Del jueves 16 al domingo 19 de octubre corriente se realizó en Punta Cana, República Dominicana, la 81ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Como se sabe, la SIP agrupa a más de 1,300 periódicos y otros medios de comunicación de las Américas y es la más importante organización defensora de la libertad de prensa en el Hemisferio Occidental.
LA PRENSA pertenece a la SIP desde hace 75 años. Por eso la SIP se mantiene al tanto de la situación de este país donde casi siempre la libertad de prensa ha estado asediada, reprimida o, como ahora, liquidada completamente. De allí que en cada una de sus asambleas generales bianuales, la SIP aprueba una declaración o incluye en sus resoluciones el tema de Nicaragua.
La resolución de la SIP sobre Nicaragua aprobada en su 81ª Asamblea General denuncia que en el último período “la situación de la libertad de prensa estuvo marcada por una nueva ola de ataques, restricciones y hostigamiento contra periodistas y medios independientes en este periodo”. Y agrega que “el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo reforzó su estrategia de control informativo mediante campañas de estigmatización, agresiones digitales, cierre de espacios gremiales y restricciones migratorias. Estos hechos coincidieron con meses políticamente sensibles que antecedieron el 19 de julio, aniversario de la Revolución Sandinista”.
En realidad, la dictadura sandinista ha sido nefasta para la libertad de prensa en Nicaragua. Los sandinistas ortodoxos, y por tanto sectarios y radicales, por su ideología, matriz político y sentido del poder, siempre fueron enemigos de la libertad de prensa. Y ahora son peores.
La primera dictadura sandinista, de mediados de 1979 a principios de 1990, no abolió la libertad de prensa, pero sometió a los medios de información independientes a una censura rigurosa, que en el caso de LA PRENSA significó el control sobre lo que publicaba, pero también cierres frecuentes del periódico. Ahora, la dictadura sandinista derivada en totalitaria ha liquidado todos los derechos y las libertades de los nicaragüenses.
A propósito de lo que señala la Resolución de la 81ª Asamblea General de la SIP sobre Nicaragua, respecto al control de la información que ejerce la dictadura, cabe recordar que esto comenzó desde que Daniel Ortega y el FSLN recuperaron el poder, en enero de 2007, aprovechando las debilidades y divisiones en el sector político democrático que era ampliamente mayoritario.
Ese mismo día Daniel Ortega creó el Consejo de Comunicación y Ciudadanía a cargo de Rosario Murillo, que de inmediato comenzó a controlar las informaciones del Gobierno y el Estado y presionar a los medios y periodistas independientes. Aquello fue como un preanuncio del poder absoluto que la señora Murillo llegaría a acumular, hasta llegar a ser vicepresidenta de Nicaragua y la peor enemiga de la libertad de prensa en toda la historia nacional.
Finalmente, es importante mencionar que la 81ª Asamblea General de la SIP eligió como su nuevo presidente a Pierre Manigault, quien es el director del grupo de medios de Estados Unidos Evening Post Publishing. Manigault, en su discurso de aceptación, se refirió a las amenazas y los ataques que la prensa libre y los periodistas independientes sufren actualmente a lo largo y ancho del continente americano.
“Los desafíos a la libertad de prensa —dijo el nuevo presidente de la SIP— no son aislados; están interconectados a través de las fronteras… Nuestra respuesta colectiva debe ser reafirmar que la libertad de expresión es la piedra angular de la democracia, sea en Washington, La Habana, Caracas, Managua o San Salvador”.
Ciertamente, la libertad de expresión y de prensa es la piedra angular de la democracia donde esta existe, pero también lo es en la lucha para conquistarla donde no la hay, como es el caso de Nicaragua.