Hemos conocido un informe de mucha actualidad e interés, del Programa de estado de la Nación del Consejo Nacional de Rectores de Costa Rica. Este programa, se dice en la presentación del informe, es orientado “al conocimiento y deliberación sobre la situación actual, los desafíos y las oportunidades para impulsar el desarrollo humano sostenible en Centroamérica y República Dominicana”.
Por cierto que el informe es presentado con el epígrafe “Implicaciones de vivir en democracia”. Lo que a nuestro juicio debería ser también sobre las implicaciones de no vivir en democracia.
En realidad, si se habla de los países de la región de Centroamérica que para efectos del informe incluye a Panamá y República Dominicana, hay que reconocer que no en todos se vive en democracia. Más aún, en uno de ellos (Nicaragua) impera una tiranía salvaje de corte totalitario, mientras que en El Salvador hay un régimen calificado como autoritario electoral, Honduras tiene una democracia precaria y Guatemala un gobierno democrático decente, pero maniatado por el contubernio de la corrupción institucional con el autoritarismo.
De acuerdo con los estudios de organismos especializados, en la región centroamericana solo Costa Rica, Panamá y República Dominicana tienen democracias solventes, aunque no plenas. O sea que funcionan básicamente bien, pero sin alcanzar el grado de mayor calidad que tiene la democracia de Uruguay en América Latina.
El informe del Consejo de Rectores de Costa Rica reconoce que “durante los últimos años las democracias en el mundo han venido enfrentando fuertes y crecientes presiones. En algunos casos están relacionadas con el malestar y descontento de la población por la incapacidad de los sistemas políticos y los Estados de resolver sus problemas y atender sus necesidades y expectativas. En otros, sin embargo, son el resultado de liderazgos populistas que se han aprovechado de ese malestar para imponer prácticas autoritarias, concentrar el poder y generar retrocesos en la vigencia y tutela de libertades y derechos. La instrumentalización populista del malestar —agrega el informe— ha conducido a la autocratización de las democracias y la erosión de las conquistas democráticas de las últimas décadas en muchos países del mundo”.
Precisamente por eso es que el Consejo de Rectores de Costa Rica busca mediante el Programa Estado de la Nación “aportar información y análisis relevante para dimensionar la medida en que, en la actualidad, los países de la región se alinean con esas tendencias internacionales”.
Esto es muy importante, porque entre mejor comprensión de la situación real de sus países tengan los ciudadanos y los actores políticos democráticos, más capacidad podrán tener para enfrentar los retos de defender y mejorar la democracia allí donde existe; así como para fortalecer la lucha para conseguir la democracia donde esta no existe, como son los casos de Nicaragua, Venezuela y Cuba.
La democracia siempre y en todas partes se encuentra bajo amenaza. Al respecto se le atribuye a Thomas Jefferson la frase de que “el precio que se paga por la libertad (y por lo tanto por la democracia) es la eterna vigilancia”. Una idea en la que se basan algunos politólogos para advertir que “la democracia no sucumbe porque los autoritarios sean omnipotentes, sino porque sus defensores subestiman que su preservación demanda vigilancia perpetua, innovación institucional y coraje cívico”.
De manera que podemos decir que la principal implicación de vivir en democracia es defenderla y mejorarla de manera permanente.
Mientras que la implicación principal de vivir donde no hay democracia, o sea en dictaduras, es el deber de luchar por el cambio de régimen. Algo que se dice fácilmente, pero conseguirlo es sumamente difícil, como lo demuestra muy bien la experiencia de Nicaragua.