Bolivia a las puertas de su futuro

En la elección presidencial de este domingo 19 de octubre en Bolivia, cualquiera que sea el resultado ese país dejará atrás el régimen de izquierda que el mismo pueblo se autoimpuso electoralmente a fines de 2006.  

Con cualquiera de los dos candidatos que se alce con la victoria electoral, el conservador Jorge Tuto Quiroga o el socialcristiano Rodrigo Paz, Bolivia dará un viraje a la derecha democrática.  

De acuerdo con las últimas encuestas, el ganador de la rifa presidencial será Quiroga, con una pequeña ventaja sobre Paz, pero bien se conoce que las encuestas electorales muchas veces se equivocan. De todas maneras, en cualquiera de los dos casos ganará la democracia liberal, para bien de Bolivia, pero igualmente de toda América Latina y el Caribe por el impacto que estos fenómenos políticos irradian a otros países. 

El régimen de izquierda y el presidente saliente Luis Arce, que lidera una de las dos facciones del partido Movimiento al Socialismo (Mas), dejan a Bolivia con una enorme crisis económica y social, política y moral.  

En 2005 la izquierda y la propuesta socialista de gobierno ilusionaron a la mayoría de los bolivianos, que en las elecciones de diciembre de ese año eligieron con el 54 por ciento de los votos a Evo Morales. Lo ilusionaron y después lo embaucaron, como ha sucedido invariablemente en América Latina y el Caribe con el socialismo. 

El gobierno socialista de Bolivia fue favorecido por la coyuntura económica internacional de aquel momento, pues las principales exportaciones bolivianas (gas y minerales sólidos) alcanzaron los más altos precios de los últimos tiempos. De esa manera el régimen de Evo Morales socavó las libertades y las instituciones democráticas, pero pudo financiar programas de beneficio social y reducir los históricos niveles de pobreza de ese país suramericano. 

Morales y su partido se engolosinaron con el auge económico de aquellos días, sin percibir que se debía a causas externas. No se preocuparon por la diversificación productiva ni por la modernización institucional y tampoco hicieron las inversiones necesarias en educación y salud. En cambio, hubo exceso de gastos improductivos e innecesarios, y por supuesto mucha corrupción. Hicieron un festín con el dinero y demás recursos públicos, que los malgastaron sobre todo en subsidios, prebendas, propaganda política y beneficios personales.  

Pero luego llegó la resaca. Cuando bajaron los precios internacionales de las materias primas y la explotación del gas natural boliviano se redujo a la mitad por la ineficiencia y la corrupción administrativa; el país comenzó a hundirse en una crisis global e integral que no se ha detenido hasta ahora. Y los niveles de pobreza nacional volvieron a ser tan bajos o más que cuando Evo Morales y el partido Mas comenzaron la irresponsable aventura socialista.  

En resumen, con el cambio de gobierno que resultará de la elección presidencial de este 18 de octubre el cambio político democrático en Bolivia está asegurado. La libertad y la democracia serán restablecidas y fortalecidas. Se podrá renovar la institucionalidad democrática y reconstruir el Estado de derecho.  

Eso será bastante, sin duda, pero no suficiente. Las tareas que tendrá que cumplir el gobierno del candidato que gane la elección popular serán muchas, enormes y complejas. No solo por la grave crisis económica que agobia al país, sino también porque es probable que el nuevo gobierno tenga que lidiar con una oposición cimarrona, bastante minoritaria como lo demostraron las elecciones, pero revanchista y muy beligerante. 

Una oposición que podría (ojalá) no ser tan salvaje como la de los sandinistas orteguistas en Nicaragua, después que perdieron las elecciones de 1990, pero en cualquier caso agresiva y poco o nada dispuesta a colaborar en la reconstrucción del país que están dejando en la ruina. 

Cada uno de los candidatos, Rodrigo Paz y Tuto Quiroga, tienen sus respectivos planes para sacar al país de la grave crisis que hereda el socialismo. Son programas que coinciden en lo general y solo divergen en puntos específicos. De manera que después de las elecciones lo más sensato sería hacer una alianza y gobierno de reconstrucción y salvación nacional. 

En cualquier caso, le deseamos mucha suerte al que gane la elección, que sin duda la necesitará, así como también requerirá de un respaldo consistente de la comunidad democrática internacional.  

El fin del régimen socialista autoritario es un gran logro del pueblo boliviano. Pero no es suficiente y podría frustrarse si no se le acompaña con logros económicos y sociales tangibles, que beneficien realmente a la población. 

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí