el mundo de la época moderna— consignaron en la Declaración de Independencia que todos los hombres son creados iguales y dotados de ciertos derechos inalienables “entre los que están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad…”  

Seguramente por eso el también filósofo, pero francés, Jean Paul Sartre (1905-1980), mucho tiempo después sentenció que los seres humanos están condenados a la libertad, o sea que aun estando en cautiverio la persona tiene la conciencia de ser libre.  

Muchos de los exprisioneros políticos de la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo han dado testimonio oral o escrito acerca de que aún en las horas más oscuras de su cautiverio se sentían mentalmente libres y con una irrevocable voluntad de luchar por la recuperación de la libertad del pueblo de Nicaragua.  

Ahora bien, para poder disfrutar la libertad de manera personal y colectiva se requieren determinadas condiciones, materiales, sociales, culturales y políticas. En primer lugar, la educación, porque sin ella el individuo no tiene conciencia de su libertad ni sabe cómo ejercerla y luchar por ella. Y necesita las instituciones que constituyen el marco jurídico y político mediante el cual la libertad deja de ser algo subjetivo y se convierte en una situación real y práctica. O sea, la democracia. 

Aplicada a la realidad de Nicaragua la fórmula es sencilla. Para que vuelva a haber democracia en el país los nicaragüenses primero tienen que ser libres, sacar del poder a la dictadura y conseguir la libertad. Seguramente ese es el objetivo fundamental y primario de todos los opositores, más allá de sus diferencias y contradicciones que son secundarias y tienen que dejarse a un lado. Hasta que llegue la oportunidad de resolverlas en las condiciones y con los procedimientos de la democracia.    

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