En los discursos de los jefes de Estado y Gobierno que participan en la 80ª Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), celebrada esta semana, en medio de la abundante retórica y demagogia política se han hecho algunos señalamientos crudos, pero realistas y ciertos.
El presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, dijo al referirse a las guerras que están en curso en el mundo que la ONU “se limita a escribir cartas muy duras a las que no da seguimiento. Son palabras vacías, y las palabras vacías no resuelven la guerra”, aseguró.
En realidad, la ONU fue creada en 1945 para impedir las guerras de agresión y de expansión territorial, y en todo caso para defender al país agredido. Pero como dijo el presidente Trump, lo único que ha hecho por Ucrania ha sido emitir declaraciones.
Por su parte, Volodímir Zelenski, el presidente de Ucrania que desde el 24 de febrero de 2022 sufre una sangrienta y devastadora guerra de agresión y expansión territorial de Rusia, expresó que “con instituciones débiles —como la ONU— las armas deciden quiénes sobreviven”. Y agregó que “el derecho internacional no sirve, si nadie poderoso está dispuesto a defenderlo.”
Más aún, Zelenski subrayó que «si una nación quiere la paz, tiene que trabajar con las armas. Es enfermizo, pero esa es la realidad. No es el derecho internacional, no es la cooperación, son las armas las que deciden quién sobrevive. Excelencias, ustedes saben bien que el derecho internacional no funciona completamente a menos que tenga amigos poderosos que estén realmente dispuestos a defenderlo. Incluso durante el derramamiento de sangre no hay una institución internacional que señale que realmente pueda detener las masacres. Así de débiles se han vuelto las instituciones».
Pero la ONU siempre ha sido así, desde que fue constituida hace 80 años. Los países democráticos que junto con la Unión Soviética comunista y totalitaria derrotaron a los países del eje nazi-fascista-militarista en la II Guerra Mundial pactaron con Stalin la creación de las Naciones Unidas y la aprobación de la Carta de la ONU que contiene un conjunto de principios y valores de libertad y democracia. Pero cualquiera podía entender en aquel entonces, si quería hacerlo, que el régimen comunista soviético no respetaría esos grandes preceptos que fueron inscritos en el histórico documento.
La única regla del pacto para la creación de la ONU que le interesaba a Stalin era la de que cada país tiene derecho a darse el régimen político que quiera, democrático o autoritario, inclusive totalitario. Porque en todo caso se trataba del derecho de los gobernantes, no de los pueblos.
Por eso mismo fue que a la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobada en 1948 no se le dio carácter vinculante, o sea de cumplimiento obligatorio. Su valor es declarativo y sus principios solo son respetados y cumplidos en los países donde esa es la voluntad de los gobernantes.
Lo más importante para los gobernantes de los países vencedores en la II Guerra Mundial, entre ellos y sobre todo la Unión Soviética, era repartirse el dominio y la influencia sobre los países vencidos. Y en eso los gobernantes democráticos no tuvieron escrúpulos en ponerse de acuerdo con su colega soviético totalitario. El que además se reservó el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, que es el único que tiene capacidad de tomar decisiones de ejecución obligatoria.
De manera que a pesar de la existencia de la ONU, desde que terminó la II Guerra Mundial hasta ahora, ha habido alrededor de 285 guerras y conflictos bélicos internacionales de distinta magnitud. Y si no ha ocurrido una tercera guerra mundial es porque ningún líder de las grandes potencias que tienen armas atómicas se ha atrevido a provocarla. Y si no lo han hecho es porque las bombas atómicas que EE. UU. arrojó contra Japón en 1945 demostraron que una guerra mundial con esa clase de armas causaría una destrucción y mortandad humana universal.
Pero en todo caso Trump y Zelenski tienen razón: sólo la fuerza militar y el apoyo más efectivo de Europa, la OTAN y EE. UU. a Ucrania podrá poner fin a la guerra de agresión de la Rusia imperialista de Vladímir Putin.