La periodista venezolana de PanAm Post, Oriana Rivas, señala en una publicación sobre el informe presentado esta semana en el Consejo de Derechos Humanos sobre la situación de Nicaragua, que la represión transnacional que practica la dictadura nicaragüense tiene copia del modelo de China comunista.
Es comprensible que así sea, pues la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo está arrimada a la sombra de China y tiene en la gran potencia comunista asiática su principal inspiración ideológica y su guía de acción política.
“Usar funcionarios encubiertos para vigilar a disidentes u opositores, así como emplear instituciones gubernamentales para monitorearlos en redes sociales, es un modus operandi que también es utilizado por el comunismo de Xi Jinping. Existen testimonios que lo comprueban”, escribe la periodista de PanAm Post.
Oriana Rivas observa que se trata de “una estrategia sistemática de represión que se extiende más allá de Nicaragua. Esa es la advertencia que hace un nuevo informe, presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, respecto a la manera en cómo la dictadura de Daniel Ortega espía a opositores o disidentes en el exilio. La violencia física, con ataques que llegan a asesinatos en suelo extranjero, así como ‘el uso indebido de las notificaciones rojas de Interpol’, son solo una parte de esta oscura red liderada por el régimen sandinista”.
Acerca del modelo chino de la represión transnacional de la dictadura de Nicaragua, cabe mencionar una investigación realizada en 2021 por la institución cívica de Estados Unidos (EE. UU.) Freedom House, la que reveló que “China lleva a cabo la campaña de represión transnacional más sofisticada, global y exhaustiva del mundo, con tres características distintivas”.
En primer lugar —precisó el informe de Freedom House— “la campaña se dirige a numerosos grupos, entre ellos múltiples minorías étnicas y religiosas, disidentes políticos, activistas de derechos humanos, periodistas y antiguos miembros del régimen acusados de corrupción. En segundo lugar, abarca todo el espectro de tácticas: desde ataques directos como las entregas extraordinarias, hasta la cooptación de otros países para detener y entregar a exiliados, pasando por controles de movilidad, hasta amenazas a distancia como las digitales, software espía y coerción por poderes. En tercer lugar, la magnitud y la escala global de la campaña no tienen parangón”. Llega hasta la eliminación física.
En otra parte del informe de Freedom House se precisa que “las formas más severas de represión transnacional directa por parte de agentes chinos —espionaje, ciberataques, amenazas y agresiones físicas— surgen principalmente del aparato militar y de seguridad nacional del PCCh (Partido Comunista de China): agencias como el Ministerio de Seguridad del Estado (MSS), Ministerio de Seguridad Pública (MPS) y el Ejército Popular de Liberación (EPL), aunque la división precisa del trabajo entre estas entidades suele ser confusa…” Y agrega que “hackers del Ejército Popular de Liberación (EPL) ejecutan campañas de espionaje desde China”.
Es fácil advertir que según el informe presentado esta semana al Consejo de Derechos Humanos de la ONU la represión transnacional de la dictadura sandinista de Nicaragua funciona de acuerdo con el modelo de la que practica el régimen comunista de China.
Es una muestra fehaciente de la hermandad ideológica, política y represiva de las dos dictaduras totalitarias, la comunista de Xi Jinping en China y la sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua.