Un hombre camina por el costado sur del parque La Merced, donde una pinta xenofóbica permanece desde hace cuatro años sin que la municipalidad de San José la elimine. LA PRENSA / Óscar Navarrete

Entre rezos, crack y vigorones: así late el parque de Los Nicas

Su nombre oficial es Braulio Carrillo, pero se conoce también como La Merced por el templo del mismo nombre que está frente a él. Con el paso de las décadas, sin embargo, se ha popularizado como el parque de Los Nicas.

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La historia del parque Braulio Carrillo se remonta a 1820, cuando en el lugar existía una enorme casona construida de adobe y bajareque, conocida como el Mesón de Mora, habitada por familias de escasos recursos. En 1851, la zona marcaba el límite oeste de la capital y, hacia finales del siglo XIX, tanto el sector como el Mesón de Mora se habían convertido en un tugurio peligroso debido a la delincuencia. 

En 1905, el Congreso de la República de Costa Rica decidió transformar el sitio en un parque y bautizarlo con el nombre de Braulio Carrillo. Para 1908 ya estaba arborizado y contaba con un muro perimetral de ladrillo de 1.50 metros de altura. Está ubicado entre las avenidas 2 y 4, y las calles 12 y 14, en el centro de San José. A su alrededor se encuentran el Hospital San Juan de Dios y la iglesia de Nuestra Señora de La Merced. 

Hoy se le conoce como el parque de Los Nicas, nombre con el que los costarricenses lo rebautizaron como punto de encuentro de muchos nicaragüenses, aunque también se usa de forma despectiva para referirse a los nuevos inquilinos que llegan a diario y han convertido el lugar en una especie de mercadito. 

DOMINGO visitó este sitio para describir cómo es pasar un fin de semana en este antiguo parque, considerado un punto peligroso y hostil para quienes lo frecuentan. Los exiliados políticos evitan acercarse, pues es un secreto a voces que el lugar es utilizado por paramilitares transfronterizos del régimen para “mapear” a los nicaragüenses. 

Al llegar, varias personas —en su mayoría mujeres— se acercan con cautela. Muchos pueden interpretar ese gesto como un intento de asalto, pero en voz baja, casi en susurros, ofrecen medicinas de contrabando traídas desde Nicaragua. Al internarse en el parque, la sensación es la de estar en una sección del mercado Oriental: un ir y venir constante de gente, como un enjambre desordenado. 

Parejas se besan, vendedores ambulantes ofrecen quesillos, vigorón, rosquillas, cajetas y otros productos típicos nicaragüenses. Algunos simplemente pasan el rato revisando sus celulares. En las cuatro esquinas del parque, predicadores evangélicos gritan sermones con parlantes a todo volumen, mientras indigentes los escuchan distraídos, bajo los efectos del alcohol o de las piedras de crack. 

En el costado sur, varios indigentes duermen bajo la llovizna y el frío de 18 grados. Alrededor del parque está lleno de “encomenderos”, agencias que transportan paquetes entre Nicaragua y Costa Rica. También abundan pequeños restaurantes que ofrecen comida típica nicaragüense y dulces tradicionales. 

Así transcurre un fin de semana en el parque La Merced, o parque de los Nicas. Al finalizar nuestro recorrido, aparecieron dos oficiales de la Fuerza Pública que interceptaron a dos jóvenes nicaragüenses con pipas para fumar crack, con sus rostros y brazos cubiertos de tatuajes mal elaborados. Como en el pasado, las autoridades siguen considerando el sitio un lugar peligroso. En octubre de 2021, la Municipalidad de San José anunció un plan para demoler el centenario parque y construir en su lugar una plaza con parqueo subterráneo. 

Una pastora evangeliza a las personas que llegan al parque y a los transeúntes. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Vendedoras nicaragüenses ofrecen café negro, gaseosas y quesillos. La lluvia no impide que estas mujeres se ganen el sustento con dignidad. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Carol González quedó desempleada hace un año y para sobrevivir vende quesillos nicaragüenses dentro del parque La Merced. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Un aspecto del interior del parque, donde curiosamente no asisten niños y es frecuentado en su mayoría por adultos. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Los sábados y domingos son los días más concurridos en este parque, ubicado en el centro de San José, al que acuden numerosos nicaragüenses. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Un indigente de la tercera edad ingiere sus alimentos en medio de un festín de palomas, muy comunes en este lugar. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Además del contrabando y la venta de medicinas, dentro del parque se ofrecen alimentos tradicionales, calzado y ropa. Los vendedores siempre están atentos a la llegada de la Policía Municipal, que suele decomisar sus productos. LA PRENSA / Óscar Navarrete
En el costado este del parque, frente a la iglesia de La Merced, un grupo de mujeres ofrece nacatamales y medicinas traídas desde Nicaragua. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Una persona en condición de calle come sentada frente a una banca del templo La Merced. Esta iglesia nació unos años antes que el parque y hoy es utilizada por indigentes para dormir o hacer sus necesidades fisiológicas. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Una familia camina por el costado sur del parque de Los Nicas, donde una pinta en la pared les recuerda que no son bienvenidos. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Indigentes pernoctan en el costado sur del parque La Merced. LA PRENSA / Óscar Navarrete
La esquina este del parque, donde se ubican la iglesia de La Merced y la avenida 4, está rodeada de numerosas comiderías nicaragüenses. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Gisell Centeno tiene una soda donde vende rosquillas y dulces tradicionales de Nicaragua desde hace 10 años. LA PRENSA / Óscar Navarrete
El negocio de Gisell Centeno se encuentra a escasos metros al sur del parque La Merced. Aquí se pueden encontrar cajetas, rosquillas, rosquetes, churritos, pinolillo, tiste y hasta camisas de beisbol con la leyenda “Nicaragua”. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Toda la zona sur del parque está rodeada de oficinas de encomiendas y comiderías nicaragüenses, como la soda Arly, que ofrece desde tortillas con cuajada hasta sopa de mondongo. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Juan José Zamora se levanta todas las madrugadas a preparar la comida típica de Nicaragua junto con su esposa. Desde hace tres años ofrecen sus platillos en este lugar. Dice que los fines de semana son los mejores días, pues su negocio recibe gran cantidad de connacionales. LA PRENSA / Óscar Navarrete

La Prensa Domingo Costa Rica Nicaragua archivo

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