Este viernes 24 de octubre de 2025 la Organización de Naciones Unidas (ONU) ha cumplido 80 años de existencia, de éxitos y frustraciones, de luces y sombras.
Los cañones de la II Guerra Mundial todavía retumbaban y las bombas atómicas no habían caído sobre Japón con sus terroríficas consecuencias de mortandad humana y destrucción material, cuando los representantes de 50 Estados se reunieron en San Francisco, Estados Unidos, del 25 de abril al 26 de junio de 1945, en la llamada Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional.
Durante los siguientes dos meses los representantes de los Estados redactaron y firmaron la Carta de la ONU, creada con diversos propósitos, pero sobre todo el de evitar otra guerra mundial.
Entre los 50 Estados que originalmente adoptaron la Carta de la ONU, a los que pronto se sumó Polonia para ser 51, figuraba el de Nicaragua cuyo presidente era el dictador Anastasio Somoza García. Ahora son 193 los Estados de todos los tamaños y poder que forman parte de la principal y más grande organización intergubernamental e internacional.
80 años después de la fundación de la ONU se puede decir que esta ha cumplido su principal objetivo fundacional, o sea evitar otra guerra mundial. En realidad, en el tiempo transcurrido desde su fundación hubo alrededor de 100 guerras y conflictos armados en muchos países del mundo y en la actualidad hay 56 conflictos bélicos activos, locales y regionales. Pero no ha ocurrido otra guerra mundial, quizás por temor de los que pudieran desatarla al ilimitado poder de destrucción de las armas atómicas, por lo que los expertos aseguran que si las usan sería la última guerra de la historia humana.
Al valorar los 80 años de la ONU se puede advertir que se han cumplido las palabras de su tercer secretario general, Dag Hammarskjold. “La Organización de las Naciones Unidas —dijo el eminente político y diplomático sueco— no fue creada para llevar a la humanidad al cielo, lo fue para salvarla del infierno”. Y, ciertamente, hasta ahora el mundo no ha caído en el abismo infernal de la tercera guerra mundial.
Hoy, al llegar a su ochenta aniversario la ONU afronta una crisis existencial porque los intereses contradictorios y las pugnas hegemonistas de las grandes potencias le impiden cumplir sus principales funciones, en particular evitar las guerras o ponerles fin con rapidez.
También es muy grave la crisis financiera de la ONU, que le impiden cumplir muchas de las funciones que le corresponden si contara con fondos suficientes. Esta crisis se debe principalmente a que, según datos de la misma ONU, hasta el 30 de septiembre recién pasado, 57 Estados miembros adeudaban 1,870 millones de dólares por cuotas fijas y otras contribuciones para diversos programas que no han sido pagadas. Y Estados Unidos, el país más rico del mundo, es el principal deudor.
Se ve muy difícil, o prácticamente imposible, que la crisis de la ONU se pueda resolver satisfactoriamente. Pero entre tanto sigue cumpliendo más o menos bien las tareas que puede y como puede. Y, según dicen sus más fieles defensores, mirando hacia el futuro y haciendo su propia historia.
Para cerrar tenemos que reconocer que a lo largo de sus 80 años de existencia la ONU ha favorecido bastante al pueblo nicaragüense, con sus programas de asistencia social y humanitaria. Y en los últimos siete años y en medio de profunda crisis sociopolítica y de represión general y brutal de la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo, la ONU por medio de su Consejo de Derechos Humanos y otros organismos ha condenado y documentado los innumerables atropellos de la dictadura contra los nicaragüenses, incluyendo el señalamiento de probables crímenes de lesa humanidad.
Precisamente por eso la dictadura ha retirado a Nicaragua de varios organismos de la ONU, como el mismo Consejo de Derechos Humanos, la FAO, la OIT y la Unesco.