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La historia del parque Braulio Carrillo se remonta a 1820, cuando en el lugar existía una enorme casona construida de adobe y bajareque, conocida como el Mesón de Mora, habitada por familias de escasos recursos. En 1851, la zona marcaba el límite oeste de la capital y, hacia finales del siglo XIX, tanto el sector como el Mesón de Mora se habían convertido en un tugurio peligroso debido a la delincuencia.
En 1905, el Congreso de la República de Costa Rica decidió transformar el sitio en un parque y bautizarlo con el nombre de Braulio Carrillo. Para 1908 ya estaba arborizado y contaba con un muro perimetral de ladrillo de 1.50 metros de altura. Está ubicado entre las avenidas 2 y 4, y las calles 12 y 14, en el centro de San José. A su alrededor se encuentran el Hospital San Juan de Dios y la iglesia de Nuestra Señora de La Merced.
Hoy se le conoce como el parque de Los Nicas, nombre con el que los costarricenses lo rebautizaron como punto de encuentro de muchos nicaragüenses, aunque también se usa de forma despectiva para referirse a los nuevos inquilinos que llegan a diario y han convertido el lugar en una especie de mercadito.
DOMINGO visitó este sitio para describir cómo es pasar un fin de semana en este antiguo parque, considerado un punto peligroso y hostil para quienes lo frecuentan. Los exiliados políticos evitan acercarse, pues es un secreto a voces que el lugar es utilizado por paramilitares transfronterizos del régimen para “mapear” a los nicaragüenses.
Al llegar, varias personas —en su mayoría mujeres— se acercan con cautela. Muchos pueden interpretar ese gesto como un intento de asalto, pero en voz baja, casi en susurros, ofrecen medicinas de contrabando traídas desde Nicaragua. Al internarse en el parque, la sensación es la de estar en una sección del mercado Oriental: un ir y venir constante de gente, como un enjambre desordenado.
Parejas se besan, vendedores ambulantes ofrecen quesillos, vigorón, rosquillas, cajetas y otros productos típicos nicaragüenses. Algunos simplemente pasan el rato revisando sus celulares. En las cuatro esquinas del parque, predicadores evangélicos gritan sermones con parlantes a todo volumen, mientras indigentes los escuchan distraídos, bajo los efectos del alcohol o de las piedras de crack.
En el costado sur, varios indigentes duermen bajo la llovizna y el frío de 18 grados. Alrededor del parque está lleno de “encomenderos”, agencias que transportan paquetes entre Nicaragua y Costa Rica. También abundan pequeños restaurantes que ofrecen comida típica nicaragüense y dulces tradicionales.
Así transcurre un fin de semana en el parque La Merced, o parque de los Nicas. Al finalizar nuestro recorrido, aparecieron dos oficiales de la Fuerza Pública que interceptaron a dos jóvenes nicaragüenses con pipas para fumar crack, con sus rostros y brazos cubiertos de tatuajes mal elaborados. Como en el pasado, las autoridades siguen considerando el sitio un lugar peligroso. En octubre de 2021, la Municipalidad de San José anunció un plan para demoler el centenario parque y construir en su lugar una plaza con parqueo subterráneo.
















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