Con la liberación de Venezuela, Nicaragua también se podría liberar 

La máxima dirigente de la oposición democrática de Venezuela, María Corina Machado, asegura que la liberación de su país traerá también la libertad a Nicaragua y Cuba. 

Machado permanece en Venezuela, pero vive y actúa políticamente en la clandestinidad desde las elecciones presidenciales de julio 2024, que las ganó ampliamente el candidato opositor Edmundo González, pero el dictador Nicolás Maduro no reconoció la voluntad popular electoral y sigue aferrado al poder sostenido por una cruda represión. 

Machado, quien por sus méritos políticos y personales fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz 2025, intervino por internet en el America Bussines Forum que se realizó en Miami el martes de esta semana, en el que también participó presencialmente el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump.  

En su presentación Machado aseguró que la liberación de Venezuela está muy cerca y que las presiones del gobierno estadounidense son la clave para lograr la transición democrática en su país.  

La líder opositora de Venezuela expresó que “Nicolás Maduro no es un jefe de Estado legítimo, es el jefe de la estructura narcoterrorista (el Cártel de los Soles) que realiza una guerra contra el pueblo venezolano». De modo que según ella es correcta la estrategia del presidente Trump de “considerar a los cárteles del tráfico de drogas como organizaciones terroristas transnacionales”, y combatirlos militarmente. 

La suposición de que la caída de la dictadura de Venezuela arrastraría a las tiranías de Nicaragua y Cuba se basa en la tesis de que ese tipo de regímenes forman una cadena que en determinadas condiciones se rompe en su eslabón más débil. Y al romperse uno, los demás se sueltan como por añadidura. Eso fue lo que ocurrió a finales de los años ochenta del siglo pasado, cuando colapsó la Unión Soviética y tras ella se derrumbaron los demás Estados comunistas de Europa del Este. 

En realidad, es cierto que las dictaduras de Venezuela, Nicaragua y Cuba están interconectadas. Sus mismos líderes dicen que son revoluciones hermanas unidas por fuertes vínculos ideológicos, históricos y políticos. Los cabecillas de los tres regímenes comparten una visión política común inspirada en el socialismo autoritario, se apoyan mutuamente en los foros internacionales y usan la misma retórica política antimperialista, particularmente antiestadounidense. 

Pero la predestinación histórica no existe. Nadie podría asegurar con certeza que al caer una de las tres dictaduras de América Latina y el Caribe, las otras dos también caerían de manera automática. Lo que sí es probable es que por la estrecha interdependencia que hay entre ellas, por las presiones exteriores, incluyendo las sanciones y la hostilidad patente del Gobierno de EE. UU. que sigue ejerciendo gran influencia política en el hemisferio occidental, es plausible (por elogiable y factible) el planteamiento de María Corina Machado de que cayendo la dictadura de Venezuela caería también la de Nicaragua.

En conclusión, la caída de la dictadura de Venezuela no garantiza que las tiranías de Nicaragua y Cuba caigan también con ella. Pero sí podría facilitarla o precipitarla. Y por el bien de nuestros pueblos ojalá que así ocurriera. 

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