Mito y realidad del bloqueo o embargo de EE. UU. a Cuba 

Este martes 28 de octubre fue presentado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) el proyecto de resolución titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba”. Dicho proyecto, que es prácticamente el mismo del año pasado y de todos los años anteriores, desde 1992, es votado y aprobado por amplia mayoría este miércoles 29.  

Con el paso de los años la resolución de la ONU contra el supuesto bloqueo o embargo económico de EE. UU. a Cuba ha venido sumando más respaldos y el año pasado fue aprobada por 187 países, de los 193 que integran la ONU y de los 190 que estuvieron presentes en la votación. Solo EE. UU. e Israel votaron en contra y Moldavia se abstuvo.  

Decimos supuesto embargo o bloqueo económico de EE. UU. a Cuba, porque en realidad es más un mito político que una realidad. Las sanciones a Cuba fueron contundentes cuando EE. UU. las comenzó a imponer en 1960, como represalia por las confiscaciones de propiedades y otros bienes estadounidenses realizadas por la revolución comunista de Fidel Castro.   

Ahora tales sanciones son más simbólicas que reales y efectivas, pero al régimen cubano le sirven para justificar el fracaso del sistema comunista, del cual culpa a EE. UU.  

En su alegato el régimen comunista asegura que solo en el período de marzo de 2024 a febrero de 2025 el bloqueo le provocó pérdidas materiales a Cuba, estimadas en 7,556 millones de dólares, un aumento del 49 por ciento respecto a igual período anterior. Este incremento —se dice en una publicación oficial cubana— se debe principalmente a la caída de ingresos por exportaciones y a la persecución financiera que obstaculiza las transacciones internacionales. 

Con una opinión contraria, el politólogo cubano exiliado Frank Calzón asegura que “gran parte de lo que el gobierno de Cuba llama bloqueo es mentira, EE. UU. le vende a Cuba todo lo que necesita, pero le exige que el pago sea al contado”. 

En realidad, Cuba tiene libertad de comerciar con cualquier país del mundo y si no lo hace es porque no tiene productos adecuados para ofrecer ni suficiente dinero para comprar. El Observatorio de Complejidad Económica del Instituto Tecnológico de Massachusetts, EE. UU., ha informado con el respaldo de datos oficiales que en el año 2022 Cuba exportaba a China el 39.9 por ciento de sus productos y bienes exportables, seguido por España con el 13 por ciento, Alemania 5.48 por ciento, Portugal 4.06 por ciento y Suiza 3.88 por ciento. Y en cuanto a las importaciones, Cuba las obtenía principalmente de España, con el 23.2 por ciento, China 11.5 por ciento, Estados Unidos 9.71 por ciento, Brasil 8.27 por ciento y Países Bajos 6.41 por ciento, entre otros. 

Explica el informe mencionado que algunas de las principales exportaciones de Cuba son: tabaco, azúcar, bebidas alcohólicas, níquel y zinc. Mientras que entre las principales importaciones figuran la carne de pollo, trigo, maíz y leche concentrada. 

De manera que las tales sanciones o bloqueo son en realidad un pretexto del régimen de La Habana para culpar a EE. UU. por las penurias que sufre el pueblo cubano. La verdad es que si no hubiera las sanciones, que ya son más bien simbólicas, los comunistas no tendrían pretexto para seguir diciendo que por culpa de EE. UU. no han cumplido su objetivo de construir el paraíso en la tierra.  

O sea que si EE. UU. le pusiera fin al embargo limitado que todavía mantiene sobre Cuba la tiranía, que dura ya más de 66 dolorosos años, no tendría cómo ocultar el fracaso total del comunismo. Pero los gobernantes estadounidenses no lo suspenden por el extraño “honor político” de no dar el brazo a torcer ante el adversario.  

COMENTARIOS

  1. Hace 8 meses

    Cuba ha tenido relaciones comerciales con todo el mundo excepto los Estados Unidos. El embargo de este país no abarca al resto de naciones. Canadá y México han tenido relaciones comerciales con Cuba desde 1959. La propaganda de Castro acerca del embargo comercial es un mito que se lo metió a todo el mundo y que la izquierda internacional repite como zombies. Lo que pasa es que la izquierda no puede ni sabe administrar económicamente los países.

  2. Hace 8 meses

    La cita de la Chimoltrufia, “en cuanto digo una cosa digo otra”, resulta una metáfora perfecta para describir las contradicciones del discurso político en torno al antiimperialismo latinoamericano, particularmente en el caso cubano y su alianza con el chavismo venezolano. Bajo el manto de una supuesta independencia económica y moral frente a los Estados Unidos, el proyecto del ALBA pretendió erigirse como un bloque alternativo al modelo neoliberal impulsado por Washington. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa independencia proclamada reveló su verdadero rostro: una dependencia disfrazada, sostenida por subsidios petroleros, represión interna y un relato ideológico cada vez más hueco.

    Cuba y Venezuela quisieron reescribir la historia de las Américas proponiendo un eje “liberador” frente al “imperio”, pero lo hicieron reproduciendo los mismos mecanismos que decían combatir: centralismo, censura y manipulación política. Mientras el pueblo cubano sigue sometido a la escasez, la vigilancia y la falta de libertades básicas, sus líderes culpan de todos los males a un “bloqueo” que, en realidad, no les impide comerciar, sino les exige algo tan elemental como pagar lo que compran. Estados Unidos, pragmático y calculador, no prohíbe a Cuba adquirir alimentos o medicinas; lo que prohíbe es la deuda impaga y la hipocresía de quienes insultan con una mano y piden crédito con la otra.

    El verdadero bloqueo —como bien se señala— no es el económico, sino el moral y político: el cerco que la propia élite gobernante impone a su pueblo, impidiéndole pensar libremente, elegir a sus líderes, prosperar por mérito y no por lealtad. Ningún embargo extranjero puede ser tan cruel como el interno, el que asfixia la dignidad y la esperanza. Cuando un régimen le teme a la libertad más que al hambre, es porque sabe que su mayor enemigo no está en Washington, sino en la conciencia despierta de su propio pueblo.

    Si de verdad los dirigentes cubanos y sus herederos bolivarianos quisieran el bienestar de sus naciones, empezarían por levantar ese muro invisible que separa al ciudadano de su derecho a decidir. Solo entonces las “restricciones del imperio” dejarían de tener sentido, como ocurrió en Nicaragua en 1999, cuando las urnas hablaron sin miedo, em imperio levantó las restricciones económicas que habían contra la Revolución Popular Sandinista. La libertad, cuando es auténtica, no necesita subsidios ni discursos: se sostiene sola, como la verdad.

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