La OEA ante la nueva crisis del Caribe 

La primera crisis del Caribe ocurrió en octubre de 1962. La dictadura revolucionaria de Fidel Castro se había instaurado en enero de 1959 y en abril de 1961 se declaró socialista, marxista-leninista y aliada de la Unión Soviética. 

La Unión Soviética instaló armas atómicas en Cuba y eso fue percibido por Estados Unidos (EE. UU.) como una amenaza existencial, de manera que reaccionó imponiendo un bloqueo naval a la Isla y obligó a los soviéticos a retirar sus armas de destrucción masiva. A cambio EE. UU. se comprometió a no intentar más el derrocamiento de la dictadura comunista y se limitó a mantener y reforzar un embargo económico y comercial a la dictadura de Fidel Castro. Y así, sin mayores consecuencias, terminó la primera crisis del Caribe, la de 1962. 

Ahora se ha creado la segunda crisis del Caribe, que comenzó en agosto pasado cuando EE. UU. desplegó una enorme fuerza naval, aérea y humana de guerra frente a las costas de Venezuela. Desde entonces ha ejecutado unas veinte operaciones militares contra las llamadas narcolanchas de las organizaciones de narcotraficantes, a las que califica de terroristas y una amenaza directa y letal a la seguridad nacional estadounidense. 

Sin embargo, la dictadura venezolana y sus aliados ha denunciado que la verdadera intención de EE. UU. es promover un cambio de régimen político en Venezuela. Y ha movilizado una gran fuerza militar para enfrentar la supuesta “agresión del imperialismo yanqui”. 

Ahora bien, ante esta nueva crisis del Caribe ¿cómo ha reaccionado la Organización de Estados Americanos (OEA), que fue creada precisamente para resolver los conflictos regionales de manera negociada y pacífica? 

Cabe recordar que Venezuela no es miembro de la OEA, pues la dictadura de Nicolás Maduro la retiró en 2019 —igual que hizo la de Nicaragua en 2023—, acusándola de servir a los intereses y las políticas de EE. UU. e intervenir en los asuntos internos venezolanos.  

Sin embargo, la OEA no ha dejado de interesarse en la situación de Venezuela, a lo que está obligada por la Convención Americana de Derechos Humanos que es un tratado de derecho internacional del que siguen siendo parte tanto Venezuela como Nicaragua.   

Cabe recordar que cuando ocurrió la primera crisis del Caribe, en octubre de 1962, Cuba tampoco era miembro de la OEA pues había sido expulsada en enero de ese mismo año. Pero la OEA decidió que era su deber intervenir en la crisis y lo hizo a favor de EE. UU., “proporcionando un marco de apoyo regional a las acciones tomadas por Washington durante la crisis”.  

Ahora la OEA no se ha pronunciado sobre la nueva crisis del Caribe. No obstante, son muy significativas las declaraciones que al respecto ha dado el secretario general de la OEA, el diplomático surinamés Albert Ramdin, al periódico de España El País, publicadas el domingo 9 de noviembre. 

“Los activos navales de Estados Unidos siguen en aguas internacionales, por lo que nadie puede tener un problema con ello”, dijo Ramdin en términos muy diplomáticos. Y agregó: “No es el territorio de ningún país. Y no creo que ningún país se pueda oponer a la razón formal que Estados Unidos ha alegado, y que es con la que tenemos que trabajar: que lucha contra el crimen internacional organizado. No he oído a ningún país decir que eso no sea algo positivo, porque el narcotráfico es una de las grandes lacras que padecemos en este hemisferio”. 

Es obvio que el secretario general de la OEA respalda las acciones militares de EE. UU. en el Caribe, aunque no lo diga expresamente. Pero no ha habido una declaración oficial de la OEA y ni siquiera se sabe si la habrá.  

En todo caso, la nueva crisis del Caribe tiene en ascuas a la región, a la espera de un desenlace que podría significar el fin de la dictadura venezolana o su afirmación en el poder, como ocurrió con Cuba comunista en 1962 con la primera crisis del Caribe. 

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