Una explosión de júbilo sacudió a Israel, Palestina y a todo el mundo democrático y por lo tanto amante de la paz, este lunes 13 de octubre, por la liberación de los veinte israelíes rehenes de los terroristas de Hamás que quedaban con vida; y por la firma, inmediatamente después, en Egipto del acuerdo para la paz en Gaza propuesto por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Los jefes de Estado de Egipto, Turquía y Qatar firmaron junto con el presidente Trump los históricos acuerdos para la paz en Gaza, Palestina y el Medio Oriente en general. Sin embargo, no hubo representantes de Israel y Hamás que con su presencia avalaran la firma del acuerdo.
Exultantes por el acuerdo, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, lo calificaron como el más importante de los últimos cincuenta o cien años. Trump incluso aseguró que después de tres mil años la paz por fin llegó al Medio Oriente.
En realidad, aunque es muy importante ese acuerdo para la paz en Gaza al cabo de tres años de matanza humana y destrucción material y crisis humanitaria, apenas es el comienzo de un proceso que seguramente será largo y difícil. Solo si resulta exitoso podrá conducir realmente a la paz, la que dependerá de la correcta implementación de los pasos del acuerdo como el desarme y desmovilización de Hamás, la retirada del Ejército israelí de la Franja de Gaza, la gobernanza en ese territorio arrasado, la gigantesca tarea de la reconstrucción y la eficacia de las garantías internacionales, entre otros. Pero por encima de todo, que se avance efectivamente hacia la paz dependerá de que las dos partes respeten y cumplan cada una de ellas lo que les corresponde.
Dicen los expertos que hay dos clases de paz. Una es la “paz negativa” que consiste en la ausencia de guerras abiertas o violencia armada entre los Estados y las naciones. La otra es la “paz positiva”, que significa una existencia pacífica fundada en la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la libertad, la democracia y el Estado de derecho.
Obviamente, en el caso del plan de Trump para la Franja de Gaza se trata de una “paz negativa”, o sea el cese de la guerra de Israel contra Hamás con el interés de que esto no sea momentáneo, sino permanente. Pero solo eso sería por sí mismo algo histórico y trascendental.
No obstante los mismos expertos estiman que a pesar de la importancia del plan de paz de Trump, y del gran entusiasmo que con justa razón ha motivado, no es realista esperar que un conflicto como el del Medio Oriente que ha sido muy prolongado en el tiempo histórico y severamente inflamado por las pasiones extremas, nacionalistas y religiosas, termine fácilmente.
En todo caso, el plan de paz del presidente Trump que se ha comenzado a implementar con el cese del fuego, la liberación de los rehenes vivos y muertos, y la entrada de ayuda humanitaria de gran magnitud para la martirizada población civil de Gaza ofrece una gran oportunidad para que la tregua se convierta en algo estable y permanente.
Lo cual dependerá, como ya lo hemos dicho, de que se cumplan los procedimientos de desarme, que se adopte una solución aceptable de la gobernanza y que funcionen los mecanismos internacionales de garantías y verificación. Pero sobre todo, que palestinos e israelíes actúen de buena fe para que juntos puedan poner fin a la guerra por mucho tiempo, y ojalá que para siempre.