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La Placita de Monimbó, en Masaya, no es “ni la sombra de lo que era antes” de que el municipio fuera tomado por la Policía de la dictadura Ortega-Murillo. La algarabía, el comercio, los bailes, la música, la libertad, dejaron de ser una realidad en ese lugar, que desde 2018 está bajo vigilancia policial y parapolicial permanente, confirman habitantes de Masaya.
El sitio, que antes era un punto central de reunión y comercio, donde los monimboseños ofrecían por montones comidas típicas tanto a visitantes nacionales como extranjeros, ahora luce desolado, incluso los fines de semana.
En las mesas y bancas con capacidad para más de ocho personas, en los fines de semana “buenos”, apenas se ven entre una y tres personas por banca, y muchas otras más lucen vacías.
Algunos de los visitantes consumen las comidas típicas —moronga, cabeza de chancho, vísceras de cerdo, frijolitos blancos fritos, tamales, queso y tortillas— que aún se ofertan en el lugar; otras sólo pasan el tiempo sentadas, algunas quizás esperando a que llegue el transporte público que también hace parada en esa zona.
Pocos puestos de venta de comidas típicas
Los pocos puestos de venta que sobreviven a la falta de clientes se ubican sobre mesas metálicas —junto a más de media docena de estas que permanecen vacías—, resguardadas bajo el techo de tejas del pequeño tiangue que el orteguismo levantó ahí a finales de julio de 2018, tras tomarse Masaya.

Al alzar el tiangue de esa plaza, al que el orteguismo llamó “Tiangue de Históricos de Monimbó”, la dictadura impuso la bandera del Frente Sandinista, desplomó paredes y borró todo rastro de las consignas que se plasmaron en ese espacio, donde decenas de monimboseños se atrincheraron para exigirle al dictador Daniel Ortega que dejara el poder.
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Sentarse para percibir la realidad desde una de las bancas de esa plaza —confirman los visitantes— es “triste” e “inseguro”. “Se ven pocos comerciantes, ninguno te ofrece una sonrisa. Si les preguntás el precio, sin hacer contacto visual, te dicen: 25 (córdobas) la ensalada de frutas; 40 (córdobas) los frijolitos blancos fritos; 40 (córdobas) la cabeza de chancho; 40 (córdobas) las vísceras de cerdo… e incluso se extrañan si ven a alguien interesado en hacerles conversación. El miedo en cada uno de ellos se percibe”, indicó un nacional que recientemente visitó la Placita de Monimbó.
Vigilancia permanente en la Placita de Monimbó
Las patrullas circulan constantemente por esa zona y se ven varias personas vestidas con ropa camuflada, similar a los uniformes del Ejército de Nicaragua, que pasan en motos sin placas.
“La sensación de desolación, tristeza e inseguridad, sumada a la tenue iluminación en la plaza, hace sentir vulnerable a cualquier visitante nacional o extranjero. No había música; el único rastro de marimba ahí es el monumento de alambre que se alzó en la plaza, y ya de noche la cantidad de comerciantes es mucho menor que en el día”, explicó.
Habitantes de Masaya, en entrevista con LA PRENSA, confirmaron que la Placita de Monimbó “no es ni la sombra de lo que era”. “Antes de 2018, hasta altas horas de la noche andaba la gente ahí comprando comida. Había varias vendedoras exhibiendo su gastronomía… pero después de 2018 el número de comerciantes ya a altas horas de la noche ha disminuido, sobre todo este año. Primero porque las ventas están malas, los asaltos han aumentado y las calles, a partir de las 8:00 o 9:00, parecen calles fantasmales”, indicó un habitante del barrio indígena de Monimbó.
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También señaló que las pocas comerciantes que siguen llegando para vender sus productos sobreviven a la falta de clientes y resisten a las presiones de un partido que las excluye por no militar ni imponer la bandera en sus puestos de venta.
“Muchas han sido asfixiadas por prestamistas usureros, porque algunas son excluidas de los programas del Gobierno y otras porque prefieren no meterse en nada del partido… eso las ha llevado a vivir una vida de comercio incómoda, difícil; no tienen las ventas como antes”, apuntó el monimboseño.
Sobre la vigilancia, explicó que además del patrullaje constante de la Policía, los monimboseños tienen identificada una casa, ubicada al costado este de la placita, desde donde aseguran que hay cámaras y “paramilitares” vigilando constantemente.
“Las mismas comerciantes sospechan que les mandan a civiles a vigilar… no tienen confianza de que sean sólo clientes los que llegan, porque hay gente que llega, se sienta en las bancas y no compra nada… Hay vigilancia permanente. Ellos quisieran ver que en los puestos de las mujeres estuvieran las banderas, pero ellas no lo hacen, prefieren mantenerse al margen, aunque estén asfixiadas por la falta de clientes», concluyó.